YPF firma con TGS un contrato de US$ 3.000 millones para industrializar el gas de Vaca Muerta
La petrolera estatal suscribirá esta semana un acuerdo a 15 años con la transportista para procesar gas no convencional y exportar propano y butano desde Bahía Blanca.
El directorio de YPF aprobó su ingreso al megaproyecto de separación, transporte y fraccionamiento de líquidos del gas natural diseñado por Transportadora de Gas del Sur (TGS). El acuerdo, anticipado públicamente por el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, y el CEO de TGS, Oscar Sardi, se concretará en los próximos días con la firma del contrato vinculante. "Somos los primeros que vamos a firmar, pero atrás vienen otros", señaló Marín al hacer el anuncio.
La decisión de YPF de acompañar el proyecto aceleró los tiempos para que TGS presente la iniciativa al Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) en los próximos días. La inversión total prevista asciende a US$ 3.000 millones y las obras se extenderán durante 45 meses. TGS es controlada por Pampa Energía, del empresario Marcelo Mindlin, y el Grupo Inversor Petroquímica, de Sebastián Sielecki.
Es importante precisar el rol exacto de la petrolera en el esquema: YPF no ingresa como accionista del proyecto sino como productora y cargadora del fluido de sus operaciones en Vaca Muerta. El contrato compromete el abastecimiento de gas por 15 años, cubriendo alrededor del 50% de la capacidad que podrá procesar la nueva infraestructura. Además de YPF, TGS negocia condiciones similares con Pluspetrol y Chevron, lo que permitiría cubrir el 70% de la capacidad instalada del complejo.
El impacto esperado es de 4.000 puestos de trabajo directos y 15.000 indirectos durante la construcción y operación del complejo.
Por qué el shale gas de la cuenca neuquina lo hace viable
El proyecto se sustenta en una característica técnica del gas no convencional de Vaca Muerta que lo diferencia del resto de la industria mundial. Según explicó Sardi, mientras un gas natural estándar tiene alrededor de un 10% de componente licuable, el gas de Vaca Muerta contiene entre el 25% y el 30% de esos elementos. Esa riqueza calórica extraordinaria exige un tratamiento diferenciado desde la boca de pozo y, al mismo tiempo, convierte la separación de líquidos en un negocio de alta rentabilidad.
La nueva infraestructura permitirá procesar un volumen nominal de 34 millones de metros cúbicos diarios de gas natural en boca de pozo, equivalente a 43 millones al medirlo en función de su poder calórico de 9.300 kilocalorías. Los productos resultantes serán propano, butano y gasolina natural, cuya demanda en el mercado local está actualmente abastecida y que tendrán salida exportadora directa. Las proyecciones de TGS estiman exportaciones por aproximadamente US$ 1.300 millones anuales.
La iniciativa también es estratégica para los productores que apuntan a alcanzar la meta de 1,5 millones de barriles de petróleo diarios en Vaca Muerta. El procesamiento del gas asociado que hoy limita la extracción de crudo no convencional es precisamente el cuello de botella que este proyecto busca resolver. Sin infraestructura para gestionar ese gas, la producción de petróleo tiene un techo.
La arquitectura del proyecto: Neuquén, un poliducto de 600 kilómetros y Puerto Galván
La inversión de US$ 3.000 millones se distribuirá en dos etapas con dos vehículos societarios independientes que funcionarán en paralelo a TGS para encuadrarse bajo el RIGI. El primero cubrirá el transporte y procesamiento en Neuquén, donde se ubicará la planta de separación de líquidos en Tratayén. El segundo vehículo abarcará el transporte hasta Bahía Blanca, el fraccionamiento y el almacenamiento.
La traza contempla un nuevo poliducto de 600 kilómetros que culminará en Bahía Blanca con la construcción de una planta de fraccionamiento greenfield y una terminal de almacenamiento y despacho en Puerto Galván. El proyecto se suma a los complejos ya existentes de Cerri de TGS y Compañía Mega —cuya ampliación se inauguró días atrás en la misma ciudad— y representa la primera planta de procesamiento de gas a gran escala que se construye en el país en los últimos 25 años.
Una vez extraídos los componentes licuables, el metano y el etano residuales volverán a la corriente comercial de YPF para su colocación en el mercado interno a través de las redes troncales de gasoductos. El esquema cierra un ciclo de industrialización que transforma el gas húmedo de la cuenca en productos de exportación de alto valor sin resignar el abastecimiento doméstico.


