Plaza Huincul: el pueblo cuna del petróleo que inventó el piquete, sobrevivió a YPF y disfruta de un Messi gigante
El pueblo que en 1918 perforó el primer pozo petrolero de Neuquén fue también el que en 1996 encendió la mecha del movimiento piquetero argentino. Hoy, renació con Vaca Muerta.
La tradicional imagen de Plaza Huincul.
El 29 de octubre de 1918, en una meseta patagónica azotada por el viento y casi sin habitantes, un equipo de perforadores del Estado argentino encontró petróleo a 605 metros de profundidad. No buscaban petróleo: habían llegado hasta ese paraje inhóspito del territorio neuquino para tender una línea ferroviaria y necesitaban agua. Lo que salió del suelo cambió al país para siempre. Ese pozo, bautizado simplemente Pozo 1, es el acto fundacional de Plaza Huincul y también, en cierta manera, del sistema energético argentino.
Antes del hallazgo, el lugar era poco más que un peladero. Carmen Funes, conocida como "Pastoverde", tenía allí una posta que daba refugio a los escasos viajeros que cruzaban la estepa. Cuando el petróleo llegó, llegó todo lo demás: campamentos, trabajadores, familias, una destilería, un cine, una escuela, un hospital. YPF, creada en 1922 por decreto de Hipólito Yrigoyen cuatro años después del descubrimiento, instaló en Plaza Huincul su primer Campamento, que con los años se convirtió en el núcleo de lo que hoy es la ciudad. El área asignada a YPF en Plaza Huincul cubría cerca de 8.000 hectáreas y la empresa construyó allí una infraestructura completa: correo, telégrafo, cinematógrafo, servicios médicos y viviendas para sus trabajadores.
Una ciudad construida de adentro hacia afuera
La historia de Plaza Huincul no se entiende sin la de su vecina Cutral Có, que creció literalmente al lado, separada apenas por un zanjón que dos intendentes delimitaron desde una camioneta en los años 70. Juntas forman el segundo aglomerado urbano de la provincia de Neuquén, con cerca de 50.000 habitantes. Pero la identidad de Plaza Huincul es distinta: es la ciudad de la refinería, del Campamento Uno, del Pozo 1. Es la sede histórica de la administración de YPF en Neuquén y el lugar donde la industria petrolera argentina aprendió a procesar lo que extraía.
En 1973 se amplió la refinería y el complejo pasó de destilería a complejo de refinación. En esa misma década YPF descubrió el megayacimiento de gas Loma La Lata, el bloque más grande de Argentina, que cambió la matriz energética del país y consolidó a la región como territorio gasífero. Para los huinculenses de esa generación, YPF no era solo el empleador: era el Estado en su forma más concreta. Proveía trabajo, vivienda, salud, educación y sentido de pertenencia. La ciudad y la empresa eran, en los hechos, la misma cosa.
Esa simbiosis tenía, naturalmente, su fragilidad. Cuando la empresa cambiara, la ciudad cambiaría con ella. Y en los años 90, la empresa cambió de manera brutal.
El piquete que inventó una forma de protesta
El jueves 20 de junio de 1996, una radio local de Cutral Có anunció que el gobierno provincial había roto un acuerdo con una empresa canadiense que iba a instalarse en la zona y generar empleo. Era la gota que rebalsaba un vaso que llevaba años llenándose. La privatización de YPF en 1992 había disparado una desocupación que trepó del 3,6% en 1992 al 26% en 1996. Los ex trabajadores de la petrolera habían cobrado sus indemnizaciones, puesto quioscos, comprado taxis, intentado armar algo, y habían fracasado: no había clientes, no había economía, no había nada.
Esa tarde, un grupo de vecinos fue hasta la Ruta Nacional 22 y la cortó. Lo que comenzó como una protesta espontánea se extendió durante casi una semana. Unas 30.000 personas llegaron a participar del corte. Cuando el gobierno nacional envió Gendarmería para despejar la ruta, la jueza federal a cargo del operativo evaluó la situación, vio la multitud y se declaró incompetente. Los piqueteros la vitorearon. El gobernador Felipe Sapag tuvo que ir en persona a negociar.
Las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul son consideradas históricamente el punto de origen del movimiento piquetero argentino, que marcó la resistencia social de la década siguiente. Como resultado de las protestas, el gobierno neuquino cedió a los municipios el yacimiento gasífero El Mangrullo por 99 años, como forma de compensación y herramienta de reconversión económica. "Al Mangrullo lo ganamos todos en la ruta", repiten todavía los vecinos cuando hablan de esos días.
