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Naftas: el Gobierno contiene los precios, pero el petróleo y los impuestos meten presión

El precio de los combustibles no está congelado, sino contenido, advierte un informe de la Universidad Austral que señala la presión del petróleo y los impuestos.

Factores de presión: El precio internacional del petróleo, la paridad de importación y los impuestos pendientes inciden en la estabilidad.

Factores de presión: El precio internacional del petróleo, la paridad de importación y los impuestos pendientes inciden en la estabilidad.

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La calma que muestran los precios de las naftas en los surtidores podría no sostenerse durante los próximos meses. Un análisis del Instituto de Energía de la Universidad Austral advierte que la estabilidad actual responde a una estrategia de contención y que existen varios factores que podrían trasladarse gradualmente al precio final de los combustibles.

El diagnóstico llega luego del último incremento aplicado por YPF, de alrededor del 1%, y en un escenario marcado por la evolución del petróleo internacional, los impuestos sobre los combustibles y la diferencia entre los precios domésticos y la paridad de importación.

Según el director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, Roberto Carnicer, el precio de los combustibles no está congelado, sino “contenido”. Esa diferencia es clave porque implica que parte de los costos que presionan sobre el mercado todavía no fueron trasladados completamente al consumidor.

Tres factores que presionan sobre las naftas

El escenario tiene tres variables principales. La primera es el precio internacional del petróleo, cuya evolución impacta directamente sobre el costo de producción y refinación.

La segunda es la diferencia entre los precios locales de los combustibles y la paridad de importación de los refinados, una referencia que permite determinar cuánto costaría abastecer el mercado argentino comprando combustibles en el exterior.

El tercer factor son los impuestos que fueron postergados y que todavía no se trasladaron completamente al precio final. “El precio de los combustibles hoy no está congelado, sino contenido. Y cuando un precio está contenido, lo que existe es una presión acumulada que en algún momento termina trasladándose”, explicó Carnicer.

YPF extendió el esquema denominado “buffer”, una herramienta destinada a amortiguar el impacto de los movimientos internacionales del crudo sobre los precios internos.

El mecanismo permite evitar que una suba fuerte del petróleo se refleje inmediatamente en los surtidores. Para el consumidor, esto implica mayor estabilidad en el corto plazo; para el mercado, significa que parte de la diferencia queda temporalmente absorbida y puede trasladarse más adelante.

Carnicer señaló que la herramienta tiene un efecto relevante sobre la inflación porque evita un aumento brusco que podría repercutir sobre el transporte, la logística y los costos de producción. Pero el especialista advirtió que el mecanismo no elimina el costo, sino que posterga su impacto.

El desafío será entonces sostener el crecimiento exportador de la industria energética sin generar un atraso artificial de los precios internos que termine afectando la inversión, la refinación o el abastecimiento.

El desafío será entonces sostener el crecimiento exportador de la industria energética sin generar un atraso artificial de los precios internos que termine afectando la inversión, la refinación o el abastecimiento.

Impuestos: otro factor a seguir

A la presión del petróleo se suma el componente impositivo. El Decreto 302/2026 estableció una actualización parcial de los impuestos sobre los combustibles y dejó pendiente para junio la aplicación de los incrementos restantes.

Si esos ajustes finalmente se trasladan al precio final, podrían generar una nueva presión sobre las naftas y el gasoil. El resultado dependerá de la evolución del petróleo internacional y de la estrategia que adopten las petroleras para trasladar los mayores costos.

Uno de los sectores que podría sentir con mayor intensidad un eventual aumento es el agro, debido al peso del combustible en sus costos operativos. El gasoil premium utilizado por el sector mantiene, de acuerdo con el análisis de la Universidad Austral, un atraso significativo respecto de las referencias internacionales.

Un aumento del combustible impactaría así no solamente en los consumidores que cargan en las estaciones de servicio, sino también en los costos de producción y transporte de bienes. Ese efecto puede trasladarse posteriormente a otros segmentos de la economía, especialmente en actividades con alta utilización de logística y transporte terrestre.

El dilema de Vaca Muerta

La situación genera además una contradicción para la política energética argentina. Un petróleo internacional más caro puede beneficiar a Vaca Muerta, porque mejora el atractivo de las exportaciones, incrementa los ingresos potenciales de los productores y puede favorecer nuevas inversiones en shale oil.

Pero, al mismo tiempo, ese mismo escenario encarece el costo de los combustibles en el mercado interno. “Un petróleo más caro favorece a Vaca Muerta, mejora las exportaciones y fortalece las inversiones en shale oil. Pero al mismo tiempo encarece los combustibles internos y genera tensión sobre consumidores, empresas y transporte”, explicó Carnicer.

El desafío será entonces sostener el crecimiento exportador de la industria energética sin generar un atraso artificial de los precios internos que termine afectando la inversión, la refinación o el abastecimiento.

Por ahora, los surtidores mantienen una relativa estabilidad. Sin embargo, detrás de esa calma permanecen costos pendientes y variables internacionales que podrían comenzar a trasladarse en los próximos meses.

La clave estará en cuánto dure el actual esquema de contención y qué combinación de petróleo internacional, impuestos y paridad de importación termine definiendo el próximo movimiento de las naftas.

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