Argentina vendió tecnología nuclear al mundo: Nucleoeléctrica despachó componentes para reactores

La empresa estatal proveyó piezas desarrolladas a partir de la experiencia en Embalse a Candu Energy Inc., filial de AtkinsRéalis. Cada unidad vale alrededor de US$ 200.000.

Nucleoeléctrica Argentina S.A.
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Argentina lleva décadas operando reactores nucleares. Tiene tres centrales en funcionamiento, cuadros técnicos formados durante 40 años y una capacidad de desarrollo de componentes que pocas empresas del mundo pueden replicar. Lo que no tenía —hasta ahora— era una operación comercial internacional que convirtiera todo ese conocimiento en una factura de exportación.

Nucleoeléctrica Argentina S.A. anunció que concretó la primera comercialización internacional de componentes desarrollados por la empresa para reactores nucleares CANDU, similares a la Central Nuclear Embalse. La operación fue realizada con Candu Energy Inc., miembro de AtkinsRéalis Company, diseñadora de este tipo de centrales, e incluyó la provisión de tapones de blindaje de salida con restrictor de flujo —conocidos por su sigla en inglés FROSP—, componentes utilizados para optimizar condiciones operativas y de seguridad en canales de combustibles, destinados a centrales nucleares CANDU actualmente en operación.

Qué es un FROSP y por qué importa

El componente exportado no es una pieza de repuesto genérica. Se trata de una solución tecnológica desarrollada y validada por equipos técnicos de Nucleoeléctrica a partir de la experiencia operativa acumulada en la Central Nuclear Embalse, y fue desarrollada junto con CONUAR y la Comisión Nacional de Energía Atómica, integrando capacidades nacionales.

Los restrictores de flujo son un componente desarrollado originalmente para la extensión de vida de Embalse, cuyo valor económico asciende a alrededor de 200.000 dólares por unidad. No es un insumo masivo, pero tampoco es trivial: es tecnología de nicho, de alta especialización, que muy pocos países del mundo están en condiciones de fabricar y certificar.

Central Nuclear Embalse

La distinción entre esta operación y los intercambios previos es relevante. Nucleoeléctrica ya había brindado servicios a países como China, Canadá, Brasil, Corea del Sur y España, pero buena parte de esos servicios no eran comerciales sino que se enmarcaban en acuerdos de intercambio recíproco. El objetivo con la nueva unidad de negocios es darle un perfil definitivamente comercial a la exportación de servicios. Esta operación con Candu Energy es, en ese sentido, la primera que responde a esa lógica.

La arquitectura detrás del acuerdo

El negativo de esta nota se firmó meses antes. En noviembre de 2025, Nucleoeléctrica Argentina y Candu Energy suscribieron un Memorando de Entendimiento en la Embajada de Canadá en Buenos Aires, consolidando una alianza que combina la experiencia operativa nacional con la proyección tecnológica internacional del grupo canadiense. El acuerdo habilitó a Argentina a participar en licitaciones y programas de asistencia técnica para las centrales CANDU en funcionamiento alrededor del mundo, contemplando tanto la colaboración con plantas ya operativas como la posible provisión de servicios para nuevas instalaciones.

En 2026 hay 26 reactores CANDU operativos en el mundo: 17 en Canadá, tres en Corea del Sur, dos en Rumania, dos en China, uno en India y uno en Argentina. Ese es el mercado potencial al que apunta Nucleoeléctrica: 25 reactores fuera del país que operan con la misma tecnología que Argentina conoce en profundidad desde hace cuatro décadas.

Nucleoeléctrica aprobó a mediados de mayo una modificación de su estatuto social para incorporar la prestación y comercialización de servicios nucleares como nueva unidad de negocios, con foco en exportar asistencia técnica, ingeniería, mantenimiento y capacitación a centrales de otros países. La exportación de los FROSP es la primera operación concreta bajo esa nueva arquitectura institucional.

Central Nuclear Embalse Cordoba.jpg

Decisiones basadas en la evidencia

El presidente de la empresa, Juan Martín Campos, fue explícito sobre el alcance de la apuesta: "La experiencia acumulada en la operación de Atucha I, Atucha II y Embalse, sumada al desarrollo tecnológico alcanzado por nuestros profesionales, nos permite posicionarnos como proveedores de servicios y soluciones para otras centrales nucleares en el mundo."

El contexto internacional acompaña. El sector mostraba movimientos concretos en esta dirección en un momento en que el Gobierno avanza además con la venta de un paquete accionario de Nucleoeléctrica para incorporar un socio estratégico privado. La energía nuclear vive un renacimiento global impulsado por la demanda de fuentes bajas en carbono, y los países con capacidad técnica instalada tienen una ventana que no estará abierta indefinidamente.

Argentina llegó a esta instancia por la vía larga: cuatro décadas de operación, una extensión de vida compleja ejecutada entre 2016 y 2019 en Embalse, y el desarrollo de soluciones propias ante la necesidad de no depender exclusivamente de proveedores externos. Que ese recorrido hoy se traduzca en una factura de exportación no es un detalle de gestión. Es el primer paso de una estrategia que, si se sostiene, puede convertir a la industria nuclear argentina en uno de los pocos exportadores de tecnología de alta complejidad del país.

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