A 3.851 metros y con 364 habitantes: el dilema del pueblo de Jujuy frente al boom del litio que la rodea
Rinconada está en el corazón del triángulo del litio, en Jujuy, pegado a inversiones que suman miles de millones de dólares. Sigue esperando que algo le llegue.
La vista de la entrada a Rinconada, en Jujuy.
www.somosjujuy.com.arHay que tomar una huella de ripio de 62 kilómetros desde la ruta nacional para llegar a Rinconada. El camino trepa por la Puna jujeña, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, entre pastizales de puna, vientos que doblan los arbustos y un silencio que no tiene equivalente en las ciudades del llano. Al llegar, el pueblo aparece de golpe: casas bajas, una plaza, una iglesia colonial, el frío que no cede ni en verano. Con apenas 364 habitantes según el último registro y una densidad de 0,28 personas por kilómetro cuadrado en el departamento, Rinconada es la ciudad con organización municipal más alta de la Argentina, a 3.851 metros sobre el nivel del mar.
A menos de 100 kilómetros de allí, en el Salar del Rincón sobre territorio salteño, Rio Tinto avanza en un proyecto de litio con una inversión prevista de US$ 2.500 millones. En el Salar de Olaroz-Cauchari, en Jujuy, las exportaciones de litio superaron los US$ 953 millones en 2025. El triángulo del litio —la región compartida entre Argentina, Bolivia y Chile que concentra más de la mitad de las reservas mundiales del mineral— tiene su vértice argentino exactamente en esta zona de la Puna. Rinconada está en el centro geográfico de uno de los booms mineros más importantes del siglo. Y sin embargo, el pueblo sigue igual.
Una historia larga en un territorio extremo
La Puna jujeña no es un territorio vacío que el litio vino a descubrir. Es uno de los espacios habitados más antiguos del noroeste argentino, con una presencia humana que se remonta miles de años antes de la llegada de los españoles. Los atacameños —en especial la parcialidad lipe— eran el pueblo predominante en la región puneña cuando llegaron los conquistadores. Su resistencia al avance inca y luego al español fue tenaz y prolongada.
Rinconada aparece en los registros coloniales como uno de los cuatro curatos de la Puna de Jujuy, junto a Santa Catalina, Cochinoca y Yavi. El Censo Virreinal de Carlos III de 1778 ya relevaba su población, que mostraba familias numerosas y personas longevas como indicadores de condiciones de vida relativamente estables para la época. La minería tampoco es nueva en el territorio: desde el período colonial, la extracción de plata y otros minerales fue parte de la economía regional. Las prácticas minero-metalúrgicas dejaron huellas arqueológicas que los investigadores del CONICET siguen estudiando.
En el siglo XX, la principal fuente de empleo fue la Mina Pirquitas, un importante yacimiento de plata ubicado a 4.271 metros sobre el nivel del mar —el punto habitado más alto de Argentina— que operó con distintas interrupciones durante décadas. El departamento desarrolló una dependencia casi total de esa única actividad productiva, lo que creó un riesgo latente de crisis social que se hizo realidad en la década de 1980, cuando una caída en la industria minera provocó el cierre inesperado de la mina y la cancelación de todos los puestos de trabajo. El pueblo tardó años en recuperarse. La memoria de ese cierre intempestivo pesa todavía cuando se habla de los proyectos actuales.
El litio está cerca. El trabajo, no tanto
El boom del litio transformó la Puna argentina en los últimos diez años, pero esa transformación no llegó de manera uniforme a todos los rincones del territorio. Jujuy concentró en 2025 el 15,8% del total nacional de exportaciones mineras, con un volumen de 953 millones de dólares, impulsado principalmente por los proyectos de Olaroz y Cauchari-Olaroz. Son números que ubican a la provincia como uno de los nodos más relevantes del litio global.
Pero el mercado laboral del litio tiene una característica que los estudios académicos documentaron con claridad: posee un fuerte componente extrarregional, con predominio de operarios ajenos a las zonas mineras o provenientes de otras provincias. Los puestos técnicos y de ingeniería los ocupan profesionales que vienen de Jujuy capital, de Buenos Aires o del exterior. Los trabajos de menor calificación, en muchos casos, también los cubren trabajadores que rotan desde otras provincias. Lo que queda en los pueblos cercanos suele ser poco y discontinuo.
Investigaciones sobre el derrame económico de la minería del litio en Jujuy concluyeron que las regalías recaudadas por la provincia a partir de esa actividad equivalen a apenas el 0,41% de la masa de recursos tributarios de origen genuinamente provincial. La cifra es elocuente: el litio genera miles de millones de dólares en exportaciones, pero lo que queda en las arcas provinciales —y mucho menos en los municipios del entorno— es una fracción marginal de ese valor.
