Ni Tesla ni Stargate: por qué los proyectos de IA más grandes del país siguen en veremos

Nueve meses después del primer anuncio con Stargate para construir centro de datos para IA, admiten que ni siquiera fue presentado ante el RIGI.

Investigaciones avanzan en una tecnología capaz de convertir el calor de los data center en electricidad

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El 10 de octubre de 2025, dos semanas antes de las elecciones legislativas, Javier Milei recibió en Casa Rosada a una delegación de OpenAI y anunció, junto al empresario Emiliano Kargieman, el lanzamiento de Stargate Argentina: un centro de datos de hasta 500 megavatios en la Patagonia, con una inversión estimada en US$ 25.000 millones. Sam Altman grabó un video desde San Francisco. Demian Reidel, entonces jefe del Consejo de Asesores presidencial, lo definió como el primer gran resultado de la agenda de inteligencia artificial del Gobierno. El comunicado oficial habló de posicionar al país "a la vanguardia del ecosistema global" de IA.

Nueve meses más tarde, no hay obra, no hay ubicación confirmada y no hay expediente. El Ministerio de Economía reconoció que Stargate directamente no fue presentado ante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el esquema bajo el cual se había anunciado. Sur Energy, la empresa de Kargieman que iba a liderar el desarrollo energético y de infraestructura, no volvió a comunicar novedades: en su cuenta de LinkedIn hay apenas tres publicaciones, todas de octubre, todas referidas al mismo anuncio.

No es el único proyecto de este tipo que quedó a mitad de camino. Tesla negocia con YPF Luz un centro de datos en Neuquén desde hace meses, pero lo único firmado hasta ahora es un acuerdo de infraestructura de carga para vehículos eléctricos. El data center sigue "en conversaciones", a la espera de una delegación de la automotriz que recién visitaría Buenos Aires y Neuquén este mes. Dos anuncios, la misma región, el mismo patrón: mucho despliegue de comunicación inicial y poca traducción concreta en obra.

Un socio de perfil bajo y un mercado que quiere respuestas

Sur Energy llegó al centro de la escena tecnológica argentina casi de un día para el otro. Kargieman, fundador de la satelital Satellogic, es una cara conocida del ecosistema emprendedor local; su socio, el físico Matías Travizano, murió en un accidente de montañismo poco después del anuncio. Más allá de esos dos nombres, la empresa tiene un historial público limitado y ninguna trayectoria previa conocida en infraestructura de inteligencia artificial a esa escala.

En una entrevista poco después del lanzamiento, Kargieman explicó que el rol de OpenAI no era poner el capital, sino comprometerse a comprar la capacidad de cómputo una vez construido el centro. El financiamiento, dijo, vendría de fondos de inversión, no de la propia OpenAI. La idea era arrancar la construcción en 2026 y tener una primera fase de 100 MW operativa a principios de 2027, para escalar después hacia los 500 MW totales. En ese momento, la compañía evaluaba tres provincias —Neuquén, Río Negro y Chubut— sin definir un sitio.

Ese esquema no cambió sustancialmente desde octubre. Lo que sí cambió es el silencio alrededor de él. Consultada por la prensa sobre los avances, Sur Energy redirigió la consulta a una persona que tampoco respondió. Desde el Observatorio del RIGI señalaron directamente que la iniciativa nunca fue presentada. No hay, hasta ahora, ninguna resolución oficial que la respalde.

Agua y energía, vitales para los modernos centros de desarrollo de la inteligencia artificial.

Agua y energía, vitales para los modernos centros de desarrollo de la inteligencia artificial.

El otro proyecto, con el mismo problema de fondo

El caso de Tesla es distinto en el origen, pero termina en un lugar parecido. La automotriz de Elon Musk firmó en junio un convenio real con YPF para desplegar cargadores rápidos en 17 estaciones de servicio durante el segundo semestre, repartidos en tres corredores: AMBA–Santa Fe–Rosario, Buenos Aires–Mendoza y un tercero que recorre la Patagonia hasta Ushuaia. Ese acuerdo está firmado y tiene cronograma.

El centro de datos es otra historia. Tesla aportaría la infraestructura tecnológica a través de su unidad especializada, mientras que YPF Luz proveería la energía a partir del gas de Vaca Muerta. Todo lo demás —ubicación, monto, cronograma— sigue abierto. Fuentes del sector señalaron que el objetivo es cerrar un acuerdo "en los próximos meses" y que el proyecto podría encuadrarse en el Súper RIGI, el régimen ampliado que el Gobierno impulsa en el Congreso y que todavía no es ley.

Ahí aparece un problema que ni Stargate ni el proyecto de Tesla resolvieron públicamente: de dónde sale el gas. La producción de gas seco de Vaca Muerta llegó a niveles récord a comienzos de 2026, algo que ya puso a prueba la infraestructura de transporte disponible. Y ese gas tiene compromisos previos: el proyecto Southern Energy (SESA), que integran YPF, Pan American Energy, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG, cerró un contrato con la alemana SEFE por dos millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años, con exportación prevista desde septiembre de 2027 desde el Golfo San Matías. Sumar un data center de escala industrial implica repartir un recurso que ya tiene otro destino firmado, con penalidades de por medio si no se cumple.

Data center en Nuevo Albany, Ohio, en Estados Unidos. Agua y energía para los modernos centros de desarrollo de la inteligencia artificial.

Data center en Nuevo Albany, Ohio, en Estados Unidos. Agua y energía para los modernos centros de desarrollo de la inteligencia artificial.

Lo que sí avanzó, y lo que todavía depende del Congreso

El contraste importa. Mientras los anuncios de IA quedaron en carta de intención, otros proyectos del propio RIGI energético y minero sí se tradujeron en obra: la autorización a YPF para nuevos gasoductos, la adjudicación de la construcción del troncal de Argentina LNG, la expansión litífera bajo el mismo régimen. La diferencia no es el marco legal —ambos tipos de proyecto apelan al RIGI— sino el grado de definición que cada uno tenía antes de anunciarse.

El Súper RIGI, pensado específicamente para dar marco a data centers, infraestructura nuclear, autos eléctricos y renovables, logró media sanción en Diputados a fines de junio, con 130 votos a favor, 106 en contra y siete abstenciones. Todavía necesita el Senado. Y el propio texto abrió otro frente: el Gobierno pretende que las provincias adherentes limiten Ingresos Brutos al 0,5% para las inversiones alcanzadas, algo que todavía no está negociado con los gobernadores. Sin esa ley, cualquier proyecto de la escala de Stargate o del centro de datos de Tesla queda, en los hechos, sin el instrumento fiscal que hacía atractiva la ecuación original.

Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que el esquema, tal como está redactado, exige pocas contrapartidas locales: no hay requisitos claros de transferencia tecnológica ni de contratación de proveedores nacionales, a diferencia de los regímenes de incentivo que aplicaron Chile o Brasil para atraer inversiones similares. Un informe de Fundar remarcó, además, que un centro de datos de este tipo genera pocos puestos de trabajo una vez terminada la construcción —el propio Kargieman habló de unos cien empleos de mantenimiento— y que el verdadero ingreso fiscal depende de cómo se termine gravando el equipamiento computacional, un punto que el proyecto todavía no define.

La visita de la delegación de Tesla a Neuquén, prevista para este mes, será la primera señal concreta en meses sobre si alguno de estos dos proyectos deja la etapa de la carta de intención. Hasta entonces, Stargate Argentina sigue siendo, en los papeles del Estado, un anuncio sin expediente.

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