Javier Milei apuesta a un boom energético y minero para reordenar la economía

Durante su discurso ante el Congreso, Javier Milei colocó a la Patagonia energética y a la Cordillera minera en el centro del nuevo modelo exportador.

Javier Milei durante su discurso en el Congreso la noche del domingo.

Javier Milei durante su discurso en el Congreso la noche del domingo.

MDZ

En la apertura de sesiones ordinarias, el gobierno de Javier Milei dejó planteado un eje de desarrollo que coloca en una misma balanza a la energía y a la minería como motores complementarios del despegue económico.

En el esquema oficial, no se trata de sectores aislados, sino de dos pilares que, articulados con reformas regulatorias e incentivos a gran escala, deberían traccionar exportaciones, empleo privado y transformación territorial en la próxima década. Bajo esa lógica, el presidente construyó un mapa productivo donde la Patagonia energética y la Cordillera minera funcionan como vectores centrales de una estrategia orientada al mercado externo.

Energía exportadora y meta de US$ 50.000 millones

En la apertura de sesiones ordinarias, Javier Milei dejó en claro que el sector energético ocupa un lugar central en su estrategia de crecimiento. El presidente proyectó que el complejo energético argentino podría alcanzar exportaciones por US$ 50.000 millones en los próximos cinco años, una cifra que, de concretarse, modificaría de manera estructural la balanza comercial del país.

La referencia no se limitó al volumen de divisas. Milei vinculó el desarrollo hidrocarburífero con una transformación territorial concreta y sostuvo que el “Gran Neuquén”, como epicentro de Vaca Muerta, podría convertirse en una de las principales metrópolis argentinas. En esa visión, energía significa no sólo exportaciones, sino también empleo privado, infraestructura y nuevas centralidades productivas.

Minería, minerales críticos y empleo cordillerano

La minería fue presentada como el otro gran pilar del despegue económico. Milei afirmó que la actividad “se desplegará por toda la cordillera” y destacó el potencial de generación de miles de puestos de trabajo, en un esquema apoyado en la expansión de proyectos de cobre y litio, considerados minerales críticos en la transición energética global.

En ese mismo tramo del discurso agregó una frase que marcó el tono político del planteo: “Quiero argentinos produciendo, no parásitos”, al reforzar su crítica al empleo público y su defensa de un crecimiento basado en inversión privada y actividad exportadora.

El mandatario integró a la minería dentro de un núcleo más amplio de recursos estratégicos que incluye hidrocarburos convencionales y no convencionales, agricultura, pesca y economías regionales. La lógica oficial apunta a consolidar un modelo exportador basado en ventajas comparativas naturales, con fuerte orientación hacia los mercados internacionales.

RIGI, reformas regulatorias y atracción de inversiones

El andamiaje normativo de esta estrategia es el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que el presidente defendió como herramienta clave para atraer capitales. Según señaló, ya se aprobaron proyectos por US$ 25.000 millones y existen otros US$ 45.000 millones en evaluación, distribuidos en 11 provincias y asociados a más de 60.000 empleos directos e indirectos.

En paralelo, anticipó reformas para “remover barreras legales” y avanzar en cambios impositivos y aduaneros que permitan una mayor integración comercial. El mensaje general fue que estabilidad macroeconómica, previsibilidad jurídica y apertura constituyen las condiciones necesarias para que energía y minería funcionen como motores estructurales del crecimiento argentino.

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