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Tarifas de electricidad: ¿Por qué América Latina debe modernizar su modelo?

Las tarifas eléctricas en América Latina requieren una actualización urgente para financiar la modernización de redes, según un informe de ADELAT que pide reconocer las inversiones en resiliencia y tecnología.

Las redes eléctricas de América Latina enfrentan un cambio de modelo y las tarifas serán una pieza clave para financiarlo. La Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica Latinoamericanas (ADELAT) presentó un estudio que advierte que los esquemas regulatorios vigentes deben evolucionar para acompañar la digitalización, la electrificación y la incorporación de nuevas tecnologías.

El informe, denominado “Tarifas para la transición: Remuneración y diseños tarifarios para la distribución eléctrica en América Latina”, analiza los sistemas de remuneración de la región y las experiencias internacionales que pueden servir como referencia. La principal conclusión es que la forma en que se remunera a las distribuidoras condiciona directamente su capacidad para invertir, modernizar las redes y mejorar su resiliencia.

Según el relevamiento, la mayoría de los países latinoamericanos continúa utilizando esquemas de Price Cap basados en el Valor Agregado de Distribución (VAD), aunque existen diferencias importantes en el reconocimiento de activos digitales, los incentivos por desempeño, las señales tarifarias y la actualización de los ingresos.

El problema es que buena parte de estas regulaciones fueron diseñadas hace más de tres décadas, cuando las redes eran esencialmente pasivas. Hoy deben responder a generación distribuida, vehículos eléctricos, almacenamiento, medición inteligente y consumidores capaces de modificar sus patrones de consumo.

La paradoja que puede castigar la inversión

Durante la presentación del estudio, Joaquín Lazo, especialista Técnico y Regulatorio de ADELAT, planteó uno de los principales problemas del esquema actual: quien invierte antes en digitalización o resiliencia puede terminar siendo penalizado, porque esas inversiones pueden reconocerse recién durante una futura revisión tarifaria.

La asociación considera que este mecanismo genera señales equivocadas: una empresa que anticipa inversiones puede no recuperar sus costos con la misma velocidad que otra que posterga la modernización.

Roberto Cajamarca, director de Gestión del Conocimiento y Estrategia de ADELAT, sostuvo que las nuevas regulaciones deberán reconocer los activos digitales y no convencionales con una lógica similar a la utilizada históricamente para las inversiones físicas.

El avance tecnológico también puede modificar la relación entre las tarifas y los usuarios.

Brasil experimenta con nuevas tarifas

Uno de los ejemplos analizados es Brasil, donde actualmente existen nueve proyectos regulatorios en ejecución bajo esquemas de sandboxes. Las experiencias incluyen tarifas horarias, tarifas dinámicas, respuesta de la demanda y sistemas de prepago. La idea es probar nuevas herramientas en entornos controlados antes de extenderlas a todo el mercado.

La lógica también comenzó a aplicarse en Argentina. Salta se convirtió en la primera provincia en institucionalizar un sandbox regulatorio y actualmente tiene dos proyectos piloto: uno orientado a la normalización de barrios populares y otro al fortalecimiento y la resiliencia de la red.

Para Miguel Ángel Giacinti, secretario de ADERE y director del EPREN de Río Negro, estos mecanismos permiten “aprender antes de generalizar” y 2026 podría ser un año importante para ampliar su utilización.

El consumidor también cambia

El avance tecnológico también puede modificar la relación entre las tarifas y los usuarios. Durante el encuentro, Leandro Caixeta Moreira, de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica de Brasil (ANEEL), explicó que el crecimiento de la generación renovable está aumentando la diferencia entre los momentos de mayor generación y los picos de demanda.

En ese escenario, la respuesta de los consumidores será cada vez menos una cuestión de hábitos y más una capacidad tecnológica. Con medición inteligente, electrodomésticos, vehículos y otros equipos podrían responder automáticamente a las señales de precio y desplazar el consumo hacia los horarios en los que exista mayor disponibilidad de energía.

Colombia suma incentivos por calidad

El caso colombiano también aparece como referencia. Jonatan Madiedo Ardila, de ESSA, explicó que su metodología contempla la recuperación del capital invertido, la rentabilidad, los costos de administración, operación y mantenimiento, y además incorpora incentivos positivos o negativos vinculados con la calidad del servicio y la reducción de pérdidas.

Para ADELAT, estas experiencias muestran que la transición energética no depende solamente de nuevas tecnologías o de más generación. También requiere reglas tarifarias capaces de atraer inversiones y premiar la eficiencia.

El desafío para América Latina será actualizar sus marcos regulatorios sin perder previsibilidad para las empresas ni trasladar de manera ineficiente los costos a los usuarios. La discusión, en definitiva, apunta a definir quién paga, quién invierte y cómo se remunera la transformación de unas redes eléctricas que serán cada vez más digitales, flexibles y demandantes de capital.