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¿Naftas y gasoil más caros? Cuánto puede impactar la nueva ley de biocombustibles en los surtidores

El proyecto eleva los cortes pero también genera mayor competencia. El efecto final sobre los precios dependerá de cuál de esas dos fuerzas termine imponiéndose.

La nueva ley de biocombustibles que consiguió dictamen en el Senado promete modificar el negocio de las naftas y el gasoil, pero deja abierta una pregunta mucho más cercana al bolsillo de los consumidores: ¿los mayores cortes obligatorios harán subir o bajar los precios en los surtidores?

No existe una respuesta lineal. El proyecto incorpora dos cambios que pueden actuar en direcciones opuestas. Por un lado, obliga a las petroleras a utilizar una mayor proporción de biocombustibles. Por el otro, abre progresivamente un mercado que actualmente funciona con cupos y precios regulados para intentar reducir los costos mediante una mayor competencia.

El dictamen establece que, doce meses después de sancionada la ley, el bioetanol presente en las naftas deberá aumentar del actual 12% al 15%, mientras que el biodiésel utilizado en el gasoil pasará del 7,5% al 10%.

La incidencia directa parece pequeña: en ambos casos se están reemplazando apenas entre 2,5 y 3 puntos porcentuales del combustible fósil. Pero la ecuación cambia según cuánto cueste producir cada componente.

El bioetanol, con mejores números

En las naftas aparece el escenario menos conflictivo.

Durante el debate legislativo, distintos representantes de la industria sostuvieron que el bioetanol puede competir actualmente con el componente fósil y que, bajo determinadas condiciones de mercado, incluso puede resultar más económico.

La senadora Flavia Royón, que preside la Comisión de Minería, Energía y Combustibles y participó de la negociación del dictamen, sostuvo también que el bioetanol tiene hoy una ecuación competitiva frente a la nafta.

El dato es importante porque el salto previsto es del 12% al 15%. Si el precio del bioetanol se mantiene próximo o por debajo del valor del componente fósil al momento de entrar en vigencia el nuevo corte, no debería producirse por esa vía un aumento significativo del precio de las naftas.

Incluso podría generar una presión moderadamente bajista. Pero dependerá de los precios relativos vigentes dentro de un año, cuando comenzaría a aplicarse el nuevo porcentaje.

El gasoil presenta una ecuación diferente

La discusión más complicada aparece con el biodiésel.

El propio secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González, reconoció durante el debate en el Senado que su costo es actualmente “muchísimo más alto” que el del combustible fósil. Ese fue precisamente uno de los argumentos del Gobierno para rechazar propuestas que pretendían llevar inmediatamente el corte a porcentajes todavía mayores.

El dictamen terminó estableciendo un incremento más moderado: del 7,5% actual al 10% después de doce meses.

Si nada más cambiara, sustituir 2,5 puntos porcentuales de gasoil por un producto más caro debería generar alguna presión alcista.

Pero la reforma pretende cambiar simultáneamente el precio de ese biodiésel.

La competencia puede cambiar la cuenta

Actualmente, buena parte del biodiésel destinado al mercado interno es producido por empresas no integradas bajo un sistema de cupos y precios establecidos por el Estado.

La nueva ley permitirá progresivamente el ingreso de las grandes compañías aceiteras integradas, que tienen plantas de mayor escala y acceso directo a la principal materia prima: el aceite de soja.

El Gobierno espera que esa competencia reduzca los precios.

Durante la discusión parlamentaria, las grandes cerealeras aseguraron que podrían ofrecer biodiésel hasta un 20% más barato que las plantas pequeñas. De trasladarse íntegramente esa diferencia, sus defensores calcularon que podría representar una reducción cercana al 2% en el precio final del combustible.

Las pymes cuestionan fuertemente esa estimación.

La Cámara de Empresas Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (CEPREB) sostiene que la diferencia real de costos entre una planta integrada y una pyme sería de apenas 5% o 6%. Bajo esa hipótesis, el ahorro trasladado al surtidor rondaría solamente 0,5%, aproximadamente $10 por litro con los precios utilizados durante el debate legislativo.

La enorme diferencia entre ambas estimaciones muestra por qué todavía resulta imposible asignarle un número preciso al efecto de la ley.

Una cuenta relativamente sencilla

El impacto puede entenderse con un ejemplo.

Por cada 100 litros de gasoil vendidos actualmente, 7,5 litros corresponden a biodiésel. Con la nueva ley serán 10.

Por lo tanto, el cambio obligatorio afecta directamente apenas 2,5 litros de cada 100.

Para que ese aumento produzca una variación importante en el surtidor, la diferencia de precio entre el biodiésel y el gasoil fósil tendría que ser muy significativa.

Al mismo tiempo, la apertura competitiva actuará sobre los 10 litros de biodiésel incorporados a la mezcla y no solamente sobre los 2,5 puntos adicionales. Allí está precisamente la apuesta económica del proyecto: que el ahorro conseguido mediante competencia neutralice o supere el costo de aumentar el corte.

Petróleo a US$100, otra variable en la ecuación

Hay además un factor imposible de ignorar en el escenario actual: el precio internacional del petróleo.

El Brent volvió esta semana a acercarse a los US$100 por barril como consecuencia de la escalada entre Estados Unidos e Irán y los riesgos para el tránsito por el estrecho de Ormuz.

Cuanto más caro resulte el petróleo, menor será —en términos relativos— la diferencia entre los combustibles fósiles y algunos biocombustibles.

Y lo contrario también es cierto. Si el crudo vuelve a valores sensiblemente más bajos, el componente fósil recuperará competitividad y un corte obligatorio más elevado podría resultar comparativamente más caro.

Por eso el impacto de una ley que comenzaría a aplicar sus nuevos porcentajes recién doce meses después de su sanción no puede calcularse utilizando únicamente los precios de hoy.

La producción de biodiésel argentino se exporta casi en exclusividad a la UE

Tampoco todos los componentes pagan lo mismo

La comparación tampoco puede limitarse al costo industrial.

Los biocombustibles destinados al corte obligatorio tienen un tratamiento tributario diferente al de los combustibles fósiles. Esa característica puede amortiguar en el precio final parte de las diferencias que existan en los costos de producción.

A eso se agregan el tipo de cambio, los impuestos a los combustibles, los márgenes de refinación y comercialización y, fundamentalmente, el precio internacional del petróleo.

El valor que finalmente aparece en el surtidor es el resultado de todas esas variables y no solamente de cuánto biodiésel o bioetanol contiene cada litro.

¿Entonces suben o bajan?

Con la información disponible, el escenario es diferente para cada combustible.

En las naftas, el aumento del bioetanol del 12% al 15% no aparece hoy como una fuente significativa de presión alcista, siempre que el producto mantenga su actual competitividad frente al componente fósil.

En el gasoil existe mayor riesgo de un incremento, porque el propio Gobierno reconoce que el biodiésel tiene actualmente un costo superior. Sin embargo, la diferencia podría ser compensada parcial o totalmente por el ingreso de productores de mayor escala y por el nuevo mecanismo competitivo de comercialización.

El debate parlamentario dejó estimaciones que van desde una reducción de alrededor del 2% hasta un efecto de apenas 0,5% sobre el precio final, dependiendo de quién realice el cálculo.

En cualquier caso, son variaciones bastante menores que las que puede provocar una disparada del petróleo internacional, una devaluación o una actualización de los impuestos a los combustibles.

La nueva ley puede modificar algunos pesos dentro del precio de cada litro. Pero difícilmente sea, por sí sola, la variable que determine cuánto pagarán los argentinos cuando lleguen al surtidor.