La inteligencia artificial tiene sed: el costo oculto de los data centers en la Patagonia
Detrás de Tesla, Brito y el RIGI hay un objetivo no declarado: volver el agua y la energía de Vaca Muerta insumo barato de la Inteligencia artificial ajena. "Gas to digital" es el eufemismo con el que YPF y el Gobierno bautizaron la fiebre de los data centers
Control humano en un centro de datos de inteligencia artificial. El agua y la energía son vitales para su funcionamiento.
ShutterstockHay una frase que circula en los despachos de Neuquén y que, dicha en voz alta, suena casi a chiste: "Gas to Digital". La inventó el propio gobierno provincial para vender la idea de que el gas que se extrae en Vaca Muerta no tiene por qué quedarse en gas: puede convertirse en electricidad, la electricidad en cómputo, y el cómputo en la próxima gran promesa de divisas. El eslogan tiene la elegancia de todo eufemismo bien armado. Lo que no dice es quién paga la cuenta de agua.
Conviene mirar la secuencia completa, porque tomada de a un hecho por vez parece anecdótica y tomada en conjunto es una política. Horacio Marín visitó la Gigafactory de Tesla en Texas y volvió con una carta de intención que incluye, además de cargadores, un proyecto de centro de datos en Neuquén que YPF Luz alimentaría con gas de Vaca Muerta. Jorge Brito subió a un panel de la OEA en Panamá a explicar que la Argentina puede ser "un polo global de energía e inteligencia artificial" combinando Vaca Muerta, GNL, eólica patagónica y solar del NOA, con el RIGI como bisagra jurídica. Sur Energy y OpenAI ya firmaron, en octubre, una carta de intención por un data center de hasta 500 megavatios en algún punto entre Senillosa y Arroyito. Ninguno de estos anuncios es casualidad ni competencia espontánea entre privados: son la misma apuesta, contada por tres bocas distintas, con el mismo país de origen detrás de la mayoría de las fichas.
Agua fresca para cada molino
Y conviene no quedarse en el anuncio, porque la palabra "data center" funciona como anestesia retórica: suena a software, a nube, a algo que no pesa. Una nota de Minergy.ar, firmada por Ignacio Rovira, ya lo había puesto en números que conviene repetir antes de creerle al eufemismo: los centros de datos vinculados a inteligencia artificial consumieron unos 500 teravatios-hora a nivel global en 2025, y las proyecciones más agresivas hablan de hasta 1.587 TWh para 2030, entre el 2,5% y el 4% de toda la electricidad que se consume en el planeta. Se define con la palabra exacta: una nueva industria pesada. Y como toda industria pesada, no flota: consume agua de refrigeración en volúmenes que pueden alcanzar miles de millones de litros anuales por instalación, equivalentes al abastecimiento de una ciudad mediana. Existen tecnologías de refrigeración líquida que recortan ese consumo hasta un 90%, pero todavía están lejos de escalar. Nadie en los anuncios de Neuquén mencionó cuál de las dos tecnologías va a usar.
Los pomposos comunicados de prensa nunca lo dirán: esto no es solo un negocio energético, es geopolítica de manual. Estados Unidos no necesita el petróleo argentino -tiene el Permian, tiene shale propio de sobra-. Lo que necesita es electricidad barata y agua disponible para sostener una carrera de cómputo que China también está corriendo, y la Patagonia le ofrece ambas cosas a un precio que en Texas o en Virginia ya no consigue. Que el propio Musk compita ahí afuera con inversiones chinas no es un detalle de color: es el motivo central por el que de repente todos quieren un terreno en Confluencia.
Entre silencios y narrativas
La pregunta incómoda, la que ningún funcionario contesta en el panel de la OEA, es de dónde sale el agua local, no la global. Un informe de Chequeado lo puso por escrito sin vueltas: en el país no existe ninguna regulación específica para mega data centers, y la propia Secretaría de Ambiente de Neuquén lo reconoció. No hay norma sobre cuánta agua puede consumir un centro de cómputo en una zona árida, ni sobre cómo se reparte esa agua entre la industria del fracking, las comunidades y un nuevo huésped que llega pidiendo refrigeración a escala industrial. Mientras tanto, a pocos kilómetros de donde se discuten los megavatios, una lonko mapuche describe la vida cotidiana en una frase que debería avergonzar a cualquier funcionario que use la palabra "previsibilidad" en un foro internacional: dependen de pedirle agua a la industria petrolera, llenando charcos con lo que les dejan.
Y el gas tampoco sobra. Justo cuando Tesla negocia su tajada, la propia consultora McKinsey -la misma que el sector cita como evangelio cuando habla de exportar GNL- advirtió que Vaca Muerta necesita entre 125.000 y 170.000 millones de dólares en la próxima década solo para no perder el tren de sus propios proyectos de exportación. La cuenca todavía no logró financiar su propia infraestructura de transporte y ya se le pide que reparta gas con un consumidor nuevo, de apetito industrial, que no exporta nada: consume cómputo para servidores que están en otro continente.
Hoy la narrativa pasa por el "polo global de energía e inteligencia artificial", el "hub", la de la previsibilidad de 30 años, la del Súper RIGI esperando turno en el Congreso con los data centers como sector prioritario. Es una narrativa que suena a futuro y que, casualmente, nunca menciona el agua.
