Europa frenó una restricción al biodiésel de soja y preservó un negocio de hasta US$350 millones
El Parlamento Europeo rechazó una norma que buscaba clasificar al aceite de soja como materia prima de "alto riesgo" ambiental para la producción de biocombustibles.
La producción de biodiésel argentino se exporta casi en exclusividad a la UE
Creada por IALa industria argentina del biodiésel obtuvo un importante alivio en Europa. El Parlamento Europeo rechazó una modificación regulatoria impulsada por la Comisión Europea que habría dejado al aceite de soja fuera del esquema de materias primas habilitadas para producir biocombustibles, preservando así un mercado que representa ingresos por alrededor de US$350 millones anuales para el país.
La votación bloqueó los cambios propuestos al Reglamento 2019/807, que pretendía incorporar al aceite de soja a la categoría de materias primas de alto riesgo de Cambio Indirecto en el Uso del Suelo (ILUC, por sus siglas en inglés). De haber prosperado esa clasificación, el biodiésel elaborado con aceite de soja habría dejado de computar para las metas de energías renovables de la Unión Europea, perdiendo competitividad y, en los hechos, cerrando progresivamente el principal destino de las exportaciones argentinas.
El resultado fue contundente: el Parlamento Europeo reunió una mayoría suficiente para objetar el acto delegado presentado por la Comisión, impidiendo su entrada en vigencia. En consecuencia, el aceite de soja mantiene, al menos por ahora, el tratamiento regulatorio que tenía hasta el momento.
Un mercado estratégico
La decisión tiene un impacto directo sobre la industria aceitera y de biocombustibles argentina. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, entre 2018 y 2025 la Unión Europea concentró el 97% de las exportaciones argentinas de biodiésel y durante 2025 absorbió la totalidad de los embarques externos. Ese año el país exportó unas 280.000 toneladas por aproximadamente US$350 millones, además de otros envíos de aceite de soja destinado a uso industrial.
La preocupación del sector era que la nueva clasificación ambiental terminara expulsando al biodiésel argentino del mercado europeo, al impedir que pudiera ser utilizado para cumplir con los objetivos de descarbonización fijados por la Unión Europea.
Una gestión conjunta
Desde la industria destacaron el trabajo coordinado entre el sector privado y el Gobierno argentino para frenar la iniciativa.
El presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), Gustavo Idígoras, calificó la decisión como "una gran noticia" y señaló que fue el resultado de varios meses de gestiones junto con la Cancillería argentina, la representación diplomática ante la Unión Europea y distintos actores del bloque europeo.
También el presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), Luis Zubizarreta, sostuvo que la propuesta europea carecía de sustento científico para el caso argentino, ya que la superficie sembrada con soja en el país no ha aumentado en los últimos años, uno de los argumentos utilizados para cuestionar el supuesto impacto ambiental del cultivo.
La discusión no terminó
Pese al alivio que representa la votación, el conflicto regulatorio aún no quedó definitivamente cerrado.
Lo que hizo el Parlamento Europeo fue bloquear la propuesta presentada por la Comisión Europea, que ahora deberá elaborar una nueva versión del reglamento teniendo en cuenta las objeciones planteadas por los eurodiputados. Es decir, la amenaza quedó desactivada por el momento, pero el debate sobre los criterios de sustentabilidad para los biocombustibles continuará durante los próximos meses.
La diferencia es que Argentina llegará a esa nueva discusión en una posición considerablemente más favorable. A la gestión diplomática se sumó el respaldo de buena parte de la propia cadena agroindustrial europea, incluyendo productores de biodiésel, procesadores de oleaginosas y organizaciones del sector agrícola que también cuestionaron la propuesta de la Comisión por considerar que afectaba la competitividad y el abastecimiento de materias primas dentro de la Unión Europea.
Para Argentina, la resolución representa mucho más que una discusión técnica sobre criterios ambientales. Preserva el acceso al principal mercado para uno de los productos de mayor valor agregado de la cadena sojera y evita un fuerte impacto sobre una industria que concentra buena parte de su capacidad instalada en el complejo agroexportador del Gran Rosario, uno de los principales polos industriales y portuarios del país.

