El petróleo se derrumba por la paz en Medio Oriente: cómo repercute en el precio de la nafta y en Vaca Muerta
El Brent cayó más del 4% tras el anuncio del acuerdo entre Estados Unidos e Irán y el alivio en el estrecho de Ormuz, pero el surtidor local no se moverá en el corto plazo.
Vaca Muerta y el petróleo siguen acumulando récords de producción.
ShutterstockEl mundo energético amaneció este martes con una novedad que los mercados venían descontando desde el domingo: el precio del petróleo Brent, referencia en Europa, cayó por debajo de los US$ 83 por barril, mínimos de tres meses, gracias a los avances del acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz. El WTI, la referencia estadounidense, caía un 0,3%, hasta rondar los US$ 80,5 por barril. Pocas semanas antes, el Brent había tocado picos de US$ 126.
La reacción no es difícil de explicar. El estrecho de Ormuz es una vía por la cual transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas mundial, y había permanecido bloqueado desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero pasado. Que ese corredor vuelva a la normalidad —aunque sea de manera progresiva— es una señal de alivio suficiente para empujar los precios a la baja con velocidad.
Lo que resta por ver es cuánto dura ese alivio, y qué implica para la Argentina en dos frentes bien distintos: el precio que pagan que se paga en las estaciones de servicio y el futuro de las inversiones en Vaca Muerta.
El pacto firmado es un memorando de entendimiento que amplía el alto el fuego vigente desde abril y establece un período de 60 días para negociar los términos definitivos. El anuncio fue celebrado por Trump con la teatralidad habitual —"¡Que fluya el petróleo!", escribió en redes sociales—, pero los detalles del texto dejan margen para la cautela.
Irán incorporó al texto, en la etapa final de las negociaciones, una cláusula vinculada al cobro de tarifas por el uso del estrecho de Ormuz, invocando el concepto de "servicios marítimos" para reforzar el reconocimiento de la soberanía iraní y omaní sobre el paso. Una disposición que no pasó inadvertida: el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que hará "todo lo posible" para evitar que se impongan peajes en una vía considerada esencial para el comercio energético global.
Varios aspectos permanecen abiertos: los mecanismos de verificación de los compromisos nucleares iraníes, el alcance del alivio de sanciones, las garantías de seguridad para la navegación en Ormuz y la implementación efectiva del alto el fuego en todos los frentes. El texto incluye el cese de las hostilidades también en territorio libanés, pero Israel se resiste a detener completamente sus operaciones militares en el sur del país y en Beirut, lo que genera dudas sobre la implementación efectiva del acuerdo.
Dicho de otro modo: el mercado festejó la noticia, pero el petróleo tiene memoria y sabe que los acuerdos de este tipo pueden disolverse tan rápido como se anuncian.
Los tiempos de los surtidores
Para la paciencia de los argentinos, la pregunta es directa: ¿cuándo baja la nafta? La respuesta es incómoda: no pronto.
Desde el comienzo del conflicto, el valor de la nafta en la Argentina acumuló un alza del 24,3% en dólares, lo que ubicó al país a la cabeza de los exportadores de petróleo de América Latina en materia de aumentos. Según datos del Instituto Argentina Grande (IAG) citados por Infobae, Ecuador registró una suba de 14,7%, México del 10,7%, Brasil del 4,9% y Colombia del 1,9%.
El mecanismo que explica ese comportamiento es, paradójicamente, el mismo que hasta ahora había protegido al consumidor de los picos más altos del conflicto. Desde el 1 de abril rige en Argentina lo que YPF llamó un "buffer" o amortiguador de precios: un esquema que toma como referencia para las transacciones internas el valor del crudo correspondiente a marzo —cercano a los US$ 70 por barril—, mientras que la cotización internacional del Brent escaló hasta US$ 126 en los picos del conflicto. El mecanismo fue prorrogado y replicado por el resto de las petroleras.
Junio 2026 arrancó sin aumentos en la nafta ni en el gasoil: el Decreto 405/2026 prorrogó el diferimiento impositivo hasta el 1° de julio, e YPF extendió su mecanismo de buffer hasta el 15 de junio. Con ese paraguas vencido y el Brent todavía por encima de la referencia de marzo, el mercado local deberá absorber la diferencia acumulada antes de que la baja internacional se traslade al surtidor. Los precios en surtidor seguirán altos por al menos dos meses, aun cuando el crudo siga bajando.
