Por qué el FMI quiere cambiar el Monotributo de fondo, no solo subirle la cuota
El organismo calificó al sistema tributario argentino de "complejo, distorsivo e inestable" y pidió achicar la brecha entre monotributistas y responsables inscriptos.
El aumento del Monotributo que entra en vigencia en julio -con subas de entre el 14% y el 15% según la categoría- es apenas la punta visible de un debate mucho más de fondo, que tiene como protagonista a un actor que no vive en la Argentina: el Fondo Monetario Internacional. En el "Artículo IV", el análisis de mediano plazo que el organismo volvió a publicar sobre la economía argentina tras varios años sin hacerlo, y que se incorporó a la última revisión del acuerdo vigente con el país -la misma que habilitó un desembolso inmediato de US$1.000 millones-, el staff del FMI sostuvo que el sistema tributario argentino sigue siendo "complejo, altamente distorsivo e inestable" y que afecta el crecimiento, la competitividad y la formalización de la economía.
El diagnóstico del FMI sobre el Monotributo en particular tiene un argumento específico, y no es solo de recaudación. El organismo propone subir las cuotas del régimen simplificado en línea con lo que pagan los autónomos, dentro de un concepto más amplio de reforma que apunta a eliminar el "gasto tributario": las excepciones al pago de impuestos o los regímenes que favorecen a algunos sectores con alícuotas menores. La diferencia de carga tributaria entre un monotributista y un responsable inscripto, sostiene el Fondo, desalienta el crecimiento de las pequeñas empresas, favorece la fragmentación de actividades -dividir una empresa en varias más chicas para no superar los límites- y limita la capacidad recaudatoria del Estado.
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El "alineamiento gradual" que propone el organismo
La receta del FMI no es subir la cuota de un saque, sino correr el régimen simplificado hacia el general en etapas. La propuesta sugiere "alinear las tasas efectivas y las contribuciones sociales con el régimen general" para incrementar la recaudación y compensar, a la vez, una futura reducción de impuestos que el propio organismo considera distorsivos, como las retenciones a la exportación y el impuesto al cheque. La lógica de fondo es la de un intercambio: bajar impuestos que el FMI ve como un freno a la competitividad, a cambio de ampliar la base de los que hoy pagan poco.
El número que el organismo pone sobre la mesa, sin embargo, hay que leerlo con cuidado porque no es uno solo. Según los cálculos del FMI, una reforma tributaria integral -que incluye Ganancias, IVA, retenciones y Monotributo combinados- podría generar ingresos adicionales equivalentes a hasta 3,3% del PBI, con cerca de la mitad de esos recursos destinados a las provincias. La porción que corresponde puntualmente a achicar la brecha entre Monotributo y régimen general es mucho más acotada: la propia guía de iProfesional, en base al mismo informe, calculó que el "alineamiento" del Monotributo por sí solo podría representar hasta un punto adicional del PBI en recaudación.
Lo que el Gobierno ya se comprometió a hacer
Esto no quedó en el plano de la sugerencia técnica. El documento del FMI confirmó que el Gobierno de Javier Milei se comprometió a presentar, antes de fin de año, una propuesta concreta de reforma tributaria que avance sobre beneficios fiscales, regímenes especiales y tributos considerados distorsivos. Es decir: lo que hoy es un diagnóstico del organismo, en pocos meses debería convertirse en un proyecto de ley con nombre y apellido.
Mientras esa reforma de fondo se cocina en Economía, lo único concreto que un monotributista va a sentir en el corto plazo es el ajuste semestral de julio, que ya está definido y no tiene nada que ver -al menos todavía- con lo que pide el FMI: simplemente actualiza las escalas según la inflación acumulada de los últimos seis meses. La diferencia es importante para no confundir un ajuste de rutina con el cambio de fondo que se viene discutiendo en paralelo, y que recién va a tener letra concreta hacia fin de año.
