Energía en tensión: costos récord, industria en baja y una red que pide inversiones
Menor cobertura tarifaria y costos de generación en máximos históricos complican el escenario energético argentino, con la industria pyme mostrando un marcado retroceso y la red eléctrica exigida.
La ecuación energética queda atravesada por una paradoja: los sectores que más demandan energía —minería, grandes industrias y nuevos proyectos productivos— crecen, pero la infraestructura que debe acompañarlos todavía necesita inversiones millonarias.
Secretaría de EnergíaEl sistema eléctrico argentino enfrenta una combinación incómoda: costos de generación en niveles récord, menor cobertura tarifaria, restricciones en las redes de transmisión y un comportamiento dispar de la demanda industrial. El diagnóstico surge de un informe de la Fundación Torcuato Di Tella sobre la evolución reciente del sector energético.
El dato más contundente es el costo medio de generación que en junio trepó hasta US$189 por MWh, el valor más alto de la serie histórica analizada. Al mismo tiempo, la cobertura de esos costos cayó al 32%, el menor nivel desde enero de 2024.
La combinación amenaza con aumentar la necesidad de subsidios. Para junio, el informe estima una asistencia al sector eléctrico de aproximadamente US$1.200 millones y advierte que, si la tendencia continúa, el impacto podría trasladarse a las cuentas públicas y complicar las variables macroeconómicas.
El incremento de los costos estuvo relacionado, entre otros factores, con el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre el precio internacional de los combustibles y su posterior traslado al mercado argentino.
Una demanda que muestra dos realidades
El comportamiento del consumo eléctrico también revela diferencias dentro de la economía. Luego del crecimiento registrado desde marzo, la demanda total cayó 0,5% interanual en junio.
Pero el promedio oculta una marcada divergencia. Las grandes demandas del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), asociadas principalmente a grandes industrias, mantuvieron el crecimiento que vienen mostrando durante el año. En cambio, la demanda industrial abastecida por las distribuidoras —donde tienen fuerte presencia las pymes del conurbano y de las principales ciudades del interior— alcanzó en junio el nivel más bajo de los últimos tres años.
Para el informe, esta dinámica aporta elementos a la hipótesis de una economía que avanza a dos velocidades: mientras sectores ligados a energía, minería y agro sostienen su expansión, parte del entramado industrial y de las cadenas de valor agregado enfrenta mayores dificultades.
Renovables: el 20% sigue lejos
El otro frente de tensión aparece en las energías renovables. El sector no alcanzó el objetivo del 20% previsto por la Ley 27.191 para 2025. Actualmente, las fuentes renovables representan 18,3% de la capacidad instalada y 16,7% de la generación eléctrica, según el relevamiento.
La energía solar fotovoltaica mantiene una trayectoria ascendente, pero el crecimiento de la generación eólica muestra señales de desaceleración. A esto se suma un problema estructural: la capacidad de transporte eléctrico no crece al mismo ritmo que los nuevos proyectos. La saturación de las líneas de alta tensión limita la posibilidad de trasladar energía desde las zonas donde se genera hacia los principales centros de consumo.
En este contexto, las licitaciones para instalar sistemas de almacenamiento en nodos críticos tuvieron una respuesta significativa. Se adjudicaron proyectos destinados a reforzar zonas con restricciones de abastecimiento, entre ellos 12 MW en Formosa y alrededor de 150 MW en Chaco.
Las baterías pueden aportar flexibilidad al sistema y aliviar problemas puntuales, pero no solucionan el déficit estructural de transmisión. Por eso, la Secretaría de Energía mantiene en agenda un programa para sumar kilómetros de líneas de alta tensión y ampliar la capacidad de transformación y maniobra.
El proyecto más ambicioso es AMBA I, primera etapa de un programa de expansión de la red troncal que contempla una inversión estimada en US$6.600 millones mediante un esquema de concesión privada de obra por 30 años.
La iniciativa busca ejecutarse sin desembolsos directos del Estado y cuenta con una garantía del BID. La definición de los incentivos asociados al RIGI será clave para determinar el atractivo del proyecto para los inversores privados.
Minería: más demanda sobre una red exigida
La expansión de la minería agrega presión sobre el sistema. Los proyectos de litio y cobre en San Juan, Salta y Catamarca avanzan con inversiones de gran escala y requieren infraestructura energética para sostener su crecimiento.
En ese escenario, la autorización para avanzar con la infraestructura eléctrica vinculada al proyecto Josemaría, en San Juan, representa una señal relevante para el desarrollo minero y su eventual incorporación al RIGI. Argentina cuenta, además, con una cartera de 76 proyectos de cobre, mientras crece el interés por el uranio y las tierras raras.
El desafío será evitar que la expansión de estos sectores encuentre un cuello de botella en la disponibilidad de electricidad y en la capacidad de transporte.
Capital privado y nuevas inversiones
El informe también identifica señales positivas. La estabilización macroeconómica abrió la puerta para que empresas como Genneia e YPF Luz evalúen acceder a los mercados internacionales de capitales para financiar nuevos proyectos. Genneia, además, avanza con un parque solar de 300 MW en Catamarca.
A esto se suman nuevos beneficios fiscales para pymes a través del régimen RIMI y el debate por una nueva ley de biocombustibles que elevaría al 15% el corte obligatorio de bioetanol y biodiésel.
La ecuación energética argentina queda así atravesada por una paradoja: los sectores que más demandan energía —minería, grandes industrias y nuevos proyectos productivos— crecen, pero la infraestructura que debe acompañarlos todavía necesita inversiones millonarias.
Con un costo de generación que marcó un récord y una red que empieza a mostrar sus límites, el desafío será conseguir que la oferta, las renovables y el transporte eléctrico crezcan al mismo ritmo que las inversiones productivas, sin que el costo de esa expansión termine profundizando la presión sobre las cuentas públicas.

