De la condena a De Vido por el caso Skanska a la reversión del Gasoducto Norte: 20 años de la misma obra
El Tribunal Oral Federal N°4 condenó a De Vido y a José López por las coimas de Skanska. La obra que originó la causa hoy es central para abastecer de gas al litio del NOA.
El Tribunal Oral Federal N°4 dio a conocer el veredicto de la causa Skanska, el primer gran escándalo de corrupción que salpicó al kirchnerismo: cinco años de prisión para el exministro de Planificación Federal Julio De Vido y para el exsecretario de Obras Públicas José López, declarados culpables de cohecho pasivo y administración fraudulenta. Junto a ellos fueron condenadas otras diez personas, entre ellas ocho exdirectivos de la constructora sueca Skanska, con penas de hasta cuatro años y medio de prisión. De Vido y López siguieron la lectura del fallo por videoconferencia desde sus lugares de detención: arresto domiciliario en Zárate el primero, la cárcel de Ezeiza el segundo.
La causa investigó un esquema de sobreprecios, facturas apócrifas y pago de coimas entre 2004 y 2006, en el marco de un proyecto conocido como "Ampliación de Gas 2005": la expansión de los sistemas de transporte de gas natural que operaban Transportadora Gas del Norte (TGN) y Transportadora Gas del Sur (TGS), una respuesta directa a la crisis energética que atravesaba el país en aquellos años. Según la fiscalía, integrada por Abel Córdoba y Joaquín Gaset, Skanska direccionó contratos por unos 200 millones de dólares mediante concursos privados armados a medida, y utilizó una red de más de 20 empresas fantasma para retirar cerca de 14 millones de pesos de su filial argentina, parte de los cuales terminó pagando sobornos a funcionarios a cambio de asegurarse la adjudicación de las obras.
La prueba central del expediente fue una grabación surgida de una auditoría interna de la propia Skanska, en la que el gerente comercial Javier Azcárate le explicaba a un auditor cómo se armaban las facturas falsas y se entregaba el dinero en efectivo. Esa escucha estuvo a punto de hundir la causa: declarada nula en un primer momento, permitió el sobreseimiento masivo de los acusados en 2011, cuando la Cámara Federal sostuvo que hubo una "decisión política" de avanzar con las obras pese a los sobrecostos, justificada por la emergencia energética de 2005. Recién en 2015, con la grabación revalidada por la Corte Suprema, la causa pudo reabrirse y llegar, finalmente, a juicio oral en 2024.
La obra sí se hizo, lo que investigó fue cómo
A diferencia de otros casos de corrupción en infraestructura, en Skanska no estuvo en discusión si las obras se ejecutaron: se hicieron, y en tiempo relativamente acotado para la emergencia que las motivó. En el tramo del Gasoducto Norte se construyeron nuevas plantas compresoras en Lumbreras, Lavalle y Deán Funes, repartidas entre Skanska, la firma BTU y la cordobesa Contreras Hermanos. En el Gasoducto Sur, la ampliación quedó en manos de la brasileña Odebrecht, que, según la investigación, se comprometió a subcontratar a Skanska, Techint y la propia Contreras Hermanos para poder quedarse con la obra. Lo que la Justicia determinó, dos décadas después, es que ese reparto de contratos estuvo cruzado por sobreprecios de hasta 152% respecto de lo presupuestado originalmente por las gerenciadoras, y que ese desvío financió, según la sentencia, el pago de comisiones ilegales a funcionarios del Ministerio de Planificación Federal.
El caso Odebrecht, desprendimiento directo de esta misma causa, ya tuvo su propio veredicto hace apenas tres semanas: De Vido fue condenado a tres años de prisión en suspenso, junto al exsecretario de Energía Daniel Cameron y al exsubsecretario de Combustibles Cristian Folgar, por negociaciones incompatibles con la función pública. Entre las dos causas, la ampliación de gasoductos de mediados de los 2000 terminó siendo el capítulo judicial más extenso —y ahora uno de los más resueltos— de la obra pública kirchnerista en materia energética.
Veinte años después, la misma infraestructura vuelve a ser estratégica
Lo que vuelve a este fallo algo más que un cierre judicial es que el propio Gasoducto Norte, la obra que originó todo el escándalo, sigue siendo hoy una pieza central del mapa energético argentino, aunque por razones muy distintas a las de 2005. Durante décadas, ese sistema dependió del ingreso de gas boliviano; pero la caída sostenida de la producción de Bolivia y la consecuente reducción de sus exportaciones a la Argentina obligaron a replantear por completo su funcionamiento. Hoy el Gasoducto Norte atraviesa un proceso de reversión de flujo —para que el gas circule en sentido inverso al histórico y abastezca al NOA con producción nacional en lugar de boliviana—, considerado una de las obras más relevantes del sistema energético argentino de los últimos años.
Parte de esa infraestructura ya fue inaugurada en 2024, aunque la reconversión integral todavía requiere completar obras complementarias y poner en funcionamiento a pleno las estaciones compresoras para alcanzar la capacidad operativa total. La reversión es considerada estratégica para garantizar el abastecimiento de gas de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, y en particular para apuntalar el desarrollo industrial y minero de la región, donde la expansión de la industria del litio depende en buena medida de contar con energía disponible y confiable.
La paradoja no es menor: la misma obra que hace 20 años dio origen al primer gran escándalo de corrupción del kirchnerismo es, hoy, la que debe sostener la próxima ola de inversión minera del norte argentino. La condena de esta tarde cierra, al menos en esta instancia, un capítulo judicial que llevaba dos décadas abierto. El futuro del gasoducto que lo motivó, en cambio, todavía se está terminando de escribir.