La segunda pueblada llegó en 1997, cuando quedó claro que los acuerdos firmados habían sido papel mojado. Más cortes, más negociaciones, más promesas incumplidas. El ciclo era tan previsible como desesperante.
Los dinosaurios que nadie esperaba y Messi
En medio de la crisis, Plaza Huincul descubrió que tenía otro tesoro debajo de la tierra, esta vez de 90 millones de años de antigüedad. En 1987 se encontró en las cercanías el Argentinosaurus huinculensis, el dinosaurio herbívoro más grande hallado hasta entonces en el mundo. En 1993 apareció el Giganotosaurus carolinii, un carnívoro de tamaño colosal que rivalizaba en dimensiones con el Tiranosaurio Rex. La Formación Huincul, nombrada así por la ciudad, resultó ser uno de los sitios paleontológicos más ricos del planeta.
El Museo Municipal Carmen Funes —que lleva el nombre de la pionera que habitaba el lugar antes del petróleo— exhibe vértebras del Argentinosaurus de más de un metro y medio de altura, restos que permiten estimar un animal de 35 metros de largo y 100 toneladas de peso. Sobre la Ruta 22, dos dinosaurios de hormigón tamaño real —el Argentinosaurus y el Mapusaurus— saludan a quienes llegan a la ciudad. Son la postal que ningún manual de planificación urbana hubiera previsto para una ciudad petrolera de la Patagonia. También desde junio de 2026 sumó otro orgullo: bien cerquita, en Cutral Co, está la estatua de Lionel Messi más alta del mundo, de 26 metros. Fue inaugurado en la intersección de la Ruta Nacional 22 y la calle Manuel Savio, y el autor es el escultor local Aldo Beroisa, responsable de buena parte del patrimonio monumental local.
La refinería que volvió a despertar
Treinta años después de las puebladas, Plaza Huincul vive un presente que sus habitantes de los años 90 no habrían podido imaginar. El Complejo Industrial de YPF, que parecía condenado a un declive lento cuando la empresa se privatizó y achicó, es hoy una pieza estratégica en la cadena de valor de Vaca Muerta.
En mayo de 2025, YPF completó la inversión más importante en el complejo en los últimos 50 años: 55 millones de dólares destinados a modernizar la refinería para procesar el crudo no convencional que viene de Vaca Muerta. Las obras, ejecutadas en 26 meses, incluyeron un nuevo horno, una estabilizadora de naftas y un compresor de gases de Topping. El resultado es concreto: hoy el 80% del crudo procesado en Plaza Huincul proviene de operaciones en Vaca Muerta. La refinería que nació con el petróleo convencional de 1918 procesa ahora el shale del siglo XXI.
El complejo produce naftas Súper e Infinia, gasoil Grado 2 y combustibles para aviación que abastecen a toda la Patagonia Norte, y alberga además la planta de metanol más importante del país, que suministra tanto al mercado interno como al externo. Un centro de monitoreo inteligente de última generación, en construcción, completará la modernización y conectará las operaciones de Plaza Huincul con la red tecnológica de YPF a escala nacional.
Lo que Plaza Huincul le dice al país
Plaza Huincul tiene algo que pocas ciudades petroleras argentinas pueden exhibir: una historia completa. Conoció el origen —el Pozo 1 de 1918—, el esplendor —las décadas de YPF estatal—, el colapso —la privatización y las puebladas—, la reinvención —los dinosaurios, el turismo, la búsqueda de alternativas— y el retorno al centro del mapa energético —la refinería adaptada al shale de Vaca Muerta.
Ese arco narrativo la convierte en un laboratorio de lo que puede pasarle a una ciudad que apuesta todo a un solo recurso. Cuando el recurso prospera, la ciudad prospera. Cuando el recurso falla, la ciudad colapsa. Y cuando el recurso muta —del convencional al no convencional, de la extracción a la refinación— la ciudad tiene que mutar con él o quedar atrás.
La población de Plaza Huincul pasó de 11.433 habitantes en 1991 a 15.920 en el censo 2022. No es el crecimiento explosivo de Añelo, pero es crecimiento sostenido en una ciudad que miró al abismo en los 90 y encontró la manera de no caer. El Pozo 1 sigue en pie sobre la Ruta 22, convertido en mirador y monumento. A sus pies, la ciudad que nació de él sigue buscando, con más herramientas que antes, cómo escribir el próximo capítulo.
