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La ciudad de Mendoza que tiene todo: cómo hace para convivir con tres industrias energéticas a la vez

Petróleo convencional en declive, uranio que despierta y renovables que llegan con fuerza. Malargüe y el sur de Mendoza concentra una convivencia energética sin precedentes en la Argentina, pero el turismo —el otro motor— está en crisis.

Hay ciudades que tienen un recurso y construyen su identidad alrededor de él. Malargüe no es una de esas ciudades. Ubicada en el extremo sur de Mendoza, a más de 400 kilómetros de la capital provincial, esta ciudad de unos 30.000 habitantes ha convivido históricamente con el petróleo, procesó uranio durante más de tres décadas y hoy ve llegar los paneles solares y el interés renovado por el átomo sobre el mismo suelo donde sus abuelos buscaban hidrocarburos. Es, en buena medida, un laboratorio involuntario de la política energética argentina.

Ese laboratorio no fue diseñado por nadie. Fue el resultado de decisiones tomadas en décadas distintas, por gobiernos distintos, con lógicas distintas, que sedimentaron capas de industria sobre un mismo territorio. Entender Malargüe hoy implica leer esas capas: qué quedó activo, qué está en transición, qué se reactiva, y qué todavía no se sabe si va a funcionar. El cuadro es más complejo —y más interesante— que cualquier relato de progreso lineal.

El petróleo que se va reorganizando

Malargüe fue durante décadas uno de los departamentos con mayor producción de hidrocarburos de Mendoza. Según datos oficiales de la Administración Tributaria Mendoza, solo en agosto de 2024 el departamento produjo 197.777 metros cúbicos de petróleo, lo que representó más del 70% de toda la producción provincial en ese mes. No es un dato menor: habla de una dependencia estructural de la economía local respecto de un recurso que, al mismo tiempo, atraviesa una reorganización profunda.

El cambio de modelo llegó de la mano del Plan Andes de YPF, la estrategia de la petrolera estatal para desprenderse de sus yacimientos convencionales maduros y concentrarse en Vaca Muerta. Diferentes sectores de Malargüe vieron con preocupación que personal y estaciones de YPF distribuidas en el interior departamental comenzaran a mermar su actividad, a medida que la empresa redireccionó sus inversiones hacia el no convencional a partir de 2025 y 2026. La salida de YPF de los campos convencionales no significó abandono total, sino transferencia: nuevas empresas tomaron concesiones que la estatal dejó.

En abril de 2025, el gobierno provincial prorrogó por diez años concesiones hidrocarburíferas en Malargüe y redujo en un 50% la alícuota de regalías sobre la producción incremental, tanto convencional como no convencional, para atraer inversiones. La ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, destacó que con esa decisión "la Provincia da por finalizado el proceso de cesiones y prórrogas del Plan Andes en Mendoza". El tablero quedó reformulado: menos YPF, más operadores privados, misma apuesta por el subsuelo.

Exploración El Perdido Malargüe

Uno de esos nuevos operadores es Petroquímica Comodoro Rivadavia. La empresa adquirió las áreas Llancanelo ubicadas en Malargüe de manos de YPF y proyectó una inversión de 30 millones de dólares, incluyendo perforaciones en Llancanelo, Puesto Rojas y La Brea. La compañía estimó el inicio de operaciones en Llancanelo para mediados de ese año, con 40 empleados directos proyectados. Son números modestos frente a la historia petrolera de la zona, pero son señales de que el sector no se apaga: se reinventa.

El sol que llegó con inversión récord

Si el petróleo se reorganiza, la energía solar llegó en 2025 con una inauguración que marcó un antes y un después en el mapa renovable de Mendoza. En febrero de 2025, Genneia inauguró el Parque Solar Malargüe I, el primer desarrollo fotovoltaico de la empresa en la provincia y el cuarto a nivel nacional. El parque se emplaza en 312 hectáreas, requirió una inversión superior a los 90 millones de dólares y generó 280 empleos indirectos en su pico de construcción.

El parque tiene una potencia instalada de 90 MW y una producción anual estimada de 263.500 MWh, equivalente al consumo de unos 65.875 hogares. Sus módulos bifaciales captan energía de la radiación directa y la reflejada en el suelo, y están montados sobre seguidores solares que ajustan su posición durante el día. Para Malargüe —una ciudad en el sur árido, con alta radiación y vientos intensos— la combinación de características naturales y escala de inversión resulta difícil de ignorar.

