Energía nuclear: ¿es negocio privatizar Nucleoeléctrica Argentina?
Sebastián Álvarez, especialista en derecho energético, destaca que la coyuntura actual presenta una oportunidad sin precedentes para atraer inversiones al sector nuclear argentino.
La posibilidad de captar inversiones privadas podría fortalecer la capacidad tecnológica nuclear.
Argentina comenzó a redefinir su estrategia para el desarrollo de la energía nuclear con el objetivo de atraer inversiones privadas, financiar obras de infraestructura y reposicionar al sector como un actor relevante dentro del mercado energético internacional. El nuevo marco normativo habilita la incorporación de capital privado en Nucleoeléctrica Argentina (NASA), aunque el Estado conservará el control de la empresa.
Para Sebastián Álvarez, socio del estudio jurídico Brons & Salas y especialista en derecho corporativo y energético, el cambio representa un punto de inflexión para una actividad que vuelve a ganar protagonismo en el escenario mundial debido a la creciente demanda de energía firme y libre de emisiones.
Según explicó el especialista, la combinación entre el nuevo esquema regulatorio y el renovado interés global por la generación nuclear configura una oportunidad para atraer inversiones destinadas a modernizar la infraestructura existente y ampliar la capacidad del sector.
Álvarez recordó que Argentina cuenta con una trayectoria de más de siete décadas en materia nuclear. Desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950, el país desarrolló un entramado tecnológico e industrial integrado por organismos públicos y empresas como INVAP y Nucleoeléctrica Argentina, responsable de operar las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse.
Actualmente esas tres plantas aportan entre el 7% y el 8% de la electricidad que consume el país mediante una generación continua que complementa la creciente participación de las energías renovables.
Marco regulatorio
El especialista indicó que el nuevo escenario quedó definido a partir de la Ley de Bases, el Decreto 695/25 y la Resolución 1751/25 del Ministerio de Economía. Ese conjunto normativo declaró a Nucleoeléctrica Argentina sujeta a privatización parcial y habilitó la venta de hasta el 44% de su capital mediante un proceso de licitación pública.
No obstante, aclaró que el Estado nacional conservará el 51% de las acciones y los derechos políticos, manteniendo así el control sobre las decisiones estratégicas vinculadas con el sistema nuclear argentino.
De acuerdo con Álvarez, el objetivo principal de la apertura al capital privado es obtener financiamiento para proyectos considerados prioritarios. Entre ellos mencionó la extensión de vida útil de la Central Nuclear Atucha I, cuya ingeniería ya supera el 50% de avance, y la ampliación del sistema de almacenamiento en seco de combustible gastado de Atucha II.
A su entender, estas obras permitirán sostener la operación del parque nuclear argentino durante las próximas décadas y representan un atractivo para los potenciales inversores debido a que se trata de un negocio con demanda estable, ingresos regulados y previsibilidad de largo plazo.
El especialista también sostuvo que la decisión oficial implica un cambio respecto de la estrategia impulsada durante los últimos años. En ese sentido, señaló que el Gobierno dejó sin efecto los acuerdos con la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC), que contemplaban la construcción de una cuarta central nuclear financiada por ese país.
El rol de los privados
En reemplazo de ese modelo, explicó, la política energética apunta ahora a favorecer la participación de consorcios privados, principalmente de origen occidental, interesados en desarrollar proyectos con tecnologías de reactores de agua liviana y uranio enriquecido.
Álvarez consideró que ese giro se encuentra alineado con una tendencia internacional que volvió a colocar a la energía nuclear en el centro de la agenda energética.
Mencionó que en Estados Unidos la expansión de los centros de datos vinculados con la inteligencia artificial impulsó una creciente demanda de electricidad, al punto que compañías tecnológicas como Microsoft avanzaron en acuerdos para reactivar centrales nucleares que habían sido cerradas.
Al mismo tiempo, destacó que China continúa liderando la expansión mundial del sector, con decenas de reactores en operación y construcción y una estrategia que prevé incrementar significativamente la participación de la energía nuclear en su matriz eléctrica hacia 2050.
El RIGI
En el plano local, el especialista señaló que el nuevo esquema también encuentra respaldo en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que busca facilitar el desembarco de proyectos de gran escala.
En ese contexto, indicó que ya comenzaron a surgir propuestas de compañías estadounidenses interesadas en invertir en empresas estratégicas de la cadena nuclear argentina, particularmente en actividades vinculadas con el procesamiento de uranio.
Para Álvarez, la posibilidad de captar inversiones privadas podría fortalecer la capacidad tecnológica e industrial del país y mejorar su posicionamiento como proveedor confiable para los mercados internacionales.
Sin embargo, advirtió que el éxito del nuevo modelo dependerá de la respuesta que obtenga la futura licitación y del interés concreto que manifiesten los inversores.
A su criterio, la combinación de un marco regulatorio renovado, infraestructura ya operativa y una demanda global creciente por energía libre de emisiones coloca a la industria nuclear argentina frente a una oportunidad que podría redefinir el futuro del sector.


