La inversión del siglo: cómo es Vicuña, la mina de cobre que borrará la frontera entre Chile y Argentina
Vicuña será la mina de cobre más grande de Argentina y una de las más importantes del mundo. Las empresas Lundin y BHP se asociaron para potenciarlo. Se une a proyectos gemelos en Chile y se aplicará un protocolo que "borra fronteras". La inversión para 2026 y los desafíos que vienen.
El campamento original, que será trasladado por completo.
En esa zona inhóspita de la cordillera donde la vida parece imposible, en el extremo noreste de San Juan, se proyecta fundar una ciudad minera que podría tener vida por más de 50 años para explotar cobre. Esa ciudad tendrá reglas especiales y los límites internacionales serán relativos: en Vicuña, el pueblo que será fundado a 5 mil metros sobre el nivel del mar, el pasaporte no será necesario para moverse entre Chile y Argentina: a través del tratado binacional que está vigente y esperan se prorrogue tras 2030, las personas y bienes podrán circular sin las restricciones que suponen una zona limítrofe. La geología no respeta fronteras y la política se encargó de adaptarse para aprovechar esos recursos. Convivir con esa lógica, que implica recursos humanos, físicos y tecnología compartida, es uno de los grandes desafíos del proyecto.
Vicuña será la mina de cobre más grande de Argentina y una de las más importantes del mundo. Está a casi 450 kilómetros de la Ciudad de San Juan, en una zona que tiene paisajes que quitan el aliento; por lo hermoso y por la falta de oxígeno, pues roza los 5 mil metros sobre el nivel del mar. La empresa canadiense Lundin lideró el proceso y hace un año se sumó el gigante australiano BHP. Los datos sorprenden en esa industria, pues los trabajos de exploración avanzada que se realizan siguen estirando las proyecciones de reservas y posible producción. Serán varias generaciones las que convivan con ese proyecto, si se cumplen los planes.
El mega proyecto surge de la unión de Josemaría y Filo del Sol, dos yacimientos vecinos, y tiene otra ventaja: del otro lado de la frontera la misma empresa tiene proyectos y minas abiertas, como Caserones, y todo apunta a que será un bloque de producción de cobre a altísima escala que se extraerá en la alta cordillera y saldrá por el Pacífico. Nuevamente, Vicuña será un territorio binacional. El Tratado fue firmado en 1997 y entró en vigencia efectiva en 2000. Con ese acuerdo como marco, se firman protocolos específicos para exploración o explotación minera.
En el caso de Vicuña, está vigente para la primera etapa y se descuenta que habrá continuidad para la producción de cobre. “Los vehículos, maquinarias, bienes y en general todo tipo de mercancías nacionales o nacionalizadas de una u otra Parte que ingresen al Área de Operaciones tendrán libre circulación y uso dentro de ésta, aplicándose en todo el artículo 7 del Tratado. Dicho ingreso y circulación en el Área de Operaciones no constituirá importación, exportación, ni admisión o salida temporal, según proceda, y por tanto no estarán afectas al pago de los derechos, impuestos, gravámenes y recargos de orden aduanero o tributario que pudieran afectar la destinación aduanera respectiva, siempre y cuando ese ingreso y salida se efectúe por el mismo territorio”, dice el artículo 10 del Protocolo específico firmado en 2020 para Vicuña.
La inversión podría ser la más alta de la historia para esa industria: superaría los 15 mil millones de dólares para construir y entrar en producción, aunque la empresa aún no presenta el informe integrado de inversión, producción y el “sincretismo” entre Josemaría y Filo del Sol. Sí confirmaron que se aceleran las inversiones y en 2026 los aportes rondarían los 800 millones de dólares para explorar y avanzar en la preconstrucción. La sociedad, que está conformada en partes iguales entre Lundin y BHP, se presentó para acceder a los beneficios del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones en la categoría de Proyectos de Exportación Estratégica de Largo Plazo. Ese régimen incluye estabilidad fiscal que excede a lo ya otorgado en la ley de Inversiones Mineras. Además se suman reducción de las tasas del impuesto a las ganancias y de retenciones, exención de derechos de importación, un régimen mejorado de IVA, estabilidad por 40 años desde el inicio de operaciones y acceso a arbitraje internacional en caso de disputas.
Los números se salen de rango y sería el epicentro de la “era del cobre” que se prevé se inicie en Argentina. Existe la tentación de comparar lo que ocurrirá en la cordillera con el impacto de “Vaca Muerta” en el petróleo. Pero son industrias distintas, sobre todo por la complejidad de la minería y la extensión temporal que se necesita para comenzar a producir.
