Un reactor nuclear privado en Atucha: la apuesta de US$ 1.200 millones con ingeniería de INVAP y capital estadounidense
Meitner Energy formalizó hoy la propuesta de construir el primer SMR comercial del mundo con patente argentina, clave para los data centers y la IA.
Central Nuclear Atucha II
El ministro de Economía Luis Caputo anunció este jueves que la empresa Meitner Energy presentó formalmente la propuesta de construir un reactor nuclear modular pequeño en el complejo Atucha, en Lima, partido de Zárate, con una inversión de US$1.200 millones en capitales privados y sin aporte del Estado. El anuncio fue realizado en el Ministerio de Economía con la presencia del secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, y el CEO de Meitner Energy, Teófilo Lacroze. El proyecto contempla la construcción del ACR-300, un reactor SMR de Generación III+ con tecnología de agua presurizada (PWR) y una potencia aproximada de 300 megavatios eléctricos.
El plazo estimado para la construcción es de aproximadamente cinco años, lo que implicaría una puesta en marcha hacia 2031, si todos los hitos previos —diseño, licenciamiento regulatorio y financiamiento— se cumplen según lo previsto. El proyecto también generaría alrededor de 2.000 puestos de trabajo directos entre las etapas de ingeniería, construcción, montaje, puesta en marcha y operación. Meitner Energy abonará un canon por derecho real de superficie sobre los terrenos de Nucleoeléctrica Argentina donde se emplazaría la instalación.
Qué es Meitner Energy y de dónde viene el ACR-300
Meitner Energy no es una empresa extranjera en sentido estricto. Está constituida en Estados Unidos —en el estado de Delaware— pero su estructura accionaria combina dos componentes: INVAP, la empresa estatal de tecnología del gobierno de Río Negro, que posee el 40% de la compañía, y el Ansari Group, un grupo inversor de origen iraní-estadounidense con negocios en tecnología y energía, que controla el 60% restante. La filial argentina de Meitner lleva cerca de dos años operando en el país y emplea a más de 120 profesionales —entre ellos, 15 de los 17 egresados del Instituto Balseiro en 2025— en el desarrollo del reactor.
La patente del ACR-300 fue registrada en Estados Unidos por INVAP, cuyos ingenieros diseñaron el concepto original. Los inventores registrados en la patente son Pablo Florido, Rodolfo Carlevaris y Alberto Patrignani. La responsable técnica del proyecto es Viviana Ishida, ingeniera nuclear egresada del Balseiro que tuvo a su cargo el programa CAREM en la CNEA y hoy trabaja en el área de centrales nucleares de INVAP. El CEO Teófilo Lacroze cerró una carrera de más de 30 años en Shell Argentina y Raízen antes de asumir la conducción de Meitner. Es él quien sintetizó la apuesta con una frase que da cuenta de la magnitud del giro: "La energía nuclear, dicho por alguien que estuvo más de 30 años en la industria del Oil & Gas, es la única fuente libre de carbono probada y escalable".
Cómo es el reactor: compacto, horizontal y sin dependencia de agua
El ACR-300 es un reactor de agua presurizada en formato compacto, lo que lo ubica dentro de la familia de diseños más probados del mundo: tres cuartas partes de los reactores para generación eléctrica en operación en el planeta son grandes reactores PWR, en general de 1.000 MW. El ACR-300 toma esa tecnología base y la reduce y reconfigura en un formato pensado para ser más barato, más rápido de construir y más flexible en cuanto al lugar donde instalarse.
La clave del diseño es la configuración horizontal de sus componentes principales, lo que permite que ocupen un 40% menos de espacio que los SMR convencionales. El reactor prescinde de fuentes hídricas masivas para su refrigeración —una diferencia central respecto de las grandes centrales nucleares que dependen de ríos o costas—, lo que amplía considerablemente el abanico de emplazamientos posibles. La huella total del proyecto ronda las 10 hectáreas. Incorpora sistemas de circulación natural pasiva para el apagado seguro sin intervención humana ni energía auxiliar, un requisito de diseño que viene impuesto por las lecciones del accidente de Fukushima en 2011.
Según Lacroze, el 11% de los componentes de un reactor genera el 67% de los costos totales de construcción. Ahí es donde Meitner concentra su esfuerzo de innovación: reducir esa fracción de componentes caros sin comprometer la seguridad del sistema. La empresa afirma haber superado dos revisiones críticas internacionales de diseño y haber completado la ingeniería conceptual, encontrándose hoy en la etapa de ingeniería básica. Participan del desarrollo CNEA, Conuar, Nucleoeléctrica e INVAP, bajo acuerdos de servicios específicos con Meitner.
