Qué es el RIGI, la ley que trajo miles de millones de dólares a Argentina (y la polémica que genera)
En los últimos meses, el RIGI aparece en casi todas las noticias de energía y minería de Argentina. Pero, ¿qué es exactamente? ¿A quién beneficia? ¿Qué critica la oposición? Una guía para saber lo que necesitás saber, sin tecnicismos.
Obra de infraestructura energética en la Patagonia argentina bajo el RIGI
ShutterstockSi en los últimos meses seguiste alguna noticia sobre petróleo, gas o minería en Argentina, es casi seguro que te cruzaste con la sigla RIGI. El oleoducto de Vaca Muerta: RIGI. El proyecto de gas con Alemania: RIGI. Las minas de litio en Catamarca: RIGI. La mina de cobre en San Juan: RIGI.
Pero ¿qué es exactamente el RIGI? ¿Por qué las empresas lo piden con tanto entusiasmo? ¿Y por qué hay quienes dicen que es un regalo excesivo al capital extranjero?
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es un programa estratégico diseñado, aprobado por la Ley de Bases de 2024, para atraer y fomentar inversiones de gran escala en Argentina. Ofrece beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios significativos, al tiempo que establece un marco legal sólido para garantizar la seguridad jurídica y facilitar la realización de proyectos de inversión a largo plazo.
En lenguaje cotidiano: el Estado argentino le dice a grandes empresas "si invierten acá, les garantizamos 30 años de reglas estables y les damos descuentos impositivos importantes". La apuesta del gobierno es que esa certeza atraiga capitales que de otra manera no vendrían al país.
¿Quién puede acceder al RIGI?
No cualquier empresa puede entrar al RIGI. El requisito mínimo de inversión para poder aplicar al programa es de 200 millones de dólares. Eso ya excluye a la inmensa mayoría de las empresas argentinas y lo convierte, por diseño, en un régimen para grandes corporaciones —muchas de ellas multinacionales.
El RIGI otorga la posibilidad de desarrollar inversiones en sectores estratégicos como petróleo y gas, minería, energías renovables, foresto industria, siderurgia, tecnología, infraestructura y turismo.
Para entrar al régimen, cada empresa debe crear lo que se llama un Vehículo de Proyecto Único: básicamente, una sociedad creada exclusivamente para ese proyecto, con cuentas separadas y sometida a auditorías específicas.
¿Qué beneficios concretos ofrece?
Los incentivos se dividen en tres grandes grupos:
Impositivos. Se reduce la alícuota del Impuesto a las Ganancias del 35% al 25%. Además, hay amortización acelerada de inversiones, devolución acelerada de IVA y la posibilidad de deducir pérdidas sin límite temporal.
Aduaneros. Exención de derechos de importación para bienes de capital, repuestos, partes e insumos. Exención de derechos de exportación durante los primeros tres años. Para los proyectos considerados de exportación estratégica de largo plazo —como el oleoducto de Vaca Muerta o el GNL de Río Negro—, la exención de retenciones es aún mayor.
Cambiarios. Este es quizás el beneficio más valorado por los inversores extranjeros: el régimen ofrece libre disponibilidad de divisas de exportación y acceso al mercado de cambios. En términos simples: las empresas pueden quedarse con los dólares que generan exportando, sin la obligación de liquidarlos en el país. Y ante cualquier conflicto, tienen acceso a arbitraje internacional en lugar de depender de la justicia argentina.
Y todo esto durante 30 años. El Estado no puede aumentar la carga impositiva sobre estos proyectos durante tres décadas.
¿Qué resultados tuvo hasta ahora?
Actualmente existen unos 40 proyectos dentro del RIGI y el programa continuará al menos hasta el 8 de julio de 2027. De esos, diez ya fueron aprobados formalmente, con una inversión comprometida que supera los 25.000 millones de dólares.
Los proyectos más grandes son energéticos: el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) con una inversión de casi 3.000 millones de dólares, y el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) de Southern Energy con más de 6.800 millones. En minería, el cobre y el litio lideran: los proyectos para explotar cobre suman 23.511 millones de dólares, mientras que Argentina registró un récord de exportaciones mineras en los primeros dos meses de 2026, con ventas por 1.513 millones de dólares.
El total de proyectos en cartera, principalmente en cobre, litio y oro, refleja el éxito del RIGI en atraer capital extranjero en un contexto de demanda récord por minerales críticos. Si se consolidan las señales actuales, las exportaciones mineras podrían multiplicarse hasta 30.000 millones de dólares anuales en la próxima década.
¿Qué dicen quienes lo critican?
El RIGI no tiene solo defensores. Las críticas vienen de varios ángulos.
La desventaja para las pymes locales. El techo de inversión mínimo de 200 millones de dólares deja fuera a las pequeñas y medianas empresas. Y lo que es peor: al permitir importar equipos sin aranceles, el RIGI puede poner a los proveedores locales en desventaja frente a productos extranjeros más baratos.
El costo fiscal de largo plazo. El RIGI ata al Estado argentino durante 30 años para capturar rentabilidades extraordinarias y hacer política de desarrollo productivo. En concreto: si en el futuro un gobierno quiere modificar las condiciones impositivas o ambientales de estos proyectos, no podrá hacerlo sin violar el acuerdo y enfrentar demandas internacionales millonarias.
Las divisas que no ingresan. El requisito de liquidación de divisas en el mercado oficial es del 80% en el primer año, pero se reduce a 0% en el tercer año. Eso significa que, a partir del tercer año, las empresas no están obligadas a convertir sus dólares al peso argentino —lo que reduce el ingreso de divisas al Banco Central en un país crónicamente escaso de reservas.
La autonomía de las provincias. Varios juristas señalan que algunas cláusulas del RIGI limitan la capacidad de las provincias de regular actividades que ocurren en su territorio, lo que genera tensiones constitucionales sobre quién tiene la última palabra en materia de recursos naturales.
¿Quién ganó el debate?
Por ahora, el RIGI existe y funciona. Las empresas están invirtiendo, los proyectos avanzan y el gobierno celebra los números. En un contexto global en el que los flujos de capital compiten por jurisdicciones que ofrecen estabilidad y reglas claras, la previsibilidad se convierte en un activo estratégico.
Pero la discusión sobre si los términos son demasiado generosos, si las pymes locales van a poder participar del boom, y si Argentina va a retener suficiente valor de sus propios recursos naturales seguirá abierta por mucho tiempo. Probablemente, los próximos 30 años.