Sin fronteras
El aire es liviano y cuando el viento pega en la cara corta la respiración. Falta oxígeno y también faltan ojos para ver el horizonte infinito en Vicuña. Para llegar hay que hacer una travesía compleja. Es una osadía. El inicio del camino es la ruta 40, la misma que atraviesa Argentina de norte a sur, se hace base en el pintoresco pueblo riojano de Guandacol y luego de tomar coraje, hay que iniciar la trepada por la cordillera en un camino que el cuerpo recordará por mucho tiempo. Se viaja en camionetas todo terreno o pequeños buses que trepan como cabras.
Vicuña no tiene acceso desde San Juan, porque no existe conexión vial por el oeste que una a Iglesia, donde están los recursos, con el resto de la provincia. El aislamiento excede incluso a la minería. Por eso el desafío logístico de Vicuña es enorme. Uno de los primeros pasos es construir un camino de 200 kilómetros para, por fin, tener sendero propio. Se llamará “Corredor Norte” y, como todo en Vicuña, es de enormes dimensiones para permitir transporte de gran porte. Ese camino será clave y en los planes originales también estaba previsto que sea la vía de salida del mineral. El plan era acopiar el concentrado de cobre, trasladarlo en camión hasta Albardón y desde allí en tren hasta el puerto de Rosario para ser exportado. Todo apunta a que Vicuña mirará al oeste para que el cobre salga por el Pacífico. El recorrido entre la mina y los puertos de Chile sería mucho más corto y el tratado lo permite.
No es el único cambio que involucra a ambos países. Vicuña necesita un volumen de recursos enormes para la explotación. La electricidad vendrá de la línea de extra alta tensión que requiere conexión. El agua, recurso crítico, es otro desafío. Desde hace varios años trabajan expertos para aprovechar el agua subterránea, que sería la fuente inicial para el proceso de flotación. Pero en el horizonte cercano la intención es traer agua desalinizada también dese el océano Pacífico. Parece una idea de ciencia ficción bombear agua desde el mar a la alta cordillera. Pero ya ocurre. Chile lo hace y está en pleno proceso de construcción un acueducto de casi 200 kilómetros que llevará agua desalinizada a Chiquicamanta y otras minas. Entra en juego un actor relevante de la industria que ha sido noticia en los últimos días. Esa planta la construye la empresa argentina Techint. El propio Paolo Roca la visitó y explicó que la experiencia de la planta que se inicia en Tocopilla y termina en la cordillera es un paso para llevar agua a las minas argentinas que están en desarrollo.
La dinámica de la empresa para contratar servicios y ejecutar planes de manera indistinta en ambos países genera tensiones, sobre todo en San Juan. El temor es que se vuelque la generación de valor hacia Chile, que tiene más experiencia y recursos por la extensa trayectoria en minería. Allegados al proyecto y al Gobierno de San Juan explican que la escala de Vicuña y los otros proyectos de cobre exceden esas limitaciones. Incluso, aseguran, habrá problemas con la mano de obra y prestación de servicios cuando se superponga la construcción y operación de los proyectos de la era del cobre como Vicuña, Los Azules y Pachón. Hay empresas de San Juan, de Mendoza, de Salta, de Chile, de Canadá y también de Estados Unidos. La ingeniería a gran escala está a cargo de Fluor Corporation.
Si se cumplen los comentarios que por ahora son informales pero podrían hacerse oficiales en las próximas semanas, Vicuña será un proyecto intergeneracional. Incluso se especula conque supere los 50 o 70 años de producción porque se suman recursos a medida que avanza la exploración.
Vicuña incluye por ahora a Josemaría y Filo del Sol, pero se sumarían LunaHuasi, Cumbre Verdedel lado argentino y Los Helados en Chile. Cruzando la cercana frontera y a solo 20 kilómetros de Vicuña está la mina Caserones, que también es de Lundin.
El proceso de explotación se haría a través del método de flotación. De la montaña se extraen grandes volúmenes de material y en una mega planta de procesos se convertirá la roca en polvo para luego procesarla y extraer un lodo que, en realidad, es el material rico. De un porcentaje mínimo se llega a casi un 30% de minerales valiosos que se exporta como concentrado para ser refinado en el exterior. Josemaría tenía previsto producir 590.000 toneladas de concentrado de cobre por año, que contendrán 131.000 toneladas de cobre metálico, 224.000 onzas de oro y 1.048.000 onzas de plata. Con Filo del Sol, el "paquete" Vicuña multiplica esa ecuación: el distrito tiene 13 millones de toneladas de cobre, aunque podría llegar a 25 y 32 millones de onzas de oro.
Desde aquellas primeras expediciones a "lomo de mula" y con un sacerdote del Opus Dei como compañero circunstancial, hasta la ciudad minera que se proyecta tras los descubrimientos hay un enorme camino recorrido y por andar que incluye inversión, adaptación, desafíos de ingeniería y también políticos para que Vicuña, la ciudad minera que trascenderá la frontera entre Chile y Argentina, sea una realidad.
