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¿Qué es el etano y por qué puede convertirse en uno de los negocios más rentables de Vaca Muerta?

La separación de líquidos asociados del gas de Vaca Muerta abre un abanico de negocios que tiene al etano como principal potencial a nivel industrial.

La mayoría de los argentinos escuchó hablar del petróleo. Muchos ya están familiarizados con el gas natural. Pero muy pocos saben qué es el etano. Sin embargo, detrás de esa palabra casi desconocida para el público se esconde uno de los recursos más valiosos del desarrollo de Vaca Muerta y una de las mayores oportunidades industriales que tiene hoy la Argentina.

En los últimos meses, el etano comenzó a aparecer cada vez más en las conversaciones de empresarios, funcionarios y especialistas. Fue uno de los temas recurrentes durante la reciente Jornada de la Industria Petroquímica organizada por el Instituto Petroquímico Argentino (IPA) y también ocupa un lugar central en proyectos como el que impulsan TGS, YPF y Chevron para procesar líquidos asociados al gas natural.

La razón es simple: el etano puede valer mucho más que el gas del que proviene.

Un pasajero oculto dentro del gas

Cuando se extrae gas natural de Vaca Muerta, lo que sale del subsuelo no es únicamente metano, el combustible que llega a los hogares, las industrias o las centrales eléctricas. Ese gas contiene además pequeñas cantidades de otros hidrocarburos más pesados. Entre ellos aparecen el propano, el butano, la gasolina natural y el etano.

Durante años, para buena parte de la industria energética el negocio consistía simplemente en extraer el gas y venderlo como combustible.

Pero la experiencia internacional demostró que muchas veces el verdadero valor no está en el gas en sí mismo, sino en los componentes que viajan mezclados dentro de él. Y ahí es donde entra en escena el etano.

La materia prima de miles de productos cotidianos

Aunque casi nadie lo conozca, el etano está presente en una enorme cantidad de objetos que utilizamos todos los días. Su principal destino es la producción de etileno, considerado uno de los bloques básicos de la industria petroquímica moderna.

A partir del etileno se fabrica polietileno, el plástico más utilizado del planeta.

Las bolsas de supermercado, los envases de alimentos, las botellas, los caños para agua y gas, los aislantes eléctricos, buena parte de los materiales utilizados en medicina y miles de productos industriales tienen su origen en esa cadena.

En otras palabras, el etano no termina convertido en energía. Termina convertido en industria.

shale oil

¿Por qué todos hablan de él?

Porque transforma completamente la ecuación económica. Una molécula de gas natural utilizada como combustible genera un determinado ingreso. Esa misma molécula separada como etano, transformada en etileno y luego convertida en productos petroquímicos multiplica varias veces el valor generado a lo largo de la cadena.

No es el componente más abundante ni el más conocido, pero sí uno de los que más valor puede aportar.

Durante la jornada del IPA, la presidenta de Dow para la Región Sur de América Latina, Dolores Brizuela, sintetizó el entusiasmo que existe en el sector. “Hoy estamos muy esperanzados con volver a crecer. Las materias primas competitivas están, y el mundo va a necesitar que los productos petroquímicos vengan de lugares menos vulnerables a los conflictos”, afirmó.

El viejo debate argentino

La discusión alrededor del etano también reabre un debate histórico de la economía argentina. ¿Es mejor exportar materias primas o transformarlas localmente? Exportar gas genera divisas. Exportar petróleo también.

Pero una vez que la molécula sale del país, buena parte del valor agregado, el empleo industrial y el desarrollo tecnológico se generan en otro lugar. La petroquímica plantea una alternativa distinta. En lugar de vender únicamente recursos naturales, propone convertir una parte de ellos en productos industriales antes de exportarlos. La diferencia no es menor.

Una planta petroquímica demanda inversiones multimillonarias, emplea trabajadores calificados, moviliza proveedores industriales y genera actividad económica durante décadas. Por eso, cada vez que en el sector se habla de etano, en realidad también se está hablando de empleo, industria y desarrollo.

“Sería una pena exportarlo sin procesar”

La discusión sobre el etano dejó de ser teórica. A medida que crece la producción de gas en Vaca Muerta, la Argentina deberá decidir qué hacer con volúmenes cada vez mayores de este hidrocarburo.

Una alternativa es exportarlo directamente como materia prima. La otra es transformarlo localmente en productos petroquímicos de mayor valor agregado. El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, dejó en claro cuál considera que debería ser el camino.

“Sería una pena que nos frenemos ahí cuando podés seguir agregando valor”, afirmó al referirse a la posibilidad de exportar etano sin procesar. Y fue aún más explícito sobre su preferencia: “Prefiero hacer polietileno. Hay etano para hacer las dos cosas”.

La definición no es menor. El polietileno es el plástico más utilizado del mundo y constituye la materia prima de miles de productos industriales y de consumo masivo. Transformar etano en polietileno implica incorporar empleo, inversiones, tecnología y actividad económica a lo largo de toda la cadena productiva.

Marín sostuvo además que Argentina cuenta con ventajas competitivas para avanzar en esa dirección. Según explicó, el país dispone de recursos abundantes, costos competitivos y capital humano especializado para desarrollar nuevas inversiones petroquímicas cuando el mercado global vuelva a equilibrarse.

El espejo de Estados Unidos

La revolución del shale en Estados Unidos ofrece una referencia concreta de lo que puede ocurrir. Cuando comenzó el boom de producción de gas y petróleo no convencional, muchas compañías entendieron rápidamente que el gran negocio no estaba solamente en vender energía.

La abundancia de etano impulsó inversiones por decenas de miles de millones de dólares en plantas petroquímicas, fertilizantes, plásticos y productos químicos. La consecuencia fue la creación de polos industriales completos alrededor de la nueva producción energética.

Muchos especialistas creen que Argentina podría replicar parte de ese proceso. No a la escala estadounidense, pero sí en una dimensión suficiente para transformar el perfil exportador de la industria.

¿Cuánta plata hay en juego?

Las cifras ayudan a entender la magnitud de la oportunidad. El proyecto recientemente impulsado por TGS junto con YPF y Chevron contempla inversiones cercanas a los US$ 3.000 millones para recuperar y procesar líquidos asociados al gas de Vaca Muerta.

Las estimaciones del sector indican que sólo esa iniciativa podría generar exportaciones del orden de los US$ 1.200 millones anuales.

Y eso representa apenas una parte del potencial disponible. A medida que aumente la producción de gas rico en Vaca Muerta, también crecerá la disponibilidad de etano.

Algunos estudios del sector estiman que la producción potencial de etano podría multiplicarse varias veces durante la próxima década, acompañando el crecimiento proyectado del shale gas. La clave será contar con infraestructura suficiente para capturarlo, transportarlo y procesarlo.