La capital del petróleo que tiembla: pozos abandonados, cerros que se mueven y el adiós de YPF
Comodoro Rivadavia cumplió 125 años con una emergencia geológica activa, la salida de la petrolera estatal y la pregunta sobre qué viene después de un siglo de dependencia del crudo.
A las 0:15 del domingo 18 de enero de 2026, los vecinos de los barrios Sismográfica y El Marquesado escucharon algo que no olvidarán. Primero fueron ruidos profundos, como explosiones contenidas. Después, vibraciones. Luego, el crujido de las paredes abriéndose. En cuestión de minutos, el cerro Hermitte —una elevación sedimentaria al oeste del casco urbano de Comodoro Rivadavia— comenzó a moverse hacia abajo, sobre las casas. El movimiento de suelo obligó a evacuar de urgencia a más de 90 familias. "Mi casa se abrió al medio", relató una vecina, al describir cómo una fisura atravesó su vivienda de punta a punta.
Lo que siguió fue una crisis en cascada. El colapso del Cerro Hermitte provocó el desalojo total del barrio Médanos, daños en cientos de viviendas y cortes simultáneos en el suministro de agua, gas y electricidad. El municipio declaró la emergencia. El Concejo Deliberante la ratificó por unanimidad en sesión extraordinaria. Semanas después, el cerro volvió a moverse. Trescientas personas seguían evacuadas y sin poder retirar sus pertenencias. La ciudad que ese mismo mes festejaba 125 años de fundación canceló los festejos.
No fue una catástrofe natural en el sentido clásico del término. Fue, más bien, la factura que una ciudad le pagó a su propia historia.
El petróleo que construyó la ciudad y modeló el suelo
Comodoro Rivadavia nació el 23 de febrero de 1901 por decreto del gobierno nacional, con el nombre del marino Martín Rivadavia, quien había explorado las costas del Golfo San Jorge en 1892. El objetivo inicial era modesto: dotar al sur argentino de un puerto que conectara la región con el resto del país. Seis años después, en 1907, una cuadrilla que perforaba en busca de agua encontró petróleo a 539 metros de profundidad. Ese accidente geológico cambió todo.
El descubrimiento transformó al pueblo en un centro energético de primer orden y posibilitó, en los años siguientes, la creación de YPF y de Gas del Estado. La empresa estatal construyó campamentos, hospitales, escuelas y viviendas para sus trabajadores en la zona norte de la ciudad, conformando una ciudad dentro de la ciudad que durante décadas operó con lógica propia y servicios propios, diferenciada del casco urbano original. En 1944, Comodoro se convirtió en capital de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, período de fuerte expansión urbana e industrial que duró hasta 1955. El boom desarrollista de 1958 duplicó la población y lanzó la construcción en altura.
En 1949 se inauguró un gasoducto que conectó Comodoro con Buenos Aires, considerado en su momento el más largo del mundo. La ciudad exportaba energía al país entero mientras sus barrios crecían sobre bardas arcillosas, cerros poco consolidados y, con el tiempo, sobre un subsuelo perforado miles de veces. Ese subsuelo es hoy parte del problema.
El suelo que la industria dejó
Hay más de 60 pozos petroleros abandonados dentro del ejido urbano de Comodoro Rivadavia, algo que contribuye a generar movimientos en el terreno. No son pozos lejanos ni invisibles: están debajo de barrios, de calles, de edificios. Fueron perforados con tecnologías antiguas, sellados de manera precaria o directamente abandonados cuando dejaron de ser rentables. Con el tiempo, la ciudad creció sobre ellos sin que nadie resolviera el problema de fondo.
El cerro Hermitte agrega otra capa al riesgo. Un estudio del SEGEMAR realizado en 2002 ya advertía que el barrio Médanos se extendía sobre materiales removidos naturalmente, con gran cantidad de espacios abiertos subterráneos. El informe señalaba que esto "seguramente originaría hundimientos del terreno una vez que el mismo fuera sometido a intensa urbanización, causando roturas en viviendas, ductos y afectando todo el tendido de la red de servicios". El informe tenía 24 años cuando el cerro colapsó. Nadie lo había aplicado.
