ver más

Con fuerte empuje de minería y energía, Argentina cerró 2025 con un crecimiento del 4,4%

El EMAE mostró una economía que vuelve a expandirse, aunque con impulso concentrado en sectores primarios y estratégicos

El cierre de 2025 dejó señales de reactivación económica en la Argentina, con una dinámica donde los sectores vinculados a los recursos naturales y a la infraestructura energética ganaron protagonismo dentro del esquema productivo. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC mostró que en diciembre la actividad creció un 3,5% interanual y 1,8% frente al mes previo en términos desestacionalizados, con un desempeño positivo explicado principalmente por actividades primarias y servicios financieros.

El indicador, que funciona como una aproximación mensual al desempeño del PBI, reflejó además una variación positiva de 0,3% en el componente tendencia-ciclo, lo que sugiere una recuperación gradual luego de un período de contracción. A nivel acumulado, la economía cerró 2025 con un crecimiento del 4,4% respecto al año anterior, aunque con una marcada heterogeneidad sectorial que dejó en evidencia cuáles son hoy los motores reales de la actividad económica.

Minería crece por encima del promedio y aporta al índice

Dentro de ese escenario, la explotación de minas y canteras registró un avance del 9,1% respecto a igual mes de 2024, ubicándose entre las ramas que aportaron crecimiento al nivel general y mostrando un desempeño superior al promedio de la economía. El dato refleja una continuidad en la expansión del sector extractivo, impulsada tanto por mayores niveles de producción como por la expectativa de nuevas inversiones vinculadas a minerales estratégicos y energía. En el gráfico de incidencias sectoriales del informe, la minería aparece con contribución positiva dentro del EMAE, consolidándose como uno de los segmentos dinámicos junto a la agricultura y la intermediación financiera.

Más allá del resultado puntual de diciembre, la evolución anual del sector muestra que la actividad minera se mantuvo en terreno positivo durante buena parte de 2025, con variaciones interanuales que oscilaron entre el 5% y el 13% en distintos meses del año. Este comportamiento sugiere una base de crecimiento sostenida en actividades vinculadas a la extracción de recursos, en línea con el avance de proyectos metalíferos y energéticos que comienzan a incidir en los indicadores macroeconómicos nacionales.

El rol de la energía dentro del rebote económico

El rubro de electricidad, gas y agua también mostró una evolución destacada, con una suba interanual del 10,7% en diciembre. La mejora evidencia un mayor nivel de actividad en sectores intensivos en energía y la consolidación de proyectos de infraestructura energética que comenzaron a reflejarse en los indicadores macroeconómicos. En conjunto, energía y minería aparecen como componentes relevantes dentro de un esquema de crecimiento que, según el informe oficial, estuvo lejos de ser homogéneo entre las distintas ramas productivas.

En términos sectoriales, el informe señala que once de las ramas que integran el EMAE registraron subas interanuales en diciembre, aunque el mayor aporte al crecimiento provino de agricultura, ganadería y silvicultura, con un alza del 32,2% asociada a una cosecha histórica de trigo. Este dato ayuda a contextualizar el rol de energía y minería dentro del mapa productivo: si bien no lideran el ranking de variaciones, sí se posicionan entre los sectores con desempeño positivo sostenido y con mayor impacto estructural en el mediano plazo.

Industria y comercio todavía frenan la recuperación

El contraste se observa en el desempeño de la industria manufacturera y el comercio, que registraron caídas interanuales del 3,9% y 1,3%, respectivamente, restando impulso al indicador general. Este comportamiento refuerza la lectura de una recuperación económica apoyada en sectores específicos, principalmente aquellos vinculados a la producción primaria, la energía y la intermediación financiera, mientras el consumo interno y la actividad industrial todavía muestran rezagos.

La intermediación financiera, por su parte, mostró un crecimiento interanual del 14,1% y se ubicó entre las actividades de mayor incidencia positiva en el EMAE. Aunque su dinámica responde a factores propios del sistema económico y monetario, su expansión también acompaña procesos de inversión y financiamiento que suelen impactar en proyectos energéticos y extractivos, aportando una capa adicional de lectura sobre el vínculo entre el desempeño macroeconómico y la agenda productiva basada en recursos naturales.

Una economía que empieza a reconfigurar su matriz productiva

Desde una mirada estructural, el EMAE de diciembre sugiere una recomposición del mapa productivo argentino, donde las actividades ligadas a recursos naturales y servicios estratégicos comienzan a ganar peso relativo dentro del crecimiento. La combinación de subas en minería, energía y agricultura contrasta con la debilidad de sectores más asociados al mercado interno, marcando un posible cambio en la composición del crecimiento hacia actividades con mayor perfil exportador y demanda de infraestructura.

Para provincias con agenda minera y energética en expansión, como las del oeste y el norte del país, el dato funciona como una señal macro que acompaña la expectativa de desarrollo de nuevos proyectos y ampliaciones de infraestructura vinculadas al sector. En ese contexto, la evolución positiva de electricidad, gas y agua adquiere especial relevancia, ya que anticipa el rol que tendrán las inversiones en generación, transporte y distribución energética como soporte para el crecimiento de nuevas operaciones mineras y de otras industrias intensivas en energía.

Finalmente, el informe deja abierta una lectura hacia adelante: si bien el crecimiento del EMAE marca un cierre de año positivo, la consolidación de la recuperación dependerá de que los sectores dinámicos logren traccionar al resto de la economía. En ese escenario, energía y minería aparecen no sólo como actividades con buenos indicadores coyunturales, sino como pilares potenciales de una estrategia productiva orientada a la exportación y al desarrollo de infraestructura en los próximos años.