Nvidia apuesta por microrreactores nucleares para esquivar la crisis del agua y la electricidad en los data center
La compañía explora con Valar Atomics un modelo refrigerado con helio que promete aliviar el cuello de botella energético de la inteligencia artificial.
Hace unos días la tecnológica Nvidia se convirtió en la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo, basada en el desarrollo de la inteligencia artificial.
Foto: nvidia.comNvidia y la startup Valar Atomics mostraron en Utah un concepto de centro de datos para inteligencia artificial (IA) alimentado por un microrreactor nuclear refrigerado con helio, diseñado para operar con un consumo de agua casi nulo. La propuesta combina un microrreactor refrigerado con helio, sistemas cerrados de refrigeración y la promesa de sostener la IA sin presionar tanto a las comunidades locales. La presentación, del 3 de julio, se da en medio de una tensión creciente entre el boom de la IA y los recursos naturales que necesita para funcionar.
El problema de fondo no es nuevo, pero se agudizó rápido. En 2026, los centros de datos de Estados Unidos consumen aproximadamente el 4% del total de la electricidad nacional, frente a alrededor del 2% en 2020. La misma industria que hace apenas dos años tenía como límite la disponibilidad de chips hoy enfrenta una restricción distinta: en 2024 la limitación principal era el suministro de procesadores gráficos, pero en 2026 el cuello de botella se trasladó a la electricidad.
El agua es la otra cara del mismo problema. Los sistemas de refrigeración tradicionales de los centros de datos consumen volúmenes significativos en regiones donde ese recurso compite con el consumo doméstico, la agricultura y los ecosistemas locales. El experimento de Nvidia y Valar Atomics busca, justamente, desacoplar el crecimiento de la IA de esa presión hídrica, aunque por ahora sigue siendo una prueba de concepto y no una solución desplegada a escala comercial.
Del cuello de botella de los chips a la carrera por la electricidad
Se espera que la ocupación de centros de datos supere el 95% hacia fines de 2026, lo que convirtió a la disponibilidad de energía en la restricción de infraestructura más relevante del sector, por delante incluso de los semiconductores. En mercados clave como el norte de Virginia, considerado el mayor polo de centros de datos del mundo, los tiempos de espera para conectarse a la red eléctrica ya superan los tres a cinco años en los despliegues de mayor escala.
Ese escenario explica por qué compañías como Nvidia empujan alternativas que no dependan de la red pública. El reactor mostrado en Utah todavía es, según especialistas citados en la prensa especializada, una demostración de que un microrreactor puede alimentar una carga informática real, pero no una prueba de su viabilidad económica sostenida en el tiempo, con los costos, la seguridad nuclear y los permisos regulatorios que exige operar una planta de ese tipo durante años.
La dirección, de todos modos, ya está trazada. Las grandes tecnológicas están buscando formas de asegurar energía propia, estable y menos dependiente de la red pública, en un contexto donde la inversión combinada de la industria de la IA en 2026 superará los US$725.000 millones, buena parte de ella atada a infraestructura que la red eléctrica convencional no puede abastecer.
Las big tech ya eligieron el átomo
Nvidia no es la primera en mirar hacia la energía nuclear para resolver el apetito eléctrico de sus centros de datos. Amazon firmó con Talen Energy un contrato de 17 años por US$18.000 millones para acceder a hasta 1.920 megavatios de la central de Susquehanna, en Pensilvania. Microsoft, por su parte, pagará para reactivar la unidad uno de la central de Three Mile Island, que volverá a operar en 2028 con una producción de 835 megavatios dedicados en exclusiva a la compañía.
Google avanzó por otro camino: firmó un acuerdo con Kairos Power para la compra de energía de reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés), cuyo desarrollo comenzará en 2030 y alcanzará los 500 megavatios en 2035. Meta, mientras tanto, es la que más lejos llevó la apuesta: tiene planes para asegurar el acceso a hasta 6,6 gigavatios de energía nuclear para 2035, con acuerdos firmados con TerraPower, Oklo y Vistra para alimentar su clúster de centros de datos en Ohio.
El denominador común es la búsqueda de una fuente de electricidad estable, libre de emisiones y disponible las 24 horas, algo que ni la eólica ni la solar garantizan por sí solas cuando se trata de sostener el entrenamiento continuo de modelos de IA.
El agua, el frente que todavía nadie resolvió del todo
Mientras la electricidad empieza a encontrar salidas —nucleares, geotérmicas o vía SMR—, el consumo de agua sigue siendo un punto de fricción social poco resuelto. Solo cuatro empresas —Amazon, Microsoft, Google y Meta— más que duplicaron su consumo combinado de electricidad entre 2017 y 2021, hasta unos 72 teravatios-hora, y ese ritmo de crecimiento se trasladó también a la demanda de agua para refrigeración en regiones específicas. En Irlanda, por ejemplo, se proyecta que el sector de centros de datos alcance el 32% de la demanda total de electricidad del país en 2026, un dato que sirve de referencia sobre la escala del fenómeno en economías más chicas.
El planteo de Nvidia y Valar Atomics apunta directamente a ese punto sensible: si el modelo de refrigeración con helio logra escalar, permitiría que la próxima generación de centros de datos crezca sin repetir los conflictos por el agua que ya generaron resistencia en distintas comunidades del mundo. Es, también, un debate que empieza a asomar en la matriz energética argentina, donde la discusión sobre el uso del agua ya atraviesa tanto a la megaminería cordillerana como al desarrollo de Vaca Muerta.
Nvidia no anunció una fecha de despliegue comercial. Tampoco confirmó si el modelo probado en Utah será el que finalmente adopte a escala industrial.