La consulta que no siempre consulta
El avance de los proyectos litíferos sobre territorios de comunidades originarias en la Puna generó uno de los debates jurídicos y políticos más complejos del sector minero argentino. El convenio 169 de la OIT y la Constitución Nacional establecen el derecho a la consulta previa, libre e informada de los pueblos originarios antes de avanzar con proyectos en sus territorios. En la práctica, ese derecho se aplica de manera desigual y con frecuencia es cuestionado por las propias comunidades.
En febrero de 2025, el Banco Mundial comunicó a las comunidades de la cuenca de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc la suspensión de estudios que las provincias de Salta y Jujuy buscaban realizar en esos territorios sin su consulta ni consentimiento previo. La decisión marcó un precedente significativo: una institución financiera internacional frenando un proceso por incumplimiento del derecho indígena.
En la zona de Rinconada, el conflicto tiene otra textura. Referentes comunitarios de zonas de influencia directa denuncian tensiones entre comunidades que apoyan la minería como salida laboral y sectores opositores que, según los primeros, buscan ejercer poder de veto sobre territorios que no les corresponden directamente. La división no es entre comunidades y empresas: es entre las propias comunidades, que no tienen una posición uniforme frente a una actividad que para algunas representa desarrollo y para otras representa riesgo. Investigadoras especializadas advierten que, aun con el marco normativo vigente, no existen mecanismos institucionales que garanticen una consulta previa verdaderamente libre e informada, y que es muy poco probable que el Estado acepte un "no" como respuesta.
En enero de 2025, más de doscientas autoridades indígenas de Argentina, Bolivia, Chile y Perú se reunieron en El Moreno, Jujuy, en la Cumbre Intercultural Andina de Comunidades Afectadas por la Explotación del Litio. El encuentro visibilizó que la llegada de empresas litíferas al noroeste argentino transformó radicalmente la vida de docenas de comunidades kollas y atacameñas en nombre de una transición energética global que convierte a Sudamérica en proveedora de materias primas sin necesariamente garantizarle los beneficios de ese rol.
Rio Tinto llega al Salar del Rincón
El proyecto más relevante para el entorno inmediato de Rinconada es el Rincón Lithium de Rio Tinto, ubicado en el Salar del Rincón sobre territorio salteño pero a escasos kilómetros de la frontera con Jujuy. En agosto de 2025, la Secretaría de Minería y Energía de Salta emitió la Declaración de Impacto Ambiental a favor de Rincón Mining Pty Limited, subsidiaria de Rio Tinto, para la extracción de salmuera de litio y la producción de 50.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería.
El proyecto prevé una inversión de 2.500 millones de dólares, fue la primera iniciativa litífera aprobada bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y planea arrancar con el primer módulo de producción en 2027 para alcanzar capacidad plena en 2028. En diciembre de 2025, los gobernadores de Salta, Catamarca y Jujuy recibieron en sus provincias a la junta directiva global de Rio Tinto, en lo que fue la primera visita institucional de la cúpula de la compañía a Argentina. La foto de los tres gobernadores con los ejecutivos de una de las mineras más grandes del mundo sintetizó el peso político que el litio tiene hoy en el noroeste.
Para Rinconada, lo que ese proyecto representa en términos concretos todavía es una incógnita. La audiencia pública previa a la aprobación se realizó en el Centro Vecinal de Olacapato, en territorio salteño. Las regalías irán a Salta. El empleo directo se gestionará desde las oficinas de la empresa. Lo que llegue al pueblo de 364 habitantes del otro lado del límite provincial depende de decisiones que se toman lejos, en Buenos Aires, en Perth o en Londres.
Lo que Rinconada tiene y lo que necesita
El pueblo tiene algo que los proyectos mineros no pueden comprar ni reemplazar: un territorio intacto, una cultura viva y un paisaje que el turismo de aventura y naturaleza empieza a descubrir con cautela. La Laguna de los Pozuelos, reserva de la biosfera declarada por la UNESCO y sitio Ramsar de humedales, está a pocos kilómetros. Los flamencos que la habitan, las vicuñas en la meseta y los cielos despejados de la Puna son recursos que, manejados con criterio, podrían generar una economía local más diversa y menos dependiente de los ciclos mineros.
Pero Rinconada necesita también lo básico: conectividad vial, servicios de salud accesibles, educación secundaria que no obligue a los jóvenes a emigrar, agua potable confiable. Son las mismas carencias que el boom del litio prometió resolver y que, diez años después del inicio de las exportaciones desde Olaroz, siguen sin resolverse en los pueblos más pequeños y más remotos de la Puna.
La pregunta que Rinconada le hace al modelo extractivo no es ideológica sino práctica: ¿cuándo llega? El litio ya se exporta. Las empresas ya operan. Los gobernadores ya se fotografían con las cúpulas globales de las mineras. Y en el pueblo más alto de Argentina, a 3.851 metros, con 62 kilómetros de ripio para entrar y salir, los vecinos siguen esperando que algo de todo ese movimiento se detenga el tiempo suficiente como para dejar algo atrás.



