Vaca Muerta llega al mar: RIGI aprobado para el gasoducto de US$1.300 millones que alimentará al GNL
El Gobierno formalizó la adhesión al RIGI del Gasoducto San Matías, la obra de transporte dedicada exclusivamente al proyecto de exportación de Southern Energy.
El suministro de gas desde Bolivia se ve afectado.
ShutterstockPara que el gas de Vaca Muerta se convierta en un cargamento de GNL rumbo a Alemania o a cualquier otro comprador internacional, antes tiene que llegar al mar. Esa es, en una frase, la función del Gasoducto San Matías: el eslabón de transporte que faltaba para terminar de cerrar la cadena exportadora más avanzada que tiene hoy la Argentina en gas natural licuado.
El Ministerio de Economía formalizó la adhesión del proyecto al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) mediante la Resolución 873/2026, publicada el 26 de junio en el Boletín Oficial. La obra, valuada en US$1.300 millones, va a tender unos 480 kilómetros de cañería de 36 pulgadas de diámetro entre el Predio Cabecera Tratayén, en Neuquén, y la planta compresora de San Antonio Oeste, en el golfo San Matías, sobre la costa de Río Negro. Una vez operativo, el ducto va a tener capacidad para transportar 27 millones de metros cúbicos diarios de gas natural.
La aprobación tuvo, en rigor, dos tiempos. El Comité Evaluador del RIGI ya había recomendado el ingreso del proyecto el 4 de junio, en el mismo acto en que se aprobó la segunda etapa del proyecto de litio Sal de Oro, de Posco. Lo que se publicó esta semana es la resolución que convierte esa recomendación en norma, fija la fecha de adhesión el 1° de junio -día en que la empresa completó la documentación exigida- y habilita formalmente el cronograma de obra. El destino de todo ese gas es uno solo: abastecer las exportaciones de GNL del proyecto Southern Energy (SESA), que había ingresado al régimen en 2025.
Una obra dedicada, no de uso compartido
San Matías tiene una particularidad regulatoria que lo distingue de otras obras de transporte de gas que se discuten en simultáneo en el país. A diferencia de la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, que vuelca su capacidad al cuadro tarifario regulado y puede ser usada por distintos cargadores, San Matías es transporte 100% dedicado: tiene un único contratante, el propio consorcio SESA, y esa condición es la que le permitió calificar como proyecto RIGI autónomo en lugar de quedar subsumido como un accesorio de los buques licuefactores.
La ingeniería del proyecto contempla, además del tendido lineal, una planta compresora nueva de 60.000 HP de potencia y la repotenciación de la planta compresora ya existente en San Antonio Oeste, necesarias para sostener el volumen comprometido. El punto más complejo de la traza está en Chelforó, donde el ducto debe atravesar el río Negro: la solución elegida es una perforación horizontal dirigida, una técnica que permite instalar la tubería por debajo del lecho del río sin alterar su curso ni afectar la superficie. Medido en términos de costo, la obra equivale a unos US$2,76 millones por kilómetro y a unos US$48 millones por cada millón de metros cúbicos diarios de capacidad instalada, según cálculos del sector sobre las cifras presentadas ante el régimen.
La construcción civil ya tiene contratista definido desde fines de abril: la ganó la Unión Transitoria de Empresas integrada por la argentina Víctor Contreras y la italiana Sicim, con una oferta de alrededor de US$530 millones, unos US$80 millones por debajo de la segunda propuesta, presentada por Techint Ingeniería y Construcción junto con Sacde, la constructora vinculada a Pampa Energía. El cronograma fija el inicio de obra para el 30 de junio -es decir, días después de esta resolución- y la puesta en operación para mayo de 2028, contra el objetivo de que las primeras exportaciones de GNL desde Río Negro arranquen a fines de 2027.
SESA, el proyecto que se termina de destrabar
El consorcio que va a usar este gasoducto tiene una historia de poco más de dos años. Southern Energy nació en julio de 2024 a partir de un acuerdo inicial entre Pan American Energy y la noruega Golar LNG, al que después se sumaron YPF, Pampa Energía y Harbour Energy. La composición societaria actual -PAE con 30%, YPF con 25%, Pampa Energía con 20%, Harbour Energy con 15% y Golar LNG con 10%- se replica de manera idéntica en San Matías Pipeline, la sociedad de propósito específico que construye el ducto: en los papeles, es la antigua Pan American E&P SA rebautizada para cumplir con los requisitos del régimen.
El proyecto contempla dos unidades flotantes de licuefacción ancladas frente a la costa rionegrina. La primera, el buque Hilli Episeyo, tiene prevista su entrada en operación hacia fines de 2027, con una capacidad de 2,45 millones de toneladas anuales; la segunda, conocida según la fuente como MKII o Esperanza, llevaría la capacidad conjunta a cerca de 6 millones de toneladas anuales. SESA ya cerró además su primer contrato de exportación de largo plazo: un acuerdo con la alemana SEFE por 2 millones de toneladas anuales durante ocho años, que la convierte en el primer cliente internacional de peso para el GNL argentino.
La escala de capital comprometido es considerable incluso dentro del propio RIGI. La primera etapa del proyecto, entre 2024 y 2031, demanda desembolsos superiores a los US$3.200 millones; la segunda, entre 2032 y 2035, casi US$2.800 millones más. Sumado todo, los socios estiman que la inversión total a lo largo de los veinte años de vida útil del proyecto va a superar los US$15.000 millones en toda la cadena de valor, desde la producción en boca de pozo hasta la licuefacción y el embarque. Con la incorporación del transporte al régimen, tanto la licuefacción como el gasoducto que la alimenta quedan amparados por los mismos beneficios: estabilidad fiscal y regulatoria por 30 años, eliminación de retenciones a las exportaciones, exención de IVA para las inversiones de capital y supresión de aranceles a la importación de bienes.
Una pieza de un rompecabezas más grande
San Matías no es, sin embargo, la única apuesta de transporte de exportación que tiene la Argentina en danza. Según un informe de Rystad Energy de mayo, el país proyecta dos gasoductos de exportación corriendo en paralelo: este de 27 millones de metros cúbicos diarios para SESA, y otro de 81 millones de metros cúbicos diarios pensado para las fases posteriores de Argentina LNG, el proyecto de mayor escala que encabeza YPF. San Matías es, de los dos, el más avanzado en su cronograma de obra.
El contexto de fondo que explica la urgencia de ambos proyectos es la propia curva de producción de la cuenca: Rystad Energy proyecta que la oferta de gas argentino va a superar la demanda interna durante 2026, lo que acelera la necesidad de colocar ese excedente en los mercados internacionales antes de que se transforme en un problema de sobreoferta doméstica. La provincia de Río Negro ya dio su respaldo formal al esquema: la Legislatura ratificó a comienzos de mayo el acta acuerdo entre la provincia, SESA y San Matías Pipeline.
El gasoducto, además, llega en medio de un ritmo de aprobaciones que no se detiene: con esta resolución, el RIGI ya suma 17 proyectos formalmente aprobados, por una inversión cercana a los US$30.000 millones, mientras otros 25 proyectos siguen en evaluación. Pero ningún número de esa lista cambia el dato más concreto que deja esta semana: el 30 de junio, dentro de pocos días, las máquinas empiezan a moverse en Tratayén. Lo que viene después -si los buques licuefactores llegan a tiempo, si el gas alcanza, si los compradores internacionales confirman los volúmenes que hoy están en carpeta- es la parte que todavía nadie puede dar por escrita.
