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Cuál es el mejor camino para llevar el gas de Vaca Muerta a Brasil

Pros y contras de las tres alternativas en estudio para transportar gas de Vaca Muerta para abastecer a la industria de San Pablo.

La discusión sobre cómo exportar el gas de Vaca Muerta hacia Brasil ya dejó de ser una hipótesis técnica para convertirse en un debate estratégico regional. Y ese será justamente el eje de la jornada “Integración gasífera en el Mercosur + Chile: hacia un mercado regional”, organizada por CAF junto con OLADE, que se realizará el 28 de mayo en San Pablo.

El encuentro reunirá a funcionarios, empresas energéticas y organismos internacionales para discutir alternativas de infraestructura y cambios regulatorios orientados a construir un mercado regional de gas natural. Pero detrás de la agenda formal aparece la pregunta que domina todas las conversaciones del sector: cuál es el camino más viable —económica y políticamente— para llevar el gas argentino al principal mercado sudamericano.

Infraestructura

Sobre el papel, el escenario parece ideal. Vaca Muerta tiene reservas suficientes para abastecer durante décadas tanto la demanda industrial de San Pablo como las necesidades energéticas del sur de Brasil. El problema no es el recurso: es la infraestructura.

Y ahí empiezan las complejidades.

En el negocio del gas natural, los gasoductos no se construyen sobre expectativas sino sobre contratos firmes. Las inversiones son multimillonarias y requieren garantías de largo plazo: antes de fabricar un caño o abrir una zanja, debe existir un acuerdo cerrado sobre cuánto gas se venderá, a qué precio y durante cuántos años.

Ese es precisamente uno de los grandes puntos de discusión entre Argentina y Brasil. Mientras el gobierno argentino y las productoras de Vaca Muerta buscan contratos que permitan justificar nuevas inversiones en producción y transporte, del lado brasileño todavía aparecen dudas sobre precios y competitividad en un mercado donde Brasil también impulsa el desarrollo de sus propios recursos offshore. La discusión pasa exclusivamente por quién asume el riesgo económico de garantizar el flujo durante dos o tres décadas y a qué tarifa.

Las variantes

En ese contexto, hoy aparecen al menos tres alternativas concretas para exportar gas argentino a Brasil.

La primera opción es utilizar la red boliviana. Técnicamente, es la solución más sencilla porque los caños ya existen. La caída de la producción de Bolivia abrió la posibilidad de revertir el sentido de los flujos y usar esa infraestructura para transportar gas argentino hacia Brasil. Pero el desafío es político y regulatorio: implica coordinar intereses entre tres países con historiales complejos y marcos regulatorios cambiantes. En el sector energético todavía persiste una fuerte desconfianza sobre la estabilidad contractual boliviana, un factor clave cuando se discuten inversiones a 20 o 30 años.

La segunda es la más inmediata: ampliar el sistema que conecta con Uruguayana, en la frontera brasileña. Parte de la infraestructura ya existe y recientemente volvió a utilizarse para enviar gas hacia esa región. La ventaja es evidente: del lado argentino gran parte de la obra ya está hecha y la inversión fuerte debería realizarla Brasil para extender o ampliar el sistema dentro de su territorio. El foco estaría puesto en abastecer principalmente al sur brasileño, especialmente Río Grande do Sul, y desde allí a San Pablo.

Creado puntualmente para abastecer a una central termoeléctrica en Uruguayana la capacidad del ducto tampoco sería suficiente, por lo que damandaría una ampliación del lado argentino.

Lo más racional desde el punto de vista económico sería no sólo ampliar la infraestructura de los gasoductos argentinos sino, también, usar (en sentido contrario, esto es, de sur a norte) los gasoductos bolivianos. Los inversores entonces tendrán que aceptar (o no) no sólo el riesgo argentino sino también el boliviano.

La tercera alternativa apareció en los últimos meses y tiene a Paraguay como protagonista inesperado. Asunción impulsa la construcción de un Gasoducto Bioceánico que partiría de la reversión del Gasoducto Norte argentino, atravesaría el Chaco paraguayo y llegaría al sur de Brasil. La iniciativa ya comenzó a discutirse oficialmente entre ambos gobiernos.

El proyecto permitiría abastecer la creciente demanda paraguaya —principalmente para generación eléctrica— y al mismo tiempo transformaría al país en corredor estratégico para el gas de Vaca Muerta hacia Brasil. Según estimaciones preliminares, el ducto podría transportar inicialmente 10 millones de metros cúbicos diarios, con posibilidad de escalar hasta 30 millones.

Para Argentina, además, la iniciativa tendría un efecto adicional: abriría la posibilidad de extender redes hacia el NEA, una de las regiones con menor cobertura de gas natural del país y que sigue dependiendo fuertemente de combustibles líquidos y GLP. Claro que el costo de la obra sería considerablemente mayor.

En todos los casos, la CAF aparece dispuesta a jugar un rol central como posible financista de la integración regional. El organismo viene trabajando desde hace varios años junto con OLADE en estudios técnicos y regulatorios para construir un mercado regional de gas.

Sin embargo, aun con financiamiento disponible, el desafío sigue siendo estructurar negocios sólidos. La integración energética regional entusiasma desde hace décadas, pero la historia sudamericana también muestra que los gasoductos dependen tanto de la geología como de la política. Y en un contexto regional atravesado por cambios regulatorios permanentes, volatilidad económica y tensiones diplomáticas, transformar el potencial de Vaca Muerta en exportaciones firmes hacia Brasil todavía está lejos de ser una ecuación resuelta.