Vaca Muerta entre dos umbrales
El escenario más complejo es el de largo plazo para la formación neuquina. Vaca Muerta cerró 2025 con récords productivos: la cuenca neuquina explica ya cerca del 70% de la producción nacional de petróleo y gas, y la Argentina cerró 2025 con los mayores volúmenes de las últimas décadas. Pero esa expansión fue financiada, en parte, por el ciclo de precios altos que impulsó el conflicto en Medio Oriente.
La pregunta que recorre los despachos del sector es dónde termina cayendo el Brent. Y la respuesta tiene dos umbrales que funcionan como semáforo para los inversores.
"Para las inversiones en Vaca Muerta, un petróleo de US$ 80 por barril sigue siendo muy competitivo. Un precio de US$ 65 ya se acerca demasiado al breakeven o punto de equilibrio para desarrollar nuevos proyectos", explicó Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy. Hoy el Brent cotiza en torno a los US$ 83, apenas por encima del umbral de confort. Si la normalización de Ormuz acelera la caída y el crudo se aproxima a los valores previos a la guerra —que rondaban los US$ 65—, el mapa de inversiones se complica.
El pozo tipo de petróleo en Vaca Muerta produce casi 500 mil barriles en sus primeros tres años, con un breakeven de US$ 52 por barril de Brent, ubicándose entre los más competitivos del mundo para el shale. Eso da un colchón. Pero no todos los proyectos en cartera responden a ese perfil de eficiencia: los desarrollos más nuevos, con mayor intensidad de capital y menor madurez operativa, son los que primero sienten la presión cuando el precio retrocede.
El GNL, en la balanza
El otro frente de exposición es el del gas natural licuado, donde Argentina tiene apuestas de largo plazo que todavía no terminaron de cuajar institucionalmente.
La estrategia argentina para el GNL se divide en fases. Bajo el liderazgo de un consorcio integrado por PAE, Golar LNG, YPF, Pampa Energía y Harbour Energy, se prevé la instalación de unidades de licuefacción flotante en el Golfo San Matías, con puesta en marcha proyectada para fines de 2027 y una capacidad combinada de 6 millones de toneladas por año para 2028. La etapa siguiente, liderada por YPF, Eni y XRG, apunta a 12 millones de toneladas para 2030 y una capacidad total de 25 millones de toneladas, lo que posicionaría a la Argentina como proveedora de cerca del 4% del mercado mundial de GNL.
Ese horizonte supone precios internacionales del gas suficientemente elevados para justificar la infraestructura. Las inversiones de GNL se verían seriamente comprometidas si el precio volviera a valores por debajo de 10 US$/mmbtu, según el análisis de Dreizzen. La reapertura de Ormuz y la normalización del flujo de GNL desde el golfo Pérsico son precisamente los factores que pueden presionar ese precio a la baja en los próximos meses.
Un cuello de botella adicional está en la infraestructura doméstica. En petróleo, el avance del Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) será determinante: el oleoducto permitirá evacuar crudo desde Neuquén hasta Río Negro y sumar capacidad exportadora a partir de 2027. En gas, el panorama es más ajustado: con el sistema de transporte prácticamente saturado tras las ampliaciones del Gasoducto Perito Moreno, el margen para aumentar producción en 2026 será acotado.
Qué queda para adelante
El escenario que se abre esta semana no es de colapso ni de bonanza: es de ajuste. El mercado global está procesando una señal de alivio geopolítico real, pero con muchos asteriscos. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán tiene 60 días para volverse permanente, una cláusula de peajes en Ormuz que varios países ya cuestionan, y un Israel que no terminó de bajar las armas en el Líbano.
Para la Argentina, ese proceso de ajuste tiene tres velocidades distintas: el surtidor tardará meses en reflejar la baja internacional; las inversiones en shale oil en Vaca Muerta aguantan mientras el Brent no perfore los US$ 65; y los grandes proyectos de GNL, que todavía no han tomado decisión final de inversión en varios casos, miran con mayor preocupación cada punto que cede el precio del gas.
La balanza comercial energética fue superavitaria en US$ 7.800 millones en 2025, récord histórico. Defender ese número en un escenario de precios más bajos es el desafío inmediato para un sector que, paradójicamente, necesita que la paz en Medio Oriente sea buena para el mundo pero no demasiado rápida para las cuentas argentinas.



