La energía entró en una nueva era: ahora el negocio pasa por evitar los apagones

El sistema eléctrico argentino avanza hacia una etapa donde la generación barata ya no es suficiente.

La advertencia es que cualquier debilidad regulatoria termina elevando el riesgo de los proyectos.

La advertencia es que cualquier debilidad regulatoria termina elevando el riesgo de los proyectos.

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El sistema eléctrico argentino atraviesa un cambio de paradigma. Después de años en los que el debate estuvo centrado en las tarifas y el precio de la energía, el foco comienza a desplazarse hacia un aspecto menos visible, pero cada vez más determinante: garantizar que la electricidad esté disponible cuando realmente se la necesita.

Esa es la principal conclusión del último informe mensual elaborado por Aleph Energy, la consultora dirigida por el ingeniero Daniel Dreizzen, junto con la especialista Nadia Sager, que analiza la evolución del mercado eléctrico, las energías renovables y la transición energética durante junio.

Según el trabajo, la discusión dejó de girar exclusivamente alrededor del costo del megavatio hora (MWh) y pasó a poner en primer plano la potencia disponible, el almacenamiento con baterías, el respaldo térmico, el transporte de electricidad y la confiabilidad del sistema.

En otras palabras, el desafío ya no consiste solamente en producir más energía, sino en asegurar que esa energía llegue al lugar indicado y en el momento en que el sistema la necesita.

La señal que sorprendió al mercado

El dato que mejor refleja ese cambio fue el fuerte interés que despertó la licitación AlmaSADI, impulsada para incorporar sistemas de almacenamiento. El Gobierno buscaba contratar unos 700 MW, pero recibió 235 ofertas que, en conjunto, superaron los 8.300 MW de potencia.

Para Aleph Energy, esa respuesta demuestra que existe un fuerte interés inversor cuando aparecen contratos previsibles, reglas claras y mecanismos de remuneración que reconocen el valor de la disponibilidad de la energía.

La lectura, sin embargo, va más allá del éxito de una licitación. El informe sostiene que el mercado comenzó a entender que el negocio del futuro no estará únicamente en generar electricidad, sino en ofrecer capacidad de respuesta rápida para estabilizar una red cada vez más exigida por la incorporación de energías renovables.

El desafío ya no consiste solamente en producir más energía, sino en asegurar que esa energía llegue al lugar indicado.

El desafío ya no consiste solamente en producir más energía, sino en asegurar que esa energía llegue al lugar indicado.

La confiabilidad también vale dinero

El estudio sostiene que uno de los principales cambios del mercado es que la confiabilidad empieza a convertirse en un servicio con valor económico propio. Hasta hace pocos años, el respaldo del sistema era cubierto principalmente por CAMMESA mediante mecanismos administrativos. Ahora la tendencia apunta a que esa disponibilidad sea contratada y remunerada como cualquier otro producto del mercado eléctrico.

En ese contexto aparece el futuro esquema denominado Servicio de Reserva de Confiabilidad Adicional (SerCA), pensado para incorporar potencia de respaldo mediante baterías y centrales térmicas que puedan responder rápidamente cuando aumente la demanda o disminuya la generación renovable. Para los especialistas, el éxito de ese mecanismo dependerá de que se convierta en una política permanente y no en una licitación aislada.

Menos Estado, más contratos privados

El informe también identifica un cambio gradual en el funcionamiento del mercado energético. Según Aleph Energy, el Gobierno avanza hacia un esquema con mayor protagonismo del sector privado, donde los contratos entre empresas comienzan a reemplazar el rol que históricamente desempeñó el Estado como organizador y financiador del sistema.

Ese proceso también se observa en la comercialización del Gas Natural Licuado (GNL), donde parte del costo del abastecimiento invernal comenzó a trasladarse a distribuidoras, grandes usuarios y generadores eléctricos. La lógica es que cada actor asuma el costo real del combustible que consume, generando señales económicas más claras para futuras inversiones.

La infraestructura, el gran cuello de botella

A pesar de los avances, el informe advierte que la transición energética enfrenta un desafío mucho más complejo que modificar tarifas o cambiar reglas comerciales.

El principal obstáculo sigue siendo la infraestructura. Las redes de transporte eléctrico presentan crecientes niveles de congestión, mientras que la incorporación de nuevas centrales renovables exige inversiones paralelas en almacenamiento, líneas de alta tensión y sistemas de respaldo capaces de garantizar la estabilidad de la red.

Sin esas obras, advierten los especialistas, el crecimiento de la oferta energética podría chocar con limitaciones físicas que impidan aprovechar plenamente las inversiones. El informe también expresa preocupación por la situación institucional del sector tras la salida de autoridades del nuevo ente regulador unificado de gas y electricidad.

Para la consultora, la transformación del mercado requerirá organismos con capacidad técnica para diseñar reglas estables, resolver conflictos y brindar previsibilidad a los inversores.

La advertencia es que cualquier debilidad regulatoria termina elevando el riesgo de los proyectos y, en consecuencia, el costo del financiamiento para nuevas obras. La conclusión del trabajo es que la transición energética argentina ya dejó atrás la etapa del diagnóstico. Ahora comienza una fase mucho más exigente, donde el éxito dependerá de la capacidad para atraer inversiones en infraestructura, fortalecer la confiabilidad del sistema y consolidar un mercado con reglas estables.

El cambio de fondo, sostienen los especialistas, ya está en marcha: la energía seguirá siendo importante, pero el verdadero activo estratégico será garantizar que nunca falte cuando más se la necesita.

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