Guyana, el pequeño país que cambió el mapa petrolero de Sudamérica y desafía a los grandes productores
Una década atrás no producía petróleo. Hoy bombea cerca de 1 M de barriles diarios, atrae inversiones y lidera el crecimiento mundial del sector.
Hasta hace poco, Guyana aparecía en el mapa sudamericano más por su riqueza forestal que por sus recursos energéticos. Con una población inferior al millón de habitantes y una economía basada históricamente en la agricultura, la minería y la explotación forestal, el país era uno de los menos conocidos de la región.
Todo cambió en 2015. Ese año, un consorcio liderado por ExxonMobil anunció uno de los descubrimientos petroleros offshore más importantes del siglo XXI en el bloque Stabroek, ubicado frente a la costa atlántica. Lo que inicialmente parecía un hallazgo relevante terminó convirtiéndose en una sucesión de descubrimientos que modificó por completo las perspectivas económicas del país.
Hoy se estima que el bloque contiene más de 11.000 millones de barriles equivalentes de petróleo recuperables, una cifra que ubica a Guyana entre las provincias petroleras más prometedoras del mundo.
Del anonimato a potencia petrolera
La producción comercial comenzó recién en diciembre de 2019. En menos de siete años, Guyana pasó de producir cero barriles a rozar los 900.000 barriles diarios, un crecimiento que prácticamente no tiene antecedentes recientes en la industria mundial.
Las proyecciones de ExxonMobil y sus socios Hess y CNOOC indican que la producción superará 1,3 millones de barriles diarios antes de 2028 y podría acercarse a 1,7 millones hacia el final de la década, gracias a la incorporación de nuevas plataformas flotantes de producción (FPSO).
Para ponerlo en perspectiva, esos niveles permitirían a Guyana producir más petróleo que países históricos de la región como Colombia o Ecuador y acercarse al volumen actual de productores tradicionales de la OPEP.
Una economía transformada
El impacto sobre la economía resulta extraordinario. Guyana registra desde hace varios años las tasas de crecimiento económico más altas del mundo. El Fondo Monetario Internacional proyectó expansiones del PBI superiores al 20% anual durante varios ejercicios consecutivos, impulsadas casi exclusivamente por el desarrollo petrolero.
Los ingresos fiscales se multiplicaron, el Estado creó un fondo soberano para administrar la renta petrolera y comenzaron grandes inversiones en infraestructura, energía, puertos, hospitales y rutas. Para un país de apenas 830.000 habitantes, la disponibilidad de recursos representa un cambio histórico.
El "milagro" no fue casual
El desarrollo tampoco ocurrió por azar. Guyana mantuvo reglas de juego relativamente estables para los inversores, permitió que operadores internacionales asumieran el riesgo exploratorio y acompañó el crecimiento con instituciones específicas para administrar la nueva riqueza petrolera.
ExxonMobil se convirtió en el principal operador del país, acompañada por Hess y la china CNOOC, que continúan anunciando nuevos descubrimientos prácticamente cada año.
El desarrollo offshore también impulsó una profunda transformación logística, con nuevos puertos, bases de abastecimiento, astilleros y servicios especializados que generaron miles de empleos.
Una región que vuelve a ser protagonista
La irrupción de Guyana no ocurre de manera aislada. Sudamérica atraviesa una nueva etapa de expansión energética.
Brasil continúa incrementando la producción del presal y consolida su posición entre los diez mayores productores del planeta.
Argentina acelera el desarrollo de Vaca Muerta, que ya explica más de la mitad de la producción nacional de petróleo y se prepara para multiplicar sus exportaciones con proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) y Argentina LNG.
A ese escenario se suma Surinam, donde los importantes descubrimientos offshore realizados en los últimos años comenzarán a traducirse en producción comercial hacia el final de esta década. Incluso Venezuela podría recuperar parte de su protagonismo si logra normalizar su industria y atraer nuevas inversiones.
¿Competencia para Vaca Muerta?
A primera vista podría parecer que Guyana compite con Argentina por atraer inversiones. Sin embargo, la realidad es algo diferente.
Guyana desarrolla petróleo offshore de alta productividad y bajos costos de extracción, mientras que Argentina apuesta al shale de Vaca Muerta, uno de los recursos no convencionales más importantes del planeta.
Son modelos distintos, pero ambos responden a una misma tendencia: la búsqueda global de nuevas fuentes de suministro fuera de las regiones tradicionalmente dominantes.
Lo que sí comparten es la necesidad de atraer miles de millones de dólares en inversiones, desarrollar infraestructura de exportación y mantener reglas estables durante décadas.
El nuevo mapa energético
Durante muchos años, el protagonismo petrolero sudamericano estuvo concentrado en Venezuela, Brasil y, en menor medida, Colombia y Ecuador. Hoy ese mapa está cambiando.
Guyana emerge como una nueva potencia offshore, Brasil continúa expandiendo el presal, Argentina acelera el desarrollo de Vaca Muerta y Surinam se prepara para incorporarse al grupo de productores relevantes.
Lejos de competir entre sí, estos proyectos están reconfigurando el peso energético de Sudamérica en el mercado mundial. Si las inversiones previstas se concretan, la región podría convertirse durante la próxima década en uno de los principales polos de crecimiento de la oferta global de petróleo, recuperando un protagonismo que durante años estuvo concentrado en Estados Unidos, Medio Oriente y África.

