El boom de la minería que viene obligará a los proveedores argentinos a asociarse para competir
CAPMIN advierte que la escala de los nuevos proyectos excederá la capacidad de muchas empresas y plantea alianzas entre proveedores de distintas provincias.
Argentina Mining Norte 2026, en Salta. Maquinaria pesada para minería.
MINERGY.ARLa anunciada ola de inversiones mineras abre una segunda discusión que comienza a ganar terreno: cuánto de esos miles de millones de dólares terminará transformándose en negocios para empresas argentinas. La Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN) sostiene que existe una oportunidad extraordinaria, pero advierte que la escala de los proyectos obligará a superar fronteras provinciales, asociar empresas y conseguir financiamiento para responder a contratos mucho mayores que los actuales.
Los números explican la dimensión del desafío. Según estimaciones de CAPMIN, entre el 80% y el 85% del CAPEX durante la construcción de una mina corresponde a bienes, obras y servicios provistos por terceros. Una vez iniciada la producción, la participación de proveedores continuaría siendo relevante: representaría entre el 45% y el 60% de los gastos operativos.
Eso significa que un proyecto de US$6.000 millones, por ejemplo, puede generar una demanda de varios miles de millones para empresas constructoras, metalúrgicas, transportistas, firmas de ingeniería, logística, energía, servicios ambientales y una larga lista de actividades que exceden ampliamente a la minería propiamente dicha.
La escala cambia todo
El presidente de CAPMIN, Manuel Benítez, planteó que el salto que prepara la minería argentina también obligará a cambiar la dimensión de sus proveedores. Una empresa puede tener capacidad para atender una mina actualmente, pero encontrarse con órdenes de compra que excedan ampliamente su estructura cuando comiencen simultáneamente varios de los grandes proyectos previstos.
La respuesta que propone la cámara es la asociación entre empresas. "La escala que puede alcanzar la minería argentina exige cooperación entre empresas y capacidad para construir alianzas", explicó Benítez. El objetivo es que proveedores de distintas provincias puedan complementarse para responder a contratos que individualmente quedarían fuera de su alcance.
El ejemplo utilizado por CAPMIN es contundente: una operación podría requerir 250 camiones diarios. Difícilmente una sola compañía pueda satisfacer semejante demanda, pero varias empresas asociadas sí podrían hacerlo. La lógica puede trasladarse a construcción, metalmecánica, logística, mantenimiento y numerosos servicios.
De 40 a 300 empresas
El interés empresario ya empieza a reflejarse en la propia cámara. Desde que Benítez asumió la presidencia, CAPMIN pasó de alrededor de 40 compañías a unas 300, además de incorporar 12 asociaciones de proveedores de diferentes regiones.
El fenómeno coincide con el creciente acercamiento de industrias que hasta ahora tenían poca relación con la minería. La Unión Industrial Argentina comenzó también a involucrarse en la discusión, ante la perspectiva de que la construcción de minas de cobre, litio y otros minerales genere una nueva fuente de demanda para sectores industriales tradicionales.
La cuestión empieza a adquirir una dimensión nacional. El Gobierno informó recientemente que los proyectos incorporados al RIGI ya movilizan a más de 1.200 proveedores y que el 86% de lo invertido hasta ahora está destinado a empresas nacionales. El 29 de octubre realizará en Rosario la primera Ronda de Negocios RIGI, con 28 grandes compañías y proveedores de diferentes puntos del país.
Locales primero, pero no solamente locales
En ese escenario aparece una discusión sensible: qué significa ser proveedor local. Varias provincias mineras impulsan mecanismos destinados a privilegiar a empresas y trabajadores radicados en sus territorios. San Juan, por ejemplo, avanza en la reglamentación de su Ley de Desarrollo Local Minero y en la creación de un registro específico de proveedores.
CAPMIN propone una estructura de tres anillos: primero las empresas pertenecientes a las comunidades próximas a cada proyecto; luego los proveedores de la provincia y, finalmente, las compañías del resto de la Argentina. La cámara considera importante fortalecer el desarrollo en las zonas directamente afectadas por la minería, pero sostiene que la escala que viene obligará a utilizar capacidades instaladas en todo el país.
Allí aparecen provincias como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que pueden no tener grandes minas pero poseen importantes industrias metalúrgicas, fabricantes de maquinaria y equipamiento y empresas de ingeniería capaces de ingresar a la cadena minera. Mendoza combina ambas condiciones: tradición industrial y una minería que intenta recuperar terreno.
El cuello de botella del financiamiento
Tener capacidad técnica, sin embargo, no necesariamente alcanza. Para asumir un contrato grande, una pyme puede necesitar comprar maquinaria, ampliar instalaciones, incorporar trabajadores o financiar capital de trabajo varios meses antes de comenzar a cobrar.
CAPMIN identifica por eso al financiamiento como uno de los principales desafíos. La entidad trabaja con bancos que ya participan del negocio minero y busca acercar nuevas entidades al sector para desarrollar instrumentos específicos que permitan a los proveedores acompañar el crecimiento de las inversiones.
La otra batalla será la competitividad. Argentina deberá disputar contratos con proveedores de Chile, Perú y Brasil, países que cuentan con cadenas mineras mucho más desarrolladas. Las empresas nacionales tienen como ventajas la cercanía, el conocimiento del territorio y menores dificultades logísticas, pero deberán competir en costos, tecnología, cumplimiento, trazabilidad, seguridad y estándares ambientales.

