NGL: Qué son los líquidos del gas y por qué la petroquímica está ante una oportunidad histórica
Con el etano como principal apuesta, la industrialización de gases asociados abre una puerta para un cambio en la matriz productiva del país.
Durante años, el desarrollo de Vaca Muerta estuvo asociado al petróleo, los gasoductos y, más recientemente, a los proyectos de exportación de GNL. Sin embargo, detrás de esos grandes anuncios existe otro negocio que comienza a ganar protagonismo y que para buena parte de la industria podría convertirse en el próximo gran salto de valor agregado de la Argentina: los líquidos asociados al gas natural.
La importancia estratégica de estos productos quedó reflejada esta semana durante la Jornada de la Industria Petroquímica organizada por el Instituto Petroquímico Argentino (IPA), donde empresarios, especialistas y ejecutivos coincidieron en un diagnóstico común: el país tiene una oportunidad inédita para transformar la abundancia de recursos energéticos de Vaca Muerta en producción industrial, exportaciones y empleo.
Las referencias aparecieron una y otra vez a lo largo del encuentro. En los paneles técnicos y empresariales se repitió una misma idea: la Argentina ya no debe conformarse con exportar gas o petróleo. El desafío es capturar más valor dentro de la cadena productiva.
Y en ese debate hubo un protagonista indiscutido: el etano.
El etano, la joya de la corona
Cuando se extrae gas natural de Vaca Muerta no se obtiene únicamente metano, el combustible que llega a hogares, industrias y centrales eléctricas. El gas también contiene otros hidrocarburos de alto valor económico conocidos como líquidos del gas natural o NGL (Natural Gas Liquids).
Entre ellos se destacan el etano, el propano, el butano y la gasolina natural. Para la industria petroquímica, el más valioso es el etano.
La razón es simple: constituye la materia prima fundamental para producir etileno, uno de los bloques básicos de la petroquímica moderna. A partir del etileno se fabrican polietilenos y una enorme variedad de plásticos utilizados en envases, electrodomésticos, autopartes, productos médicos, materiales para la construcción y miles de aplicaciones industriales.
Por eso, dentro del sector suele describirse al etano como la verdadera joya escondida dentro del gas de Vaca Muerta.
Mientras el propano, el butano y la gasolina natural tienen mercados energéticos relativamente consolidados, el etano ocupa un lugar especial porque multiplica varias veces el valor económico de la molécula original. Cada tonelada recuperada y procesada localmente abre la puerta a nuevas cadenas industriales y exportaciones de mayor valor agregado.
Durante la jornada del IPA, Dolores Brizuela, presidenta de Dow para la Región Sur de América Latina, destacó precisamente la oportunidad que se abre para la petroquímica argentina.
“Hoy estamos muy esperanzados con volver a crecer. Las materias primas competitivas están, y el mundo va a necesitar que los productos petroquímicos vengan de lugares menos vulnerables a los conflictos”, afirmó.
Su planteo refleja una tendencia global. Las tensiones geopolíticas, los problemas logísticos y la creciente competencia entre bloques económicos están llevando a muchas industrias a buscar proveedores alternativos de materias primas y productos petroquímicos.
Propano y butano: energía para millones de personas
Además del etano, Vaca Muerta produce importantes volúmenes de propano y butano.
Ambos productos son ampliamente utilizados para abastecer el mercado de Gas Licuado de Petróleo (GLP), que sigue siendo fundamental para millones de hogares en todo el mundo que no cuentan con acceso a redes de gas natural.
En Argentina tienen una importancia social significativa porque forman parte de la matriz energética de numerosas localidades y zonas rurales.
Además, poseen una demanda consolidada en mercados internacionales, lo que los convierte en una fuente relevante de exportaciones.
A medida que la producción de shale gas continúe creciendo, también aumentará la disponibilidad de estos productos, ampliando las oportunidades comerciales para el país.
Gasolina natural: un insumo poco conocido pero estratégico
El cuarto gran componente es la gasolina natural.
Aunque recibe menos atención pública que el etano o el GLP, se trata de una mezcla de hidrocarburos livianos con múltiples aplicaciones industriales. Puede utilizarse como insumo petroquímico o incorporarse a procesos de refinación para mejorar la producción de combustibles.
Su recuperación permite capturar valor adicional de la producción gasífera y optimizar el aprovechamiento integral de los recursos de Vaca Muerta.
Del gas a los fertilizantes
La cadena de valor del gas natural no termina en los plásticos. Otra de sus aplicaciones más importantes es la producción de amoníaco y fertilizantes nitrogenados, un insumo clave para la agricultura moderna.
