Argentina y Canadá buscan actualizar un acuerdo clave para impulsar nuevas inversiones en minería y energía
Los gobiernos de ambos países negocian la modernización del tratado de protección recíproca de inversiones firmado hace más de tres décadas.
Argentina y Canadá comenzaron a negociar la actualización del Convenio para la Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras (FIPA), un acuerdo bilateral firmado en 1992 que sentó las bases para la llegada de capitales canadienses al país y que hoy busca adecuarse a un escenario económico y productivo muy distinto al de hace más de 30 años.
La novedad fue confirmada por el embajador de Canadá en la Argentina, Stewart Wheeler, quien explicó que ambos gobiernos trabajan en la modernización del tratado para brindar un marco jurídico más actualizado a las inversiones. El proceso avanza en paralelo con las negociaciones para un eventual acuerdo de libre comercio entre Canadá y el Mercosur y con un renovado interés de compañías canadienses por desembarcar o ampliar su presencia en el país.
Desactualizado
El FIPA fue firmado durante la década de 1990 con el objetivo de otorgar previsibilidad y protección legal a las inversiones de ambos países. Desde entonces, Canadá se consolidó como uno de los principales inversores extranjeros en la minería argentina y también desarrolló proyectos vinculados al petróleo, el gas y la energía. Sin embargo, el acuerdo quedó desactualizado frente a los cambios regulatorios, tecnológicos y comerciales que atravesó la economía global durante las últimas tres décadas.
La actualización cobra especial relevancia en un momento en que Argentina busca captar inversiones para desarrollar sus recursos minerales y energéticos. El país concentra algunos de los proyectos de cobre más importantes del mundo —como Vicuña, Los Azules, Josemaría, Taca Taca y MARA—, muchos de ellos liderados precisamente por empresas canadienses. A ello se suma el crecimiento de Vaca Muerta y la expansión de las exportaciones de petróleo y gas, sectores que también despiertan interés entre inversores del país norteamericano.
Clima de negocios
En ese contexto, Wheeler aseguró que el clima de negocios cambió significativamente durante el último año y afirmó que cada vez más empresas canadienses consultan a la embajada sobre oportunidades de inversión en la Argentina. El diplomático incluso señaló que es "el primer embajador canadiense en una generación" que se muestra optimista respecto de las perspectivas económicas del país.
El interés canadiense no es casual. Canadá es uno de los principales centros financieros del mundo para la industria minera y la Bolsa de Toronto concentra buena parte de las empresas junior y grandes productoras que financian proyectos de exploración y desarrollo en América Latina. De hecho, una porción significativa de los proyectos de cobre, oro y litio que se encuentran en distintas etapas de avance en la Argentina pertenece a compañías con sede o cotización en ese país.
La eventual modernización del acuerdo también podría complementarse con otras medidas adoptadas por el Gobierno argentino para atraer inversiones, como la creación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la simplificación del Régimen de Inversiones para la Actividad Minera y las iniciativas orientadas a fortalecer la seguridad jurídica para proyectos de largo plazo.
Para la Argentina, el fortalecimiento del vínculo con Canadá trasciende la minería. Además de los proyectos cupríferos y de litio, el país norteamericano posee experiencia y empresas de primer nivel en petróleo, gas, infraestructura energética, servicios para la industria y financiamiento de grandes emprendimientos. La actualización del FIPA apunta justamente a crear un marco más moderno para canalizar ese flujo de inversiones en un momento en que la energía y la minería aparecen como los principales motores del crecimiento exportador argentino.
