El cobre argentino podría ser "la nueva Vaca Muerta minera", según un informe internacional
La prestigiosa consultora Bain & Company proyecta hasta 1,8 millones de toneladas anuales, pero advierte que faltan 1.500 km de líneas eléctricas y una cadena de proveedores que hoy no existe.
La producción de cobre podría cuadruplicarse en los próximos años.
SHUTTERSTOCKLa comparación ya empezó a repetirse en distintos foros del sector, y esta semana llegó con el sello de una de las consultoras más influyentes del mundo corporativo: la Argentina tiene, en el cobre, una oportunidad del mismo tamaño que la que tuvo con el gas no convencional de Vaca Muerta. La diferencia es que esta vez arranca con la ventaja de saber, de antemano, todo lo que puede salir mal si la infraestructura no acompaña.
Un análisis de Bain & Company sostiene que la cartera de proyectos cupríferos del país -con Vicuña (Josemaría y Filo del Sol), Los Azules, Taca Taca y MARA como protagonistas- tiene capacidad para aportar entre 1,6 y 1,8 millones de toneladas anuales de cobre fino. Es un volumen que, de concretarse, posicionaría a la Argentina como uno de los nuevos polos mundiales de producción del metal, justo cuando la transición energética global -electrificación, vehículos eléctricos, redes, inteligencia artificial- empuja al mundo hacia un escenario de déficit de oferta para la próxima década.
El informe no se queda en el optimismo: cuantifica, con bastante precisión, lo que le falta al país para que esa cartera de proyectos se convierta en producción real. Y la lista de pendientes es larga.
La cuenta de infraestructura que todavía no está hecha
El primer cuello de botella que identifica Bain es eléctrico, y la magnitud sorprende incluso a quienes siguen de cerca el sector: el desarrollo pleno de los proyectos cupríferos demandaría entre 8 y 10 teravatios-hora anuales de electricidad, lo que exige construir aproximadamente 1.500 kilómetros de líneas de transmisión dedicadas, además de refuerzos profundos al Sistema Interconectado Nacional existente. Es una cifra que recuerda, en otra escala, al mismo problema que hoy enfrenta San Juan con la línea de 500 kV que disputan Vicuña y el resto de las mineras: la geología nunca fue el problema central del cobre argentino, el cableado sí.
El segundo frente es logístico, y la comparación que usa el informe resulta elocuente. La exportación de concentrados que demandarían estos proyectos requeriría movilizar entre 5 y 6 millones de toneladas anuales, un volumen equivalente a entre el 8% y el 10% de todo lo que hoy exporta el polo agroindustrial del Gran Rosario en granos y subproductos. Mover esa cantidad de carga desde yacimientos de alta montaña hasta puertos de exportación implica una red de caminos, ferrocarriles y terminales que, en su mayor parte, todavía no existe.
El tercer desafío es hídrico, y es el que más resistencia social genera en cualquier debate minero. Bain proyecta una demanda cercana a 250 millones de metros cúbicos de agua fresca para sostener la operación conjunta de estos proyectos, la mayoría ubicados en zonas cordilleranas y de alta montaña donde el recurso es, por definición, escaso. Es el mismo tipo de tensión que ya se discute en Vaca Muerta a propósito del agua para el fracking, trasladada ahora a la cordillera.
El factor humano, la variable menos visible
Más allá de los números de infraestructura, el informe pone el foco en algo que rara vez aparece en los titulares: la disponibilidad de capital humano especializado. Bain anticipa que, hacia el final de la década, va a existir una demanda fuerte de profesionales en metalurgia, geotecnia, ingeniería civil y gestión ambiental, y advierte que la formación de esos trabajadores y especialistas va a ser un factor determinante para evitar cuellos de botella durante la construcción y la operación de los grandes proyectos. No es un detalle menor: la consultora plantea que la articulación entre minería, petróleo, gas, ingeniería y servicios industriales puede convertirse en una ventaja competitiva real para acelerar el desarrollo del cobre, siempre que el país logre formar a tiempo a la gente que va a operar esa infraestructura.
La conclusión del informe no es un freno a la euforia, pero tampoco la alimenta sin condiciones. Bain plantea que el país atraviesa una ventana de oportunidad donde la combinación de recursos geológicos, demanda global y condiciones de inversión favorables puede impulsar una nueva etapa minera. El desafío, remarca la consultora, va a ser transformar esa ventaja natural en una industria integrada, con infraestructura, proveedores locales, tecnología y estándares ambientales capaces de capturar más valor del que hoy captura el país. Vicuña ya tiene el RIGI. Lo que todavía no tiene nadie es la línea de 500 kV, el camino, ni el agua resuelta.
