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Tierras raras: cuál es el mineral que China tiene como carta silenciosa para la energía eterna

El torio es más abundante que el uranio y despierta interés como combustible nuclear alternativo. China ya pisó en punta y pasó de la teoría al laboratorio.

En medio de titulares grandilocuentes sobre una supuesta fuente de energía para “60.000 años”, China volvió a quedar en el centro del debate energético global. Detrás del ruido mediático no hay un descubrimiento milagroso, pero sí una combinación poderosa: reservas minerales significativas, planificación estatal y avances tecnológicos concretos en uno de los combustibles nucleares alternativos más estudiados del último siglo: el torio.

La narrativa exagerada parte de un hecho real. China posee importantes concentraciones de torio asociadas a grandes distritos mineros, especialmente en zonas del norte del país como Bayan Obo, en Mongolia Interior. Allí, el torio aparece como subproducto de la explotación de tierras raras, un sector que Pekín domina con una lógica estratégica de largo plazo.

Un recurso conocido, nueva ambición china

El torio no es un mineral exótico ni un hallazgo reciente. Es un elemento ligeramente radiactivo, más abundante que el uranio en la corteza terrestre, que desde hace décadas despierta interés como combustible nuclear alternativo. La diferencia es que, hasta ahora, ningún país había logrado pasar del concepto a una aplicación sostenida.

China decidió intentarlo. A diferencia del uranio tradicional, el torio no se fisiona directamente. Debe transformarse en uranio-233 para liberar energía, un proceso más complejo, pero con ventajas claras: menor generación de residuos de larga vida, menores riesgos de proliferación nuclear y sistemas potencialmente más seguros desde el punto de vista operativo.

Además de ser más seguro, el torio también es más eficiente en términos de utilización de combustible. Se estima que un kilogramo de torio puede producir más energía que una tonelada de uranio. Esta mayor eficiencia podría conducir a una reducción en los costos de producción de electricidad y una mayor disponibilidad de energía para el desarrollo y el bienestar de la sociedad.

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Torio

De la teoría al laboratorio

Otro aspecto destacado del uso de torio es su capacidad para reducir significativamente la generación de residuos nucleares de larga vida. A diferencia de los desechos de uranio, los desechos de torio tienen una vida media mucho más corta y su radiactividad disminuye rápidamente, lo que facilita su gestión y almacenamiento seguro.

Donde China empieza a marcar diferencia es en los hechos. El país no solo estudia el torio, sino que invierte de manera sostenida en reactores experimentales, especialmente en reactores de sales fundidas, la tecnología más prometedora para este tipo de combustible.

En 2023 y 2024, China puso en marcha y estabilizó uno de los primeros reactores experimentales de sales fundidas con torio del mundo, un logro técnico relevante que pocos países pueden mostrar. Si bien se trata de una instalación de baja potencia, el objetivo no es comercial inmediato, sino validar materiales, procesos y sistemas de seguridad para una eventual escalabilidad futura.

Este avance posiciona a China varios pasos por delante de Occidente, donde muchos programas de torio quedaron archivados tras la Guerra Fría.

El número que generó confusión

El famoso cálculo de los “60.000 años” de energía asegurada surge de una proyección teórica: si se considera el volumen total de torio disponible, su potencial energético y el consumo actual de China, el resultado arroja una cifra descomunal. Pero ese número no implica disponibilidad real ni inmediata, ni mucho menos un horizonte energético garantizado.

Se trata de potencial acumulado, condicionado a que la tecnología funcione, sea económicamente viable y logre aprobación regulatoria. Hoy, ninguna de esas variables está resuelta del todo.

Para China, el torio no es una solución urgente, sino una apuesta estratégica. El país ya cuenta con carbón, renovables, nuclear convencional y una fuerte expansión en almacenamiento y redes. El torio aparece como una pieza más en un tablero donde la prioridad es reducir dependencias externas y liderar tecnologías críticas.

En ese marco, el verdadero dato relevante no es cuánto dura el torio en una planilla de cálculo, sino que China ya logró lo que pocos: pasar del discurso a la experimentación real, con recursos, continuidad y respaldo político.

El resto del mundo observa. Porque si el torio alguna vez deja de ser una promesa académica para convertirse en energía operativa, China quiere estar —otra vez— en la primera fila.