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Urea: el déficit que drena divisas y la oportunidad de Vaca Muerta para revertirlo con valor agregado

La ecuación es obvia: de importar por unos US$ 500 M anuales, se podría pasar a exportar en igual medida. Además, evitar la primarización extrema, generar empleo y mayor superávit de divisas.

Argentina produce apenas la mitad de la urea que consume. El fertilizante clave para el agro -especialmente para cultivos como trigo y maíz- arrastra un déficit estructural que obliga a importar para cubrir la demanda interna, con impacto directo sobre la balanza comercial. Como en tantos otros casos, Vaca Muerta abre la puerta a la solución, pero no alcanza con el recurso.

Hoy, la producción local de urea -concentrada en la planta de Profertil en Bahía Blanca- ronda entre 1,2 y 1,3 millones de toneladas anuales. El consumo, en tanto, se ubica entre 2,2 y 2,5 millones de toneladas, lo que deja un faltante, grosso modo, cercano al millón de toneladas por año.

Rojo anual de hasta US$ 700 M

Ese rojo se traduce en importaciones de entre 1 y 1,2 millones de toneladas. A valores internacionales que han mostrado fuerte volatilidad —en buena medida explicada por tensiones geopolíticas en zonas clave productoras de gas como Medio Oriente, que impactan directamente en el costo de la urea—, el precio puede oscilar en un rango amplio de entre 400 y 600 dólares por tonelada.

Con ese rango, la cuenta para la Argentina es contundente: el país destina entre 400 y 700 millones de dólares anuales a importar urea. Se trata de una salida estructural de divisas, particularmente sensible en un contexto donde la disponibilidad de dólares es una restricción central para la economía.

Vaca Muerta, obviamente

El trasfondo es conocido: la producción de urea depende del gas natural como principal insumo. En ese punto, el desarrollo de Vaca Muerta cambia el escenario. La disponibilidad creciente de gas a precios competitivos abre la puerta a ampliar la capacidad local y modificar el balance del sector.

Pero como en tantísimo ejemplos, la existencia del recurso y la obviedad de la solución no tienen correlación directa con la realidad. Hace falta mucho más que recursos y visión estratégica para coronar los proyectos.

urea campo

La hora del plan

Estabilidad macroeconómica y seguridad jurídica son los primeros, los más mencionados por estos tiempos. Pero también hace falta un plan. Y no está tan claro que el país cuente con un listado de prioridades, una hoja de ruta para seguir y, sobre todo, para que luzca rápidamente cuando alguien pretenda apartarse.

En ese marco se inscribe el proyecto de Pampa Energía, que analiza la construcción de una planta de fertilizantes nitrogenados con una inversión estimada en unos 2.400 millones de dólares. La iniciativa ya fue presentada para su encuadre en el RIGI y se encuentra a la espera de definiciones, mientras la compañía avanza en la búsqueda de financiamiento. El proyecto apunta a producir hasta 2,1 millones de toneladas anuales.

Asi, la balanza comercial podría dar un giro relevante: no solo dejarían de salir dólares, sino que comenzarían a ingresar. Dependiendo de la escala final del proyecto y de los precios internacionales, el complejo de urea podría aportar varios cientos de millones de dólares adicionales por exportaciones, transformando un déficit en una fuente neta de divisas.

Reducir la primarización

El cambio también tiene implicancias más amplias en términos de modelo productivo. La posibilidad de producir fertilizantes a partir del gas local encaja en una lógica de aprovechamiento integral de Vaca Muerta: no solo exportar gas o petróleo como commodities, sino avanzar en su industrialización.

Ese proceso implica mayor valor agregado, menor primarización de las exportaciones y una cadena productiva más extensa, con impacto en empleo local calificado y desarrollo industrial asociado.

En un mercado global donde la producción de urea está dominada por países con acceso a gas barato —principalmente en Medio Oriente y el norte de África—, Argentina tiene la oportunidad de posicionarse como un nuevo proveedor, apoyado en sus recursos no convencionales.