Los geólogos que trabajaron en la emergencia explicaron que la infiltración de agua es un elemento que quita estabilidad al tipo de suelo arcilloso del cerro: las fugas de cañerías y los pozos sépticos actúan con el tiempo como lubricante de las capas profundas, facilitando que la tierra se deslice. En una ciudad donde la infraestructura de agua y cloacas tiene décadas de antigüedad y donde el suelo fue perforado sistemáticamente durante más de un siglo, esa combinación es una amenaza permanente.
La emergencia del Cerro Hermitte no fue la primera. Comodoro tiene un historial de deslizamientos, aludes e inundaciones que se repite con una regularidad que ya no sorprende a sus habitantes pero que cada vez exige respuestas más costosas y más urgentes.
El adiós de YPF y lo que se viene
Mientras la ciudad gestionaba la crisis geológica, otra noticia sacudía a la comunidad petrolera local. YPF, la empresa que construyó literalmente la mitad de la ciudad, completó su salida de la Cuenca del Golfo San Jorge con la venta de Manantiales Behr, el último yacimiento significativo que operaba en la región.
Manantiales Behr representa el quinto campo más productivo de Argentina, con una producción diaria de 25.000 barriles de crudo y un avanzado desarrollo en recuperación terciaria mediante el uso de polímeros. No es un campo menor ni agotado. Pero en la nueva estrategia de YPF —concentrada en el no convencional de Vaca Muerta— los yacimientos convencionales de la cuenca del Golfo San Jorge dejaron de encajar. La venta, que finalmente se concretó con Pecom Servicios Energía (51%) y su afiliada San Benito Upstream (49%) por 410 millones de dólares más un precio contingente de hasta 40 millones adicionales, marca el cese de la operación directa de YPF en Comodoro Rivadavia tras más de un siglo de presencia.
Las consecuencias laborales ya se sienten. La salida de YPF, sumada a la desvinculación de trabajadores por parte de otras empresas —entre ellas Halliburton, que despidió sin previo aviso a 290 operarios de su base local— generó alarma entre los gremios y puso en cuestión el nivel de empleo de una ciudad que históricamente tuvo una de las tasas de desocupación más bajas del país.
Una identidad construida sobre el crudo
Lo que hace diferente a Comodoro de otras ciudades petroleras es la profundidad con que el petróleo penetró en su cultura. No es solo una fuente de trabajo: es una forma de entender el mundo, de medir el tiempo, de narrar la historia colectiva. Los ciclos de bonanza y crisis de la industria son los ciclos de la ciudad. Cuando sube el precio del barril, Comodoro crece. Cuando cae, se contrae. Esa dependencia tiene un costo que la emergencia del Cerro Hermitte volvió a poner en evidencia: una ciudad construida sobre la lógica extractiva tiende a postergar todo lo que no sea producir.
En el corazón de la zona norte, frente al mar, se alza todavía el Chalet Huergo, edificio que supo ser sede de la gerencia de YPF y que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2019. Pero ni esa distinción frenó su deterioro. Un incendio en 2010 dañó dos pisos y desde entonces la recuperación fue parcial. Es otra metáfora que la ciudad ofrece sin proponérselo: el patrimonio de un siglo de petróleo, abandonado a medias, esperando una decisión que no termina de llegar.
Lo que Comodoro puede ser después del crudo
La Cuenca del Golfo San Jorge no está agotada. Los yacimientos son maduros pero siguen produciendo, y la incorporación de nuevas técnicas de recuperación terciaria —como la inyección de polímeros que ya se aplica en Manantiales Behr— puede extender su vida útil por décadas. El cambio de manos no implica necesariamente declive: operadores más pequeños y especializados en campos convencionales maduros pueden ser más eficientes que una empresa de la escala de YPF orientada al shale.
Pero Comodoro también mira hacia otros horizontes. YPF anunció un polo para el desarrollo del uranio en Chubut, lo que volvió a poner a la ciudad en el centro del debate energético nacional. El hidrógeno verde, que la Patagonia tiene condiciones geográficas y de viento para producir en escala, es otra apuesta que el gobierno provincial viene impulsando con distinta intensidad según el ciclo político. Y el puerto, que durante más de un siglo exportó crudo, tiene capacidad para reconvertirse en nodo logístico de una matriz energética más diversa.
El problema no es la falta de opciones. Es la velocidad a la que el presente exige respuestas mientras el suelo, literalmente, se mueve bajo los pies. Comodoro Rivadavia lleva 125 años construyendo su historia sobre el petróleo. Lo que venga después depende de si puede construir algo sobre esa historia sin que el peso la termine hundiendo.



