En tierras raras, China marca el ritmo mundial: el impacto estratégico y la disputa con EE.UU.
Clave para la transición energética, la defensa y la tecnología avanzada, las tierras raras son un insumo central de la disputa entre China y EE.UU.
La mina de tierras raras de Mountain Pass, en California, es la única de ese tipo en operación en Estados Unidos.
Getty ImagesLas tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos indispensables para la economía moderna. Aunque no son escasas en términos geológicos, su explotación rentable y sobre todo su procesamiento industrial requieren tecnología, escala y planificación de largo plazo.
De estos minerales dependen sectores críticos como los autos eléctricos, las energías renovables, la electrónica avanzada y los sistemas militares de última generación.
El dominio de China
El dominio chino adquirió una dimensión política explícita durante los años de Donald Trump en la Casa Blanca. En plena guerra comercial con Estados Unidos, Pekín dejó en claro que las tierras raras podían convertirse en un arma estratégica, insinuando restricciones a las exportaciones como respuesta a los aranceles estadounidenses. El mensaje fue directo: sin acceso a estos minerales, buena parte de la industria tecnológica y militar occidental queda expuesta.
Trump reaccionó impulsando una agenda de “seguridad de suministro” que incluyó la reapertura de minas en territorio estadounidense, acuerdos con países aliados y un intento por reconstruir capacidades de procesamiento fuera de China. Sin embargo, los avances fueron limitados. Estados Unidos sigue contando con reservas relativamente modestas —alrededor de 1,9 millones de toneladas— y, en muchos casos, aún depende de plantas chinas para refinar su propia producción.
Brasil, otro actor
Brasil aparece como una paradoja estratégica. Con unas 21 millones de toneladas de reservas, representa cerca del 23% del total mundial, pero su participación en la producción global es inferior al 1%.La falta de infraestructura, inversión y una política industrial orientada a capturar valor limita su rol en una cadena dominada por China.
Otros actores intentan ocupar espacios alternativos. Australia, con 5,7 millones de toneladas, se consolidó como el principal proveedor no chino gracias a proyectos mineros operativos y alianzas estratégicas con Washington. India, Vietnam y Rusia cuentan con recursos relevantes, pero todavía sin peso decisivo en el mercado global.
La disputa por las tierras raras expone una realidad incómoda para Occidente: no alcanza con tener reservas ni con voluntad política. El cuello de botella está en el procesamiento, un terreno donde China lleva años de ventaja. En un escenario de creciente rivalidad estratégica —que el regreso de Trump promete reactivar— estos minerales dejan de ser un insumo más para convertirse en una herramienta de poder. Y, por ahora, el ritmo lo sigue marcando Pekín.

