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Más cara que en EE.UU. y Brasil: el precio de la nafta argentina y la paradoja del país que exporta petróleo

Argentina paga USD 1,44 por litro de nafta, por encima de Estados Unidos y Brasil, pese a ser un exportador neto de crudo. El conflicto en Medio Oriente aceleró una tensión que ya existía.

Hay una pregunta que se hace cada vez más seguido en las estaciones de servicio argentinas: ¿cómo puede ser que un país que produce y exporta petróleo pague la nafta más cara que los estadounidenses? La respuesta no es simple, pero los números son contundentes. Según un relevamiento del Instituto Argentina Grande elaborado en base a datos de Global Petrol Prices, actualmente un argentino paga en promedio USD 1,44 por litro de nafta, valor que supera al de Estados Unidos, donde el litro cuesta USD 1,19, pese a que Argentina exporta parte de su petróleo a ese mercado.

El telón de fondo es el conflicto en Medio Oriente, que desde finales de febrero sacudió los mercados energéticos globales y llegó directo al surtidor local. Pero el problema es más estructural que coyuntural, y vale la pena entenderlo en sus partes.

El 27 de febrero el barril de petróleo Brent cerró en 73,20 dólares. Al día siguiente comenzaron los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán, lo que disparó el precio internacional del crudo y derivó en un cambio de tendencia en el mercado local.

Lo que vino después fue una escalada sostenida. El barril de Brent acumuló una suba del 50% desde el inicio de las hostilidades, alcanzando picos de USD 118 y estabilizándose en torno a los USD 104. El impacto en los surtidores argentinos fue inmediato: el precio de la nafta subió 23,8% desde el inicio del conflicto, ubicando al país por encima de Chile, Brasil y Paraguay en el ranking regional de aumentos.

La comparación regional es elocuente. Brasil, que históricamente tuvo combustibles más caros que el promedio regional, aplicó aumentos más moderados tras el shock internacional y hoy registra un valor de USD 1,35 por litro, por debajo del precio argentino. Brasil y México, los dos gigantes de la región, cuentan con una ventaja estructural acompañada por decisión política: el resultado fue una suba del 7% y el 10% en el precio de la nafta, respectivamente, frente al 16% que acumuló Argentina en el mismo período.

combustibles nafta

Por qué Argentina no amortiguó mejor el golpe

La paradoja tiene una explicación técnica y una política. Desde el Instituto Argentina Grande atribuyen la diferencia a la política local de vincular los precios internos con las cotizaciones internacionales del crudo, trasladando las variaciones externas al surtidor. En otros términos: Argentina no tiene un mecanismo de desacople estructural entre el precio internacional del barril y lo que paga el consumidor en la bomba.

Esto no significa que no hubo intentos de amortiguar el impacto. En medio del incremento del petróleo a nivel global, YPF anunció que no trasladaría al surtidor el aumento del precio del crudo por 45 días para reducir el impacto directo en el bolsillo de los argentinos, medida que comenzó a regir el 1° de abril. Luego de ese período, la petrolera aplicó un ajuste del 1% y renovó el congelamiento por otros 45 días. El resto de las empresas del sector —Shell, Puma Energy y Axion Energy— confirmó que seguiría la estrategia de la petrolera de mayoría estatal.

El mecanismo tiene sus límites, sin embargo. El esquema vigente toma como referencia para el mercado interno el valor del crudo de marzo, cercano a los USD 70 por barril, mientras que el Brent llegó a tocar picos de USD 120 y actualmente ronda los USD 98. La diferencia entre el precio local y el internacional se contabiliza en cuentas compensadoras que las petroleras deberán recuperar cuando el Brent vuelva a niveles más bajos.

La estructura del precio: el petróleo es solo el 40%

Un dato que suele perderse en el debate público es que el crudo no explica todo el precio final. Actualmente, el costo del petróleo representa aproximadamente el 40% del precio final de la nafta y el gasoil en Argentina. El 60% restante corresponde a biocombustibles, impuestos, logística, márgenes comerciales y refinación.

Esa estructura explica por qué incluso en escenarios de petróleo barato, la nafta argentina no llega a ser barata: los impuestos nacionales, provinciales y municipales, más los costos de refinación y distribución, sostienen un piso elevado que no se mueve con el barril. Los combustibles representan el 3,8% de la canasta de consumo, y se estima que cada aumento del 10% en el surtidor añade aproximadamente 0,38 puntos porcentuales a la inflación general. No es un dato menor en una economía que sigue peleando contra la inflación como variable central.

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Los conductores misioneros buscan cruzar la frontera para ahorrar hasta 30% del precio en el surtidor.

La ventaja que Argentina no aprovecha del todo

Lo que muestra el comparativo internacional es que la diferencia entre Argentina y Brasil o México no es solo de precio del barril: es de decisión política sobre cuánto del costo internacional se traslada al consumidor y en qué tiempos. Brasil tiene a Petrobras como amortiguador; México tiene a Pemex. Argentina tiene a YPF, que opera con lógica de mercado desde su parcial privatización de los años 90, y que hoy aplica congelamientos voluntarios que son, en el fondo, una deuda diferida con el consumidor.

El panorama no invita al optimismo de corto plazo. En el sector energético consideran poco probable que el petróleo vuelva a valores cercanos a los USD 60 por barril, aun si disminuye la tensión geopolítica en Medio Oriente. Las proyecciones privadas estiman un escenario con el Brent estabilizado alrededor de los USD 90.

Si esa proyección se confirma, el congelamiento de YPF tiene fecha de vencimiento real: en algún momento las cuentas compensadoras deberán cerrarse y el ajuste llegará al surtidor. La pregunta no es si habrá otro aumento, sino cuándo y de qué magnitud. Para un país que exporta hidrocarburos y aspira a convertirse en un polo energético regional gracias a Vaca Muerta, pagar la nafta más cara que los estadounidenses sigue siendo una contradicción.