El otro socio chino de Manzano: cómo el empresario quedó ligado al megapuerto de Chancay
A través de Integra Capital, José Luis Manzano es accionista indirecto de la naviera estatal china COSCO en el complejo portuario que China inauguró en Perú.
El empresario mendocino José Luis Manzano.
NAJosé Luis Manzano, uno de los empresarios argentinos con mayor llegada al oficialismo y a distintos gobiernos provinciales, quedó asociado de manera indirecta a la naviera estatal china COSCO Shipping en uno de los proyectos de infraestructura portuaria más relevantes que China desarrolla fuera de sus fronteras: el megapuerto de Chancay, en Perú. El vínculo se explica a través de Integra Capital, el fondo de inversión que preside Manzano, que en mayo de 2024 adquirió una participación mayoritaria en la minera peruana Volcan Compañía Minera, socia de COSCO en el complejo.
La operación se concretó cuando Transition Metals AG, una subsidiaria suiza de Integra Capital Business S.A., compró a Glencore International AG el 55% de las acciones Clase A de Volcan —que conllevan pleno derecho a voto— por US$20 millones, con un financiamiento adicional de hasta US$40 millones para cubrir obligaciones de oferta pública exigidas por la legislación peruana. La transacción no requirió aprobaciones regulatorias, lo que permitió una ejecución rápida, y le dio a Integra Capital un rol decisivo en la dirección estratégica de la compañía.
Volcan, a su vez, es accionista de Inversiones Portuarias Chancay S.A.A., la sociedad que retiene el 40% del capital de Terminales Portuarios Chancay, mientras que el 60% restante está en manos de COSCO Shipping Ports, la naviera estatal china que en 2019 pagó US$225 millones por esa participación y que impulsó la construcción del puerto con una inversión cercana a los US$1.300 millones en su primera etapa. Chancay se inauguró en noviembre de 2024 con la presencia del presidente chino Xi Jinping y se proyecta como la principal puerta de entrada de mercadería sudamericana hacia Asia, en el marco de la Franja y la Ruta, la estrategia de infraestructura global que Beijing despliega desde hace más de una década.
Un fondo con intereses que van más allá de los puertos
Voceros de Integra Capital consultados por medios peruanos remarcaron que el interés del fondo en Volcan es fundamentalmente minero y no portuario. "Lo nuestro no son las inversiones portuarias", explicó un directivo de la firma, que subrayó que la adquisición se concretó a un precio atractivo en un contexto de conflictos entre Glencore y los socios locales de Volcan en Perú. Integra Capital ya contaba en la Argentina con el proyecto de potasio más grande del país, más de 400.000 hectáreas en concesiones de litio y la mina de zinc, plata y plomo Aguilar, de modo que la incursión en Volcan —ocho veces más grande que Aguilar, según fuentes del propio fondo— se enmarca en una estrategia de expansión regional en minería de metales que Manzano viene desplegando desde hace años.
El propio Manzano confirmó en distintas entrevistas su intención de profundizar la presencia de Integra Capital en el Perú, con posibles adquisiciones adicionales en cobre, litio, zinc y plomo, además de un equipo técnico que analiza oportunidades en tierras raras. Sobre Chancay en particular, el empresario expresó su ambición de convertir al puerto en un centro tecnológico regional: dijo aspirar a que conviva con compañías como Amazon y Google "por encima de las diferencias políticas", una definición que resume el estilo pragmático con el que Manzano suele describir sus negocios con capitales chinos.
Una relación con China que no empieza en Chancay
El vínculo de Manzano con intereses chinos no es nuevo ni se limita a la minería. A través del Grupo América —el multimedios que controla junto a Daniel Vila y que llega a unos 25 millones de personas en la Argentina—, Manzano encabezó en 2016 la asociación con China Watch, el suplemento en español producido por China Daily, el diario estatal chino en inglés más grande del mundo. El acuerdo, lanzado oficialmente en Beijing con la presencia del entonces embajador argentino Diego Guelar, permitió que China Watch circulara junto a diarios del grupo como UNO de Mendoza, Santa Fe y Entre Ríos, La Capital de Rosario y El Cronista.
En ese lanzamiento, Manzano definió la relación bilateral en términos que anticipaban el tono con el que hoy describe sus negocios en Perú: sostuvo que "los pueblos de China y Argentina tienen una atracción y una afinidad cultural" y que Beijing "no tiene conflictos con la agenda política argentina", una relación que —según sus propias palabras— "puede ser de ganancia para ambas partes". A esa alianza editorial se sumaron, con el correr de los años, el patrocinio de la Casa de la Cultura China en Buenos Aires y participaciones de Manzano como expositor en foros sobre la relación económica bilateral, entre ellos encuentros vinculados a la Franja y la Ruta.
Un socio con llegada a distintos gobiernos
La particularidad del caso Manzano es que su influencia no se limita a un sector ni a un signo político: mantiene vínculos activos con administraciones provinciales de distinto color y, según coinciden distintos análisis del ecosistema empresario argentino, cuenta con acceso fluido al oficialismo nacional. Esa combinación de llegada política, diversificación en medios, energía y minería, y ahora una porción indirecta de uno de los proyectos de infraestructura más sensibles de la Ruta de la Seda en Sudamérica, lo convierte en un actor cuya trayectoria conviene seguir de cerca, más allá de que hasta el momento nadie dentro del Gobierno haya objetado públicamente la asociación con COSCO.
La ausencia de reparos oficiales contrasta con el escrutinio que Chancay despertó en otros países de la región, donde el desembarco de COSCO fue interpretado como una señal de peso geopolítico de China en el Pacífico sudamericano. En Chile, por ejemplo, distintos sectores lamentaron que Perú les haya "arrebatado" un rol logístico que imaginaban propio. Que un empresario con la centralidad de Manzano en el mapa de poder argentino termine, por la vía de una adquisición minera, del lado accionario de ese proyecto, es un dato que excede lo puramente comercial y que corre en paralelo a otro proceso: la creciente presencia de capital chino en el litio argentino, un fenómeno que —como en el caso de Ganfeng en Salta— empieza a generar señales de atención desde Washington.
Por ahora, la relación entre Manzano y los intereses chinos sigue creciendo sin sobresaltos visibles en la superficie política argentina. Queda por verse si esa tranquilidad se mantiene a medida que el fondo de Manzano avanza con nuevas adquisiciones en el Perú y si, en algún momento, la dimensión geopolítica de sus negocios empieza a pesar tanto como la estrictamente comercial.



