Sin tregua y sin barcos: el Estrecho de Ormuz queda al borde del colapso naval mientras el petróleo se acomoda
Trump dio por terminado el alto el fuego con Irán, Washington encadenó 170 blancos en dos días y el tráfico marítimo por el estrecho cayó a un tercio de su volumen habitual.
Lo que el martes era una escalada preocupante, el jueves ya era otra cosa: una guerra abierta, sin tregua formal, con el tráfico naviero por el estrecho de Ormuz prácticamente detenido. El presidente Donald Trump anunció el 8 de julio el fin del alto el fuego que Estados Unidos e Irán habían firmado el 17 de junio, después de que los combates se reanudaran tras los ataques a tres petroleros —uno saudita, uno catarí de GNL y un tercero sin identificar— ocurridos el lunes y el martes en la zona.
Desde entonces, Washington no detuvo el fuego. El Comando Central estadounidense reportó 80 blancos atacados en Irán el miércoles y 90 más el jueves: 170 objetivos en apenas dos días, con el objetivo declarado de "seguir degradando" la capacidad iraní de amenazar la navegación comercial en el estrecho. Irán, de acuerdo con múltiples agencias internacionales, respondió atacando bases vinculadas a aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, entre ellas objetivos en Baréin y Kuwait. Autoridades sanitarias iraníes reportaron 14 muertos en dos días de intercambios hostiles y decenas de heridos en cinco provincias del país.
El resultado inmediato se vio en el agua, no en los despachos diplomáticos. El tráfico por Ormuz —la vía por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado que se comercia por mar en el mundo— se derrumbó: apenas seis petroleros cruzaron el estrecho el jueves, contra 21 el miércoles, según datos de la firma de seguimiento naviero Kpler. La Organización Marítima Internacional pidió directamente evitar todo tránsito por la zona "hasta que existan las condiciones de seguridad necesarias", y confirmó que unos 6.000 marinos permanecen varados a bordo de cientos de buques, con la evacuación suspendida por razones de seguridad.
Una condena regional y el fantasma de la ONU
El Consejo de Cooperación del Golfo —que integran Arabia Saudita, Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán— emitió un comunicado conjunto el 9 de julio calificando los ataques contra los petroleros saudita y catarí, así como las acciones contra Baréin y Kuwait, como una violación grave del derecho internacional, de la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU y del memorando de entendimiento que había puesto fin —al menos formalmente— a casi cuatro meses de guerra entre Washington y Teherán. El propio Consejo de la Organización Marítima Internacional se reunió a pedido de Baréin, Francia, Alemania y Arabia Saudita para abordar la protección de lo que definieron como "rutas marítimas vitales", en línea con la alarma que había expresado días antes el secretario general de la ONU, António Guterres.
La cronología ayuda a dimensionar el retroceso. El conflicto había arrancado a fines de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán y Teherán respondió cerrando el estrecho; la tregua provisional del 17 de junio permitió que la enorme flota de petroleros varados en el Golfo Pérsico —109 buques no iraníes en el pico de la crisis— se redujera a apenas uno para principios de julio. Ese proceso de normalización, que había tomado más de cuatro meses, se revirtió en cuestión de 48 horas.
El petróleo, entre el pánico y la cautela
El mercado energético reaccionó con la volatilidad esperable, aunque con matices que conviene no simplificar. El miércoles, el Brent saltó más de 5% en la sesión inicial de la escalada. El jueves, llegó a tocar cerca de US$79 por barril en operaciones intradía, pero cerró la rueda con una baja del 2,20%, en US$76,30, mientras el WTI retrocedió 1,96% hasta los US$72,08. La lectura de los operadores es que, pese a la gravedad de la escalada militar, el mercado empieza a incorporar cierta cautela: antes de la guerra, el Brent cotizaba en torno a los US$72, por lo que el nivel actual, aunque elevado, todavía no refleja un pánico generalizado ni un escenario de cierre efectivo y sostenido del estrecho.
Ese matiz no es menor. La diferencia entre un mercado que reacciona con pánico y uno que reacciona con cautela puede definir si la escalada se traduce en un shock de precios prolongado o en un episodio más de una crisis que, desde febrero, viene alternando entre treguas frágiles y retrocesos abruptos. La revocación de la licencia que permitía a Estados Unidos comprar petróleo iraní bajo ciertas condiciones —vigente hasta el 21 de agosto y revocada esta semana por el Departamento del Tesoro— sigue sumando presión regulatoria sobre un escenario ya de por sí inestable.
Con 131 días de conflicto acumulados desde febrero, el canciller iraní ya había advertido que las negociaciones para un acuerdo definitivo no continuarían si persistían las amenazas de la administración Trump. Esa advertencia hoy se cumplió del peor modo posible: no solo no hubo acuerdo definitivo, sino que se perdió incluso el frágil armisticio provisional. La pregunta que queda flotando —y que ningún actor involucrado respondió todavía— es si esta ronda de ataques busca forzar una nueva negociación desde una posición de fuerza, o si Ormuz entró en un ciclo de escalada y descompresión que puede repetirse cada pocas semanas mientras dure el conflicto. Ormuz no cerró formalmente. Pero por ahora, casi nadie se anima a cruzarlo.


