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Qué dejó el Congreso Mundial de Minería de Lima para la Argentina y la región

Perú fue sede del Congreso que puso el foco en tecnología, inversión y minerales críticos para la transición energética continental.

Lima fue sede esta semana de la séptima edición del Congreso Mundial de Minería, un encuentro que reunió a empresarios, académicos y especialistas del sector para discutir los desafíos de la industria a nivel global. La ceremonia de apertura destacó el significado histórico que representa para Perú ser nuevamente sede de este encuentro internacional después de más de cinco décadas, según el presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, Juan Carlos Ortiz.

El eje del debate no fue solo la producción de minerales, sino el rol que la minería empieza a jugar en la infraestructura tecnológica global. El presidente del Congreso, Abraham Chahuán, sostuvo que la industria minera desempeñará un papel decisivo en la nueva etapa de desarrollo global impulsada por la transición energética, la electrificación, la inteligencia artificial y el crecimiento de nuevas tecnologías que demandan cada vez más minerales estratégicos. La colaboración entre países, remarcó, dejó de ser un valor aspiracional para convertirse en una condición de supervivencia de la industria.

El ministro de Energía y Minas peruano, Waldir Ayasta, aportó los números que sostienen ese discurso: la inversión minera en Perú bordeará los US$6.300 millones al cierre de 2026, un dato que el funcionario presentó como reflejo de la confianza de los inversores en la estabilidad macroeconómica y el potencial geológico del país.

Tecnología, confianza y una industria que se redefine

El lema elegido para esta edición —confianza, transformación y tecnología— no fue casual. La minería global atraviesa un proceso de digitalización que va desde la automatización de equipos hasta el uso de inteligencia artificial para monitoreo ambiental y seguridad laboral, en un contexto donde la demanda de cobre, litio y otros minerales críticos crece de la mano de la electromovilidad y la infraestructura de datos.

Ese cruce entre minería y tecnología no es exclusivo de Perú. Un informe reciente de PwC sobre las 40 mayores compañías mineras del mundo describe un proceso de consolidación con menos operaciones de fusión y adquisición, pero más concentradas en activos estratégicos vinculados al cobre, el litio y el níquel. La lectura de fondo es la misma que circuló en los pasillos del Congreso de Lima: la minería ya no compite solo por yacimientos, compite por ubicarse en la cadena de valor de la transición energética y la infraestructura digital.

Para una región que concentra buena parte de las reservas mundiales de cobre y litio —el llamado triángulo del litio entre Argentina, Bolivia y Chile, más el cinturón cuprífero andino— ese diagnóstico no es abstracto. Es, directamente, una hoja de ruta de inversión.

Congreso Mundial de Minería, en Lima, Perú.

Dónde queda Argentina en esa foto

La comparación regional no le resulta favorable al país en el indicador más citado por los especialistas: el peso de la minería en el producto interno bruto. En Chile y Perú, la actividad minera explica entre el 17% y el 18% del PBI; en Argentina, apenas roza el 1%, aunque ya representa cerca del 7% de las exportaciones totales del país.

El dato de las exportaciones mineras argentinas, en cambio, sí muestra una tendencia de crecimiento sostenido: cerraron 2025 en un récord histórico de más de US$6.000 millones, un salto del 70% en la última década. Las proyecciones a 2035 varían de forma considerable según la fuente consultada —algunas consultoras las ubican en torno a los US$18.000 millones, otras estimaciones difundidas esta semana las llevan hasta un rango de entre US$35.000 y US$36.250 millones—, una dispersión que obliga a tomar cualquiera de esos números con cautela hasta que haya coincidencia entre organismos.

Lo que sí aparece como denominador común en los distintos informes es el diagnóstico sobre la ejecución: de los más de 300 proyectos mineros que Argentina tiene en cartera, solo una fracción menor se encuentra hoy en producción efectiva. El país, señalan distintos análisis del sector, ya resolvió buena parte de la discusión sobre el subsuelo; lo que falta resolver es la conversión de esa potencia geológica en desarrollo productivo, formación de proveedores locales y empleo calificado.

El Congreso de Lima terminó de instalar una idea que en Buenos Aires, San Juan y Catamarca ya circulaba con fuerza: la próxima ola de inversión minera no va a premiar solamente a quien tenga el mejor yacimiento, sino a quien logre integrar tecnología, financiamiento y reglas de juego estables al mismo tiempo.