El mercado que justifica la apuesta: IA, data centers y demanda eléctrica firme
El contexto energético global es el motor detrás de la propuesta. La industria de centros de datos consume actualmente 82 gigavatios de potencia eléctrica en el mundo, según datos presentados por Lacroze en el taller regional del programa FIRST realizado en Buenos Aires el mes pasado. Las proyecciones sectoriales estiman una demanda adicional de 137 GW de nueva potencia hacia 2030, de los cuales 70 GW estarían vinculados directamente a proyectos de inteligencia artificial.
Ese crecimiento no puede abastecerse únicamente con fuentes renovables variables como solar o eólica, que no garantizan suministro firme las 24 horas. La energía nuclear ocupa exactamente ese nicho: generación de base, libre de emisiones, disponible de manera continua e independiente de condiciones climáticas. Es el mismo argumento que llevó a Microsoft, Google y Amazon a firmar acuerdos de compra de energía nuclear en Estados Unidos durante 2024 y 2025, y que hoy empuja a decenas de empresas —desde NuScale hasta Rolls-Royce SMR pasando por GE Vernova Hitachi— a competir en el mercado de los reactores modulares.
Para Argentina, el ACR-300 tiene un atractivo adicional: si el FOAK se construye en Atucha y funciona, el país contaría con un producto nuclear exportable en un mercado que recién está empezando a definir sus estándares. Lacroze fue explícito sobre esa ambición: el objetivo de máxima es consolidar este diseño como un producto de exportación competitivo, con licenciamiento simultáneo ante la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) argentina y ante la NRC de Estados Unidos.
Lo que falta antes de que empiece a construirse
El anuncio de hoy es significativo, pero importa calibrar con precisión en qué etapa se encuentra el proyecto. El ACR-300 tiene ingeniería básica en curso y dos revisiones internacionales aprobadas, pero todavía no tiene licencia de construcción en ninguna jurisdicción. El proceso de licenciamiento ante la ARN y ante la NRC de Estados Unidos es uno de los más exigentes del mundo en cualquier industria: implica informes preliminares de seguridad, validación de diseño, análisis de emplazamiento, aprobación de materiales y sistemas, y múltiples instancias de revisión independiente. El primer SMR operativo de China, el HTR-PM, tardó aproximadamente once años desde su diseño hasta el lanzamiento comercial, según consigna la Revista Crisis en base a fuentes del sector.
El cronograma de cinco años que maneja el Gobierno es el plazo de construcción una vez que todos los permisos estén otorgados y el financiamiento cerrado. Antes de eso, hay una cadena de pasos que no tiene fecha confirmada. La ex presidenta de la CNEA y actual diputada Adriana Serquis señaló públicamente que el ACR-300 "no tiene ningún tipo de detalle de ingeniería", una crítica que refiere al estado de desarrollo del reactor al momento de las primeras presentaciones públicas del proyecto, en junio pasado. Desde el sector también se plantean dudas sobre si el plazo de licenciamiento en la Argentina puede acortarse respecto de los estándares internacionales sin comprometer la integridad regulatoria de la ARN.
Por otro lado, el anuncio de hoy se produce en un contexto institucional particular: dos días antes, la CNEA no renovó 61 contratos, varios de ellos en áreas vinculadas al CAREM —el reactor modular de diseño y financiamiento cien por ciento estatal que el Gobierno tiene en pausa—, y al RA-10. Voces gremiales y científicas del sector nuclear denuncian que el vaciamiento de organismos públicos y el desplazamiento de técnicos hacia el sector privado —en particular hacia Meitner— forman parte de un mismo proceso, aunque el Gobierno rechaza esa lectura y sostiene que ambas decisiones son independientes.
Lo que sí está fuera de discusión es el peso del proyecto en el tablero energético argentino. Con Atucha I y Atucha II operando sobre el mismo predio donde se instalaría el ACR-300, con 70 años de historia nuclear y un ecosistema de empresas, instituciones y profesionales que no tiene equivalente en América Latina, Argentina tiene condiciones objetivas para ser el primer país en construir este tipo de reactor. La pregunta que el sector se hace hoy no es si puede hacerse, sino en cuánto tiempo y bajo qué modelo de gobernanza entre lo público y lo privado.

