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Milei y las excepciones: cuando las papas queman la política se abre paso sobre la ortodoxia

Una inflación rebelde en medio de un conflicto internacional llevaron al Gobierno a esconder los libros e intervenir, sobre todo en el mercado energético.

Durante décadas, la economía argentina convivió con una constante: gobiernos que proclamaban una cosa y hacían otra. La intervención estatal, los controles de precios, los subsidios y las regulaciones discrecionales sobrevivieron a administraciones de distinto signo político, muchas veces justificadas por la emergencia permanente. Por eso llamó la atención que Javier Milei llegara al poder con una propuesta tan definida: reemplazar la discrecionalidad por reglas de mercado y reducir al mínimo la participación del Estado en las decisiones económicas.

El manual sigue ahí, intacto. Y la gestión se referencia en sus máximas, aunque a veces algunos trazos, silenciosamente, se escapen de los márgenes. Y el sector energético se ha convertido en uno de los escenarios donde más claramente aparecen las tensiones entre la ortodoxia libertaria y las necesidades de gestión.

Actualizaciones, para después

La decisión más reciente fue volver a postergar la actualización total del impuesto a los combustibles. Aunque el Gobierno sostiene que busca normalizar precios relativos y eliminar distorsiones, optó una vez más por diferir parte de los aumentos que deberían trasladarse a los surtidores. La explicación es comprensible: evitar un impacto inflacionario adicional en un momento delicado. Pero el mecanismo no deja de ser una intervención directa sobre la formación de precios.

No es el único caso. También apareció un "buffer" o colchón para moderar las variaciones de los combustibles. El esquema busca amortiguar los movimientos bruscos derivados de la volatilidad internacional del petróleo y del tipo de cambio. El objetivo puede ser razonable desde el punto de vista político y económico, pero vuelve a introducir una lógica de administración de precios que se parece bastante a las herramientas que el propio oficialismo cuestionó durante años.

Quién puede cuestionar esas decisiones en un contexto de conflicto internacional, con el Brent volando alto y las bombas cruzando Medio Oriente por meses. La excepcionalidad es manifiesta y es cierto que el problema de fondo en estas tierras siempre pasó por transformar cualquier escenario en excepcional, de modo de hacer permanente las cuestiones extraordinarias.

Frente a esto, la actual administración llegó proclamando inflexibilidad a pesar de los costos a pagar. Pero con el tiempo, casi siempre, aparecen las excepciones.

estufa

Cuando el fío aprieta

Algo similar ocurre con el abastecimiento de gas para el invierno. La estrategia original apuntaba a avanzar hacia esquemas más abiertos y competitivos para la importación de GNL. Sin embargo, la urgencia de garantizar el suministro durante los meses de mayor consumo llevó al Gobierno a mantener mecanismos de coordinación estatal y a postergar transformaciones que, en teoría, debían llegar más rápido.

La lista podría ampliarse. La continuidad de subsidios energéticos para sectores residenciales, aunque más focalizados que en el pasado, responde a la misma lógica. También la decisión de preservar ciertas herramientas regulatorias mientras se consolidan las condiciones macroeconómicas para una apertura más profunda del mercado.

Nada de esto implica necesariamente un fracaso del programa económico. Más bien refleja una realidad conocida: gobernar es bastante más complejo que diseñar un plan teórico. Incluso los gobiernos más convencidos de las virtudes del mercado suelen encontrarse con situaciones en las que deben elegir entre la pureza doctrinaria y la estabilidad económica.

La excepción y la regla

La pregunta relevante no es si estas decisiones contradicen el ideario libertario. En buena medida, es evidente que lo hacen. La cuestión es si se trata de excepciones transitorias impuestas por las circunstancias o del comienzo de una adaptación más permanente entre teoría y práctica.

La experiencia argentina muestra que las emergencias suelen tener vocación de permanencia. Los controles que nacen como instrumentos temporales muchas veces terminan convirtiéndose en políticas estructurales. Por eso será importante observar qué ocurre cuando desaparezcan las urgencias que hoy justifican estas intervenciones.

Si el Gobierno logra avanzar hacia un esquema donde los precios reflejen plenamente las señales del mercado, las medidas actuales podrán interpretarse como concesiones tácticas. Pero si las excepciones se multiplican y se vuelven permanentes, quedará en evidencia que la realidad terminó imponiendo límites a una de las promesas.

Después de todo, la historia económica argentina está llena de gobiernos que llegaron dispuestos a cambiar las reglas y terminaron adaptándose a ellas. El desafío para Milei es demostrar que sus excepciones son eso: excepciones. Porque cuando las excepciones se vuelven la norma, la diferencia entre un modelo y otro empieza a desdibujarse.