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Argentina tiene energía de sobra, pero le falta algo esencial: el cable

Un plan de obras de 5.610 kilómetros y US$6.600 millones busca actualizar la red eléctrica argentina, cuya última ampliación relevante data de hace casi una década.

Argentina enfrenta una paradoja energética: tiene recursos de sobra para producir electricidad, pero no cuenta todavía con una red capaz de transportar toda esa energía hacia donde se necesita.

La advertencia surge de un análisis elaborado por Maximiliano Svriz Levato, analista de Criteria, que pone el foco en uno de los problemas menos visibles detrás del crecimiento de la minería, Vaca Muerta, la industria y los nuevos centros de datos: la falta de infraestructura de transmisión.

El diagnóstico es contundente. El país cuenta con gas en Vaca Muerta, cobre en San Juan, litio en el norte, recursos hidroeléctricos, viento, sol y capacidad nuclear. Sin embargo, la red troncal lleva casi una década sin una ampliación de escala comparable con las necesidades actuales.

El Gobierno busca cambiar esa situación con un ambicioso plan anunciado en agosto. La iniciativa contempla 16 obras de transporte eléctrico, más de 5.610 kilómetros de líneas y una inversión estimada en US$6.600 millones, financiada por capital privado bajo concesiones de 30 años. La apuesta apunta a resolver un cuello de botella que puede convertirse en un límite concreto para nuevas inversiones.

El apagón que encendió una alarma

El problema quedó expuesto durante el verano. El 15 de enero de 2026, cuatro líneas de 220 kV de la estación Morón salieron de servicio en plena ola de calor. El episodio provocó la pérdida instantánea de unos 3.000 MW y dejó sin suministro a unos 800.000 usuarios de Edenor.

Aunque el 90% del servicio fue restituido en aproximadamente una hora, el episodio volvió a mostrar la fragilidad de una red que opera cerca de sus límites durante los momentos de mayor demanda.

Según el análisis, la última gran obra nacional de transporte eléctrico se terminó en 2017, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires la última ampliación relevante había ocurrido en 2006.

Según el análisis, la última gran obra nacional de transporte eléctrico se terminó en 2017, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires la última ampliación relevante había ocurrido en 2006.

Desde entonces, la demanda no dejó de crecer

A los hogares y la industria se sumaron nuevas fuentes de presión: minería, Vaca Muerta, electrificación industrial y centros de datos vinculados al desarrollo de inteligencia artificial.

La minería ofrece uno de los ejemplos más claros. San Juan concentra más de veinte proyectos y anuncios de inversión por unos US$35.000 millones. Allí, el problema dejó de ser solamente encontrar cobre: ahora también es garantizar la energía necesaria para extraerlo.

El corredor de 500 kV entre Nueva San Juan y Rodeo aparece como una infraestructura estratégica para destrabar proyectos mineros.

Uno de los casos más relevantes es Josemaría, desarrollado por BHP y Lundin Mining en el distrito Vicuña. El proyecto ingresó al RIGI por US$9.737 millones después de que se aprobara la ampliación del corredor eléctrico.

La conclusión que surge del análisis es directa: en minería, quien consigue primero la energía puede tener una ventaja decisiva para construir primero la mina.

El Gobierno apuesta al capital privado

El nuevo plan de transmisión busca modificar el modelo que durante años limitó la expansión de la red. La inversión prevista de US$6.600 millones será financiada íntegramente por privados, sin desembolsos del Tesoro, mediante concesiones a 30 años.

El primer proyecto será AMBA I, con una inversión estimada en US$800 millones, una línea de 500 kV de 270 kilómetros y una nueva estación en Plomer.

La iniciativa será también una prueba para determinar si el sector privado está dispuesto a financiar infraestructura eléctrica de largo plazo bajo el nuevo esquema regulatorio.

El otro desafío: generar y transportar

El problema no termina en las líneas de alta tensión. El análisis advierte que Argentina también necesita inversiones en almacenamiento, distribución y respaldo. El crecimiento de la demanda industrial puede incluso llevar a grandes consumidores a generar su propia electricidad.

Un ejemplo es Vaca Muerta, donde Halliburton prevé utilizar equipos de fractura eléctricos que requerirán entre 20 y 30 MW por unidad y cuya energía será generada en el propio yacimiento mediante gas.

Es un síntoma de la misma dificultad: cuando la red no llega, la industria busca otra manera de conseguir electricidad. La generación, mientras tanto, sigue teniendo al gas como principal fuente. En 2024, el 49% de la generación eléctrica argentina provino del gas natural, mientras que la hidroeléctrica aportó 25%, la eólica 11% y la nuclear 7%.

El país, en definitiva, no parece tener un problema de recursos energéticos.

Las empresas que miran el nuevo negocio

El cambio también puede modificar el mapa empresario del sector. Transener, Central Puerto, Pampa Energía, Genneia, YPF Luz y otras compañías aparecen vinculadas a distintas partes de la cadena eléctrica. A eso se suma la privatización de la participación estatal en Citelec y los planes de salida a Wall Street de YPF Luz y Genneia.

Para Criteria, 2026 concentra así movimientos que podrían marcar una nueva etapa: capital privado ingresando al transporte, empresas energéticas buscando financiamiento internacional y grandes proyectos productivos demandando cada vez más electricidad.

Porque Argentina puede tener gas para exportar, cobre para extraer, litio para vender y nuevos proyectos industriales para atraer inversiones. Pero si la electricidad no puede llegar a destino, el recurso termina quedando del otro lado del cable.