Energía nuclear: llegó a Ezeiza el agua pesada que necesita el reactor RA-10 para encender
La Comisión Nacional de Energía Atómica recibió seis toneladas de agua pesada producidas en Neuquén, clave para la puesta en marcha del reactor multipropósito.
Los 27 tambores con seis toneladas de aguas pesadas, para el Reactor Argentino Multipropósito RA-10, en el Centro Atómico de Ezeiza.
CNEAEl camino hacia la puesta en marcha del reactor nuclear más ambicioso que tiene la Argentina en construcción sumó, esta semana, una pieza que llevaba años esperándose. Arribaron al Centro Atómico Ezeiza 27 tambores con seis toneladas de agua pesada, provenientes de la Planta Industrial de Agua Pesada ubicada en Arroyito, provincia de Neuquén. El insumo está destinado al Reactor Argentino Multipropósito RA-10, el desarrollo tecnológico más complejo que tiene en marcha la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
El agua pesada no es un material que se consiga de un día para el otro: requiere una planta de producción dedicada, controles de calidad estrictos y una logística pensada desde las primeras etapas del proyecto. En el RA-10, cumple una función física fundamental: actúa como moderadora y reflectora de los neutrones producidos en el núcleo, lo que permite lograr una distribución más eficiente y apta para desarrollar los productos comerciales y los servicios previstos para la instalación.
El destino físico del insumo es preciso: va a ser colocado dentro del tanque reflector, una estructura cilíndrica de dos metros de diámetro por un metro de altura, fabricada en Zircaloy-4, una aleación de zirconio capaz de soportar la emisión constante de neutrones sin deteriorarse.
Ese tanque reflector no es un componente menor: es, junto con el núcleo, el corazón del reactor. Pesa 2.540 kilogramos y demandó 32 meses de fabricación en los talleres de INVAP en Bariloche, antes de ser trasladado por tierra hasta Ezeiza para su montaje final. Para evitar cualquier tipo de contaminación cruzada, el sistema que va a contener el agua pesada está hidráulicamente aislado del circuito de agua liviana del reactor, y cuenta con procedimientos específicos para preservar su calidad química y evitar pérdidas durante la operación.
Qué hace el RA-10
El RA-10 no es un reactor de potencia: no genera electricidad para la red, sino que produce neutrones para distintas aplicaciones tecnológicas. Tendrá una potencia de 30 megavatios, será alimentado con uranio levemente enriquecido y va a estar moderado con agua liviana, que actuará como refrigerante del núcleo, mientras que el agua pesada cumple el rol de reflector. Entre sus usos previstos están la producción de radioisótopos para medicina nuclear, el dopado de silicio para la industria de electrónica de potencia, la irradiación de elementos combustibles para reactores de investigación y de potencia, y la investigación básica con técnicas neutrónicas.
Una de las ventajas operativas del diseño es que el RA-10 va a tener ciclos de operación continua de 29,5 días, con paradas técnicas de apenas dos o tres días, un esquema pensado para sostener una producción más regular que la de reactores de investigación más antiguos. La apuesta de la CNEA con este proyecto es, en gran medida, comercial: posicionar a la Argentina como un proveedor relevante de radioisótopos en el mercado regional e internacional, en un sector donde la oferta mundial atraviesa tensiones recurrentes por el cierre o el mantenimiento de reactores en otros países.
La cuenta final, cuando el reactor encienda
El RA-10 lleva más de una década de obra. La llegada del agua pesada no significa que el reactor esté en condiciones de operar de manera inmediata: todavía restan los ensayos finales de los sistemas que trabajan con ese material, una etapa decisiva antes de la puesta en marcha operativa propiamente dicha. Pero es, sin dudas, uno de los últimos insumos críticos que faltaba incorporar a una instalación que viene sumando hitos de manera consistente desde 2024, cuando se completó la fabricación del tanque reflector.
Lo que queda por verse es si los plazos que maneja la CNEA para la puesta en marcha definitiva se sostienen, y si la promesa comercial del proyecto -convertir a la Argentina en un actor de peso en la producción de radioisótopos- logra traducirse en contratos de exportación concretos una vez que el reactor esté operativo.

