El data center más grande de Sudamérica se instala en Chubut, pero no se conoce cuánta agua va a consumir
El proyecto Atlas GigaHub, de US$10.000 millones, avanza en Trelew sin datos públicos sobre su impacto hídrico en el Valle Inferior del río Chubut.
El Gobernador Ignacio Torres. Chubut busca convertirse en un polo de Inteligencia Artificial.
www.chubut.gob.arLa provincia de Chubut avanza en uno de los proyectos de infraestructura tecnológica más ambiciosos de la Argentina: Atlas GigaHub, un campus de centros de datos para inteligencia artificial que la empresa polaca Green Capital planea desarrollar al sur de Trelew, con una inversión que sus impulsores estiman en hasta US$10.000 millones y una capacidad final proyectada de 3.000 megavatios (MW). El anuncio, formalizado en julio en la Embajada de Polonia en Buenos Aires con la presencia del gobernador Ignacio Torres, posiciona a la Patagonia como un actor inesperado en la carrera global por la infraestructura de IA. Pero un aspecto central del proyecto —cuánta agua va a necesitar para funcionar— todavía no tiene una respuesta pública.
Green Capital, que desde 2015 desarrolla proyectos de energía renovable en Polonia y otros mercados, alquiló hace un año y medio 130.000 hectáreas de tierras patagónicas pertenecientes a 14 propietarios para levantar el campus. La compañía firmó un memorándum de entendimiento con Schneider Electric, Wärtsilä, Envision Energy y Ore Energy, y planea una primera etapa de seis años centrada en infraestructura, con una capacidad inicial de 300 MW respaldada por inversiones de entre US$3.000 y US$5.000 millones, antes de escalar hacia los 3.000 MW que convertirían a Atlas GigaHub en uno de los desarrollos tecnológicos más grandes de la región. El propio Ejecutivo provincial impulsó, además, un proyecto de ley para crear un Régimen Provincial de Fomento a la Economía del Conocimiento que facilite la cesión de tierras fiscales a este tipo de emprendimientos.
Lo que hasta ahora no forma parte de la información pública disponible sobre el proyecto es una estimación concreta de su consumo hídrico. Las comunicaciones oficiales de Green Capital, tanto en la Argentina como en su casa matriz polaca, ponen el foco casi exclusivamente en el acceso a energía renovable barata y abundante como el factor que explica la elección de la Patagonia, sin precisar todavía qué tecnología de refrigeración utilizará el campus ni de qué fuente se abastecerá de agua, un dato que sí resulta crítico para una región que depende, en gran medida, del sistema de riego del Valle Inferior del Río Chubut.
Por qué el agua es un problema estructural de la industria de datos
La preocupación no es exclusiva de Chubut: es un fenómeno que atraviesa a la industria global de centros de datos a medida que la demanda de infraestructura para inteligencia artificial se dispara. Según un informe de la consultora Rystad Energy, los centros de datos de todo el mundo consumieron 222.000 millones de litros de agua para refrigeración en 2025, una cifra que —sin mejoras de eficiencia— podría casi triplicarse hasta los 644.000 millones de litros en 2030. El agua se utiliza principalmente para disipar el calor de los servidores, y aunque la refrigeración por aire es una alternativa técnicamente viable, la refrigeración hídrica suele resultar más económica para las empresas, lo que explica por qué buena parte del sector sigue optando por ella pese al costo ambiental creciente.
Casos internacionales ilustran la magnitud del problema cuando no hay planificación previa: en West Des Moines, Iowa, los centros de datos de Microsoft llegaron a utilizar alrededor del 6% de toda el agua del distrito, mientras que en The Dalles, Oregón, las instalaciones de Google consumieron casi una cuarta parte del agua disponible en la ciudad, situaciones que en ambos casos generaron tensiones con las comunidades locales una vez conocidos los datos reales de consumo. La lección que dejan esos antecedentes es que la transparencia sobre el uso de agua —publicada de manera proactiva y auditable— se volvió, en los últimos años, una condición cada vez más exigida a los grandes operadores tecnológicos, algunos de los cuales, como Google, adoptaron políticas globales de reposición hídrica y de descarte de refrigeración por agua en cuencas vulnerables.
Un proyecto todavía en etapa de diseño
Según los propios voceros de Green Capital, Atlas GigaHub se encuentra en una fase temprana de desarrollo: la compañía indicó que está realizando evaluaciones energéticas y estudios ambientales, validando supuestos técnicos y preparando la estructura de financiamiento y de socios del proyecto. Esa etapa preliminar es, en rigor, el momento en el que las definiciones sobre tecnología de refrigeración y fuente de abastecimiento hídrico todavía están abiertas, lo que representa tanto un riesgo como una oportunidad: un riesgo, porque la ausencia actual de información pública alimenta la incertidumbre en una región agrícola que depende del río Chubut; una oportunidad, porque el proyecto todavía puede incorporar tecnologías de refrigeración con bajo o nulo consumo de agua antes de que se tomen decisiones de diseño irreversibles.
La discusión sobre el Valle Inferior del Río Chubut no es menor: estudios académicos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y del INTA vienen documentando desde hace años las tensiones existentes en torno al uso del agua de riego en la zona, en un contexto de proyecciones de reducción de caudal asociadas al cambio climático. Sumar a ese escenario una demanda industrial de gran escala, sin que exista todavía una cifra pública de consumo estimado, es el tipo de vacío de información que —según muestra la experiencia internacional— termina generando fricciones evitables si no se aborda a tiempo.
Para que Atlas GigaHub pueda avanzar sin las tensiones que enfrentaron otros proyectos similares en el mundo, los especialistas en infraestructura de datos coinciden en que la clave está en la etapa de diseño: la decisión entre refrigeración líquida tradicional, refrigeración por aire o sistemas híbridos de bajo consumo hídrico define, en gran medida, el impacto ambiental futuro de una instalación de esta escala. Mientras esas definiciones técnicas no se hagan públicas, la pregunta sobre cuánta agua va a demandar el mayor centro de datos proyectado en Sudamérica seguirá abierta, en una región donde el agua no es un recurso abstracto, sino el insumo del que depende buena parte de la actividad productiva del Valle Inferior del Río Chubut.


