China fabrica más acero que el resto del mundo junto: por qué eso afecta hasta a Techint

El gigante asiático produce cerca de mil millones de toneladas anuales. Por qué casi todos los países del mundo, incluida la Argentina, le ponen aranceles a China.

Acero

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Hay un número que explica buena parte de las tensiones comerciales que atraviesan hoy la industria pesada mundial: China fabricó, según cifras citadas por directivos del sector en 2025, alrededor de 961 millones de toneladas de acero líquido, cerca del 53% al 54% de toda la producción mundial. Dicho de otra forma, China produce por sí sola más acero que la suma de todos los demás países del planeta. No es la primera vez que ocurre —el país ya había sido, en 2020, el primero en superar las mil millones de toneladas anuales, con el 57% de la producción global de ese año—, pero la magnitud del fenómeno no dejó de crecer desde entonces.

El problema no es solo el volumen, sino lo que pasa cuando ese volumen no encuentra suficiente demanda interna. La construcción china, motor histórico del consumo doméstico de acero, viene desacelerándose desde hace años, y buena parte del excedente que el país ya no necesita puertas adentro termina saliendo al mercado internacional. Según la OCDE, la tasa de subsidios que el Estado chino destina a su industria siderúrgica es diez veces mayor que la de cualquier otro país miembro de la organización: subvenciones directas para construir hornos y fábricas, subsidios a la tierra y a la infraestructura, exenciones impositivas para la contratación de personal, energía subsidiada y créditos blandos a través de bancos estatales. Esa combinación le permite a China exportar acero a precios que ninguna industria sin ese respaldo estatal puede igualar.

El resultado es una distorsión que se siente en cadena, desde las grandes potencias industriales hasta un país como la Argentina. En Europa, la avalancha de acero barato llevó a Tata Steel a anunciar 1.600 despidos en su planta de los Países Bajos, mientras que en el conjunto de la Unión Europea se perdieron 18.000 empleos y se cerraron nueve millones de toneladas de capacidad productiva solo en 2024. En Estados Unidos, la respuesta fue directamente arancelaria: Washington impuso aranceles de hasta el 50% a la importación de acero proveniente de cualquier país, una medida que golpeó de lleno a México, cuya producción de productos terminados de acero cayó 8,1% en 2025 y cuyo consumo interno tuvo la mayor caída en la historia reciente del sector.

Cómo se traduce esto en la práctica

América Latina no quedó al margen. Según datos de la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero), las exportaciones chinas de acero terminado y semielaborado hacia la región crecieron 233% en 15 años, de unos 4 millones de toneladas en 2010 a 14,1 millones en 2024, y hoy representan la mitad de todas las importaciones de acero que hace la región, con picos de hasta el 45,4% en el caso de los productos laminados. La respuesta de cada país fue distinta: México aplica 16 medidas antidumping contra China y Brasil aplica 18, mientras que la Argentina, según ese mismo informe, aplica solo tres. En paralelo, el Gobierno de Javier Milei negocia con Estados Unidos un acuerdo que establecería una cuota de exportación de acero argentino libre de aranceles, en una lógica similar a la que ambos países habían firmado en 2018.

El fenómeno no se limita a los grandes números macroeconómicos: también se filtra en licitaciones puntuales, incluso dentro de la propia Argentina. Un ejemplo reciente es el de Tenaris, la subsidiaria de acero del Grupo Techint, que a comienzos de este año compitió por proveer los tubos del gasoducto de Southern Energy en Vaca Muerta y perdió frente a la india Welspun, pese a haber pedido igualar la mejor oferta. No se trató, en ese caso puntual, de un competidor chino, sino de una empresa india que también se beneficia de una estructura de costos globales donde el acero asiático —impulsado en gran medida por la sobreoferta que genera China— resulta estructuralmente más barato que el que puede ofrecer una acería con sede en la Argentina. Es, en cierto modo, el mismo fenómeno global replicado en una licitación local: cuando el mercado mundial del acero está inundado por la producción china, hasta un jugador tan grande como Techint termina compitiendo en desventaja.

Un tablero que China empezó a reordenar

Consciente de la magnitud del problema que generó, el propio Gobierno chino anunció un marco de regulación de su producción siderúrgica para el período 2026-2030, que busca llevar la producción anual por debajo de las mil millones de toneladas por primera vez desde 2019, algo que las autoridades del sector describen como una ruptura estructural y no un simple ajuste cíclico. A eso se suma un sistema de licencias de exportación, anunciado en diciembre de 2025 y con implementación prevista para este año, que cubre aproximadamente 300 categorías de productos de acero, desde bobinas y placas hasta aceros inoxidables y tubos terminados: el control de exportaciones más completo que China implementó hasta ahora en el sector.

Si esa regulación efectivamente reduce el excedente que hoy sale al mercado mundial, el impacto podría sentirse en cadenas productivas tan distintas entre sí como una acería europea, una planta mexicana o una licitación de tubos para un gasoducto patagónico. Mientras tanto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ya advirtió que, de no mediar cambios, el exceso de capacidad siderúrgica mundial podría escalar hasta 721 millones de toneladas hacia 2027, una cifra que buena parte de la industria global sigue mirando con atención.

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