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Control total y desembarco de inversiones: el proyecto de Trump para el petróleo venezolano

El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que diseñaron un plan en tres etapas. En la primera, Estados Unidos se hará cargo de la comercialización del crudo.

A menos de una semana de la captura de Nicolás Maduro, la administración de Donald Trump avanzó con una hoja de ruta energética que apunta a un control directo del petróleo de Venezuela y da un giro geopolítico en la región.

l plan combina intervención comercial, administración de ingresos y una convocatoria a grandes petroleras para reactivar una industria clave, con el objetivo declarado de influir sobre los precios globales y desplazar a Rusia y China del tablero caribeño.

Petróleo bajo tutela estadounidense y precios como objetivo

El corazón de la estrategia es aumentar la oferta de crudo mediante la reactivación de los campos venezolanos. De acuerdo con fuentes de la administración citadas por The Wall Street Journal, la Casa Blanca busca que el flujo de petróleo desde Venezuela, junto con un mayor bombeo interno, contribuya a bajar el barril hacia un umbral de US$50. La lógica es doble: aliviar el costo de la energía para el consumidor estadounidense y construir un bloque de producción con peso suficiente para incidir frente a la OPEP+.

El esquema anunciado implica que Estados Unidos asuma la comercialización del crudo venezolano, comenzando por los volúmenes almacenados y extendiendo ese control a la producción futura. Los ingresos se depositarían en cuentas bajo tutela estadounidense, orientadas a compras de bienes y servicios de origen norteamericano. En paralelo, Washington habilitó pasos operativos clave: envío de diluyentes para el Orinoco —sin los cuales el crudo extrapesado no puede transportarse— y trabajos sobre la red eléctrica venezolana, deteriorada tras años de desinversión.

La primera fase ya se activó con la salida al mercado de entre 30 y 50 millones de barriles retenidos en inventarios, una medida que, según el Gobierno, permite sumar oferta de corto plazo mientras se prepara la reactivación estructural.

Inversiones, transición y un cronograma en tres etapas

El plan energético se articula con una secuencia política que detalló el secretario de Estado Marco Rubio ante el Congreso. En sus palabras, la estrategia se divide en estabilización, recuperación y transición. “No queremos que esto descienda en el caos”, afirmó, al explicar que la primera etapa se apoya en una “cuarentena” que incluye la toma y venta de crudo para ordenar ingresos y evitar desvíos.

Sobre ese punto precisó: “Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen”.

Rubio también confirmó incautaciones de buques vinculados a exportaciones que violaban sanciones y adelantó un acuerdo para absorber el petróleo “estancado” en Venezuela: “Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen”.

La segunda fase, según detalló, apunta a la recuperación productiva con acceso “justo” al mercado para empresas estadounidenses y occidentales. En ese marco, Trump convocó a ejecutivos de Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips para coordinar inversiones de miles de millones de dólares en modernización de campos e infraestructura. La tercera etapa, según Rubio, culminaría en una transición política, con un proceso de reconciliación interna.

El desafío es el tiempo y el costo: expertos advierten que recomponer una industria devastada demandará inversiones sostenidas y al menos 18 meses para resultados visibles. Aun así, la Casa Blanca apuesta a que el control comercial y el desembarco de capitales aceleren un reordenamiento energético con impacto global.