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Estudio

Menor ley de cobre, más procesamiento y agua de mar: los factores del alza energética en la minería chilena

Un estudio de Cochilco estima que la demanda eléctrica del cobre llegará a 33,2 TWh en 2034, con un crecimiento que duplica al de la producción.

La proyección de consumo eléctrico para la minería del cobre en Chile hacia el período 2025–2034 muestra un desfasaje claro entre energía y producción. El estudio elaborado por Cochilco estima que la demanda pasará de 27,6 TWh a 33,2 TWh, un incremento de 20,2%, mientras que la producción de cobre crecería 8,3% en el mismo horizonte. La diferencia no está asociada a un salto en los volúmenes, sino a las condiciones en las que se produce.

El punto de partida está en el propio recurso. La caída de las leyes y la mayor dureza del mineral obligan a mover y procesar más material para sostener el nivel de cobre fino, lo que empuja el consumo en las etapas más intensivas. En ese esquema, la concentración pasa a concentrar la mayor demanda y alcanza 18,1 TWh hacia 2034, en línea con un sistema que procesa más toneladas por unidad de metal obtenido .

Ese comportamiento se cruza con un cambio en la matriz productiva. La participación de los concentrados se amplía y arrastra consigo el consumo eléctrico: la energía asociada a este tipo de producto crece de 20,5 a 26,0 TWh en el período, mientras que la hidrometalurgia pierde peso y reduce su consumo de 4,2 a 3,5 TWh, en línea con la menor disponibilidad de óxidos. La estructura resultante se apoya en procesos que requieren más electricidad por tonelada producida.

Condiciones operativas

A esto se suma un componente que gana peso en la operación. El uso de agua de mar, incorporado como respuesta a restricciones hídricas, introduce una demanda adicional vinculada a desalación e impulsión, que pasa de 3,4 a 5,4 TWh entre 2025 y 2034. El transporte desde la costa hacia faenas en altura se integra así al consumo energético del sistema.

En paralelo, la configuración de las operaciones también empuja la demanda. El desarrollo de yacimientos más profundos, el crecimiento de la minería subterránea y la expansión de proyectos agregan requerimientos eléctricos asociados a extracción, ventilación y servicios. Hacia el final del período, una parte relevante del consumo proyectado se vincula a iniciativas en cartera, consolidando una tendencia donde producir cobre exige cada vez más energía bajo las condiciones actuales del recurso y de operación.