El dueño del Inter Miami le gana a Techint: quién construirá el gasoducto más grande de la historia argentina
Un consorcio liderado por la estadounidense Pumpco y la italiana Bonatti se adjudicó, mediante una subasta electrónica a ciegas, la obra de US$1.200 millones para el proyecto de GNL de YPF, ENI y XRG.
El presidente del Inter de Miami, Jorge Mas.
ShutterstockEl consorcio integrado por la estadounidense Pumpco, la italiana Bonatti y la constructora local Contreras Hermanos logró la adjudicación para construir el gasoducto más extenso de la historia argentina: una obra valuada en US$1.200 millones que forma parte del proyecto de exportación de gas natural licuado impulsado por YPF, la italiana ENI y XRG, el brazo internacional de inversiones energéticas de la petrolera emiratí Adnoc. La obra conectará el corazón de Vaca Muerta con el puerto de Sierra Grande, en Río Negro.
La adjudicación tiene un protagonista inesperado para el ecosistema energético local: Jorge Mas, empresario cubanoamericano y propietario del club Inter Miami, donde juega Lionel Messi, lidera Pumpco a través de su compañía matriz, MasTec, una de las principales constructoras de ductos de Estados Unidos, con ingresos anuales aproximados de US$14.300 millones. Se trata de la primera incursión exitosa de Pumpco en el mercado argentino, después de tres intentos previos en los que la empresa no logró imponerse en licitaciones de infraestructura energética del país.
Del otro lado, el grupo Techint-Sacde, presidido por Paolo Rocca y Marcelo Mindlin, sumó su segunda derrota consecutiva en procesos de licitación ligados a los megaproyectos de exportación de hidrocarburos en Vaca Muerta. En esta ocasión perdió por una diferencia del 15% en el precio ofertado, pese a haber sido uno de los dos únicos consorcios locales habilitados para competir junto a oferentes internacionales. Semanas antes, la misma sociedad había quedado fuera de la construcción del ducto del proyecto SESA, otra iniciativa relevante de exportación de GNL.
Una subasta sin precedentes en el sector
La definición de la licitación introdujo un mecanismo inédito para la industria energética argentina: un sistema de subasta inversa electrónica que enfrentó a los dos finalistas —Techint-Sacde y el consorcio Pumpco-Bonatti— sin que ninguno conociera la oferta del rival ni tuviera certeza de que el competidor seguía en carrera. YPF fijó un tope máximo de oferta y, desde ese punto, ambos consorcios pujaron a la baja hasta que uno de los dos se retiró. El modelo eliminó de la ecuación la trayectoria local, las sinergias logísticas con otras obras en curso y la relación histórica con el operador, y concentró la decisión exclusivamente en la variable económica.
La oferta ganadora se fijó en US$1.200 millones para dos ductos de 527 kilómetros: uno de gas, de 48 pulgadas de diámetro —el de mayor diámetro construido hasta la fecha en el país— y un poliducto de 24 pulgadas. Ambos correrán en paralelo desde la Meseta Buena Esperanza, en el centro de Vaca Muerta, hasta Sierra Grande, donde se emplazará la terminal marítima de exportación, con capacidades técnicas que superan tanto al gasoducto Perito Moreno como al ducto que días antes había adjudicado el proyecto SESA a otro consorcio, integrado por Víctor Contreras y la italiana Sicim.
Lo que viene y lo que queda pendiente
Contreras Hermanos participó del proceso como socio técnico y de ingeniería tanto de Pumpco como de Bonatti, aunque no pudo presentarse como oferente principal debido a que la licitación fue exclusivamente internacional. La decisión final de inversión (FID) para el proyecto completo todavía está pendiente y podría resolverse a fines de este año o a comienzos de 2027; la adjudicación definitiva del contrato de obra civil se firmaría entre 20 y 30 días después de la notificación formal al consorcio ganador. En paralelo, YPF avanza en la preparación de los pliegos para licitar los materiales —incluidos los caños de ambos ductos—, un proceso que podría arrancar hacia fin de mes y que en proyectos anteriores generó tensiones con la industria siderúrgica local, como ocurrió cuando Tenaris quedó afuera tanto del ducto de SESA como de la obra civil de Argentina LNG.
La creciente presencia de oferentes internacionales sin experiencia previa en el país viene de la mano de una baja sostenida en los costos de las obras de infraestructura vinculadas a Vaca Muerta, según reconocen distintas voces del sector. Para las constructoras locales tradicionales, el desafío es estructural: compiten contra jugadores globales con estructuras de costos más flexibles y escalas de financiamiento que Argentina, hasta hace pocos años, prácticamente no conocía en este rubro.
Dos gasoductos de exportación en danza, dos consorcios internacionales quedándose con la obra civil, y una industria local que empieza a acostumbrarse a competir —y a veces perder— en su propio patio trasero.