Durante la jornada del IPA, el CEO de Profertil, Marcos Sabelli, recordó la estrecha relación que existe entre energía y seguridad alimentaria.
“Cuando hablas de fertilizantes, estás hablando de comida. El 50% de todo lo que comemos existe gracias a los fertilizantes minerales. No solo le agregamos valor al gas: contribuimos con un nutriente fundamental para el campo argentino, que produce alimentos para Argentina y para el mundo”, sostuvo.
Sabelli también puso en perspectiva la dimensión del recurso disponible. “Antes teníamos un yacimiento; hoy tenemos un play entero, tan competitivo o más que los mejores plays de Estados Unidos. Hoy es el momento de estar en la petroquímica”, afirmó.
La lección del shale estadounidense
La experiencia internacional ayuda a comprender por qué la industria observa con tanta expectativa el crecimiento de Vaca Muerta.
La revolución del shale en Estados Unidos no sólo transformó al país en una potencia petrolera y gasífera. También impulsó una ola de inversiones petroquímicas por decenas de miles de millones de dólares gracias a la disponibilidad de etano abundante y competitivo.
Nuevas plantas de etileno, polietileno, fertilizantes y productos químicos fueron construidas para aprovechar esa ventaja. Muchos empresarios consideran que Argentina podría recorrer un camino similar, aunque adaptado a una escala menor.
La diferencia es que el país todavía se encuentra en una etapa temprana de ese proceso. Pero si es por costos, la comparación sigue siendo provechosa. Queda, claro está, la capacidad para aprovechar la oportunidad.
El proyecto que encendió las expectativas
El renovado interés por los líquidos del gas quedó reflejado esta semana en el acuerdo alcanzado entre TGS, YPF y Chevron para avanzar con una iniciativa que contempla inversiones cercanas a los US$ 3.000 millones.
El proyecto busca recuperar, transportar y procesar los líquidos asociados al gas producido en Vaca Muerta, generando exportaciones estimadas en alrededor de US$ 1.200 millones anuales.
La iniciativa es considerada por muchos especialistas como uno de los pasos más importantes hacia una nueva etapa del desarrollo energético argentino.
Hasta ahora, el foco estuvo puesto en aumentar la producción y construir infraestructura para evacuar petróleo y gas. Ahora comienza a emerger una agenda vinculada a la industrialización de esos recursos.
Además de la separación de NGL en Bahía Blanca, que abastecerá al polo petroquímico de esa ciudad, el proyecto Argentina LNG, impulsado por YPF junto al Gobierno de Río Negro, incorpora una planta de separación y fraccionamiento de los líquidos del gas natural en la costa del Golfo San Matías.
Mucho más que una inversión energética
Para Tomás Córdoba, CEO de Compañía Mega, la oportunidad es clara.
“Argentina tiene la oportunidad de ser un proveedor competitivo de productos petroquímicos. Somos artesanos en diseñar alternativas eficientes con esta nueva realidad”, señaló.
Pero los empresarios también advirtieron que aprovechar esta ventana requerirá estabilidad, previsibilidad e inversiones de largo plazo.
“Cuando uno invierte en petroquímica apuesta por un país, no por un gobierno. El calendario de esta industria no se mide en trimestres ni en mandatos presidenciales, sino en generaciones”, sostuvo Micael Sielecki, de Petrocuyo.
A su vez, el ejecutivo alertó sobre el crecimiento de la capacidad industrial china y la necesidad de sostener una visión estratégica para el desarrollo local. “La soberanía petroquímica es fundamental, y en Argentina la tenemos y la podemos seguir construyendo”, afirmó.
En la misma línea, Guillermo Petracci, de Unipar, sostuvo que el país atraviesa una transformación más profunda que un simple ciclo de inversiones. “No estamos frente a una expansión más: estamos ante una reconfiguración industrial. Argentina entra inevitablemente en una reconfiguración que nos va a exigir a todos los actores interpretar el mercado y leer cuándo invertir”, aseguró.
El desafío de agregar valor
Durante décadas, la petroquímica argentina convivió con una limitación estructural: la falta de materia prima suficiente para expandirse. Vaca Muerta invirtió esa ecuación.
Por primera vez, el país enfrenta el desafío opuesto: cómo aprovechar una abundancia potencial de gas y líquidos asociados capaz de sostener nuevas inversiones industriales durante décadas.
La discusión ya no pasa únicamente por cuántos barriles de petróleo o cuántos millones de metros cúbicos de gas puede producir la formación neuquina.
La pregunta que empieza a dominar el debate es cuánto valor agregado será capaz de generar.