Genneia proyecta alcanzar una inversión total de 400 millones de dólares en Mendoza para 2026, con tres parques solares que sumarán 420 MW de capacidad instalada al sistema. El propio CEO de la empresa, Bernardo Andrews, señaló: "La minería será uno de nuestros principales clientes", subrayando que los proyectos renovables en Malargüe están pensados para abastecer a grandes usuarios industriales. La declaración no es casual: el sur mendocino tiene proyectos mineros en carpeta, y la energía verde es cada vez más un requisito de los compradores internacionales de minerales críticos.

Castillos de Pincheira, Malargue, Mendoza

Castillos de Pincheira, en Malargue, Mendoza

El uranio que vuelve a despertar

Quizás el capítulo más sorprendente de la historia energética de Malargüe sea el nuclear. La Comisión Nacional de Energía Atómica procesó mineral de uranio en la ciudad entre 1954 y 1986 en el llamado Complejo Fabril Malargüe, proveniente de las minas Huemul y Sierra Pintada. Fue la primera planta de estas características en la Argentina y produjo 752 toneladas de uranio en forma de torta amarilla, materia prima para el combustible de los reactores nacionales.

Ese capítulo cerró con la planta y sus pasivos ambientales. La primera obra de remediación ambiental de la minería del uranio concretada en la Argentina y en América Latina fue precisamente la de Malargüe. Concluida en 2017, el proceso de encapsulamiento del sitio se integró a la ciudad con la construcción del parque recreativo "El Mirador". Un pasivo histórico convertido en parque urbano: una imagen que resume bien la relación compleja de Malargüe con su herencia nuclear.

Pero la historia no terminó ahí. El interés por el uranio de la zona está regresando, ahora con actores privados internacionales. En 2024, la canadiense Blue Sky Uranium adquirió la opción del proyecto Corcovo, ubicado en el distrito minero de Malargüe Oeste y con una extensión de 20.000 hectáreas, definido inicialmente por la propia CNEA como zona de potencial para depósitos de uranio por recuperación in situ. En agosto de 2025, la empresa anunció la expansión de ese objetivo principal tras integrar datos de 1

04 pozos históricos de petróleo y gas en su modelo geológico, identificando un corredor principal de anomalías de uranio de aproximadamente 2,2 kilómetros de longitud por 500 metros de ancho.

A escala nacional, la CNEA también apunta al área. El presidente de la CNEA, Germán Guido Lavalle, señaló en junio de 2025 que "hay varios proyectos, uno podría ser la reactivación de Sierra Pintada", el yacimiento mendocino cuya producción cesó en 1997, y que hoy tiene entre 6.000 y 10.000 toneladas de uranio estimadas. La institución apunta a firmar acuerdos con empresas mineras que quieran desarrollar estos activos, con el requisito de abastecer primero el consumo interno antes de exportar.

El turismo que pide socorro

En medio de toda esta actividad industrial, hay un sector que mira el futuro con mucha menos certeza: el turismo. Malargüe tiene Las Leñas —uno de los centros de esquí más reconocidos de América del Sur—, dinosaurios, la Reserva Provincial La Payunia con sus cientos de volcanes, y una geografía de la que pocas ciudades argentinas pueden presumir. Pero la coyuntura económica nacional está golpeando duro.

laguna en Malargue, Mendoza

Una postal de Malargüe, en Mendoza.

El presidente de la Asociación Malargüina de Turismo describió la situación de los prestadores como "desesperante". Varios establecimientos de alojamiento estuvieron sin pasajeros durante meses, un escenario que afecta no solo a Malargüe sino a toda la región. El director de Turismo de la Municipalidad reconoció que "el año 2025 cerró con el peor déficit de la balanza turística en los últimos diez años" y que "Malargüe no es una isla en esta crisis". La ocupación en enero 2026 rondó entre el 62% y el 65%, con un pico durante el Festival del Chivo que elevó momentáneamente los índices.

La tensión entre una economía extractiva en expansión y un turismo en problemas define buena parte del debate local. El turismo necesita paisaje, agua limpia y una imagen de destino apetecible. La industria extractiva —petróleo, uranio, renovables a escala— transforma el territorio, exige infraestructura y genera empleo pero también ruido, tránsito pesado y preguntas sobre los pasivos que deja.

Malargüe lo sabe mejor que nadie: el parque El Mirador, donde hoy los vecinos pasean con sus hijos, fue construido sobre las colas del uranio procesado hace medio siglo. La convivencia de industrias no es un slogan de campaña. Es, literalmente, el suelo que pisan cada día.