Chancay, el puerto que reabre la disputa estratégica entre China y Estados Unidos en el Pacífico

El megapuerto peruano financiado por capital chino escala en tensión geopolítica tras un fallo judicial que redefine su control y supervisión.

Puerto Chancay Peru

El megapuerto de Chancay, inaugurado en noviembre de 2024 como una de las mayores inversiones portuarias chinas fuera de su territorio, dejó de ser únicamente una apuesta logística para transformarse en un nuevo punto de conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China en América Latina.

Con una inversión inicial cercana a los US$1.300 millones y una infraestructura diseñada para recibir a los mayores buques portacontenedores del mundo, el proyecto busca consolidarse como un hub regional para exportaciones hacia Asia, una ambición que hoy combina disputas políticas, fallos judiciales y cuestionamientos regulatorios.

Infraestructura estratégica en el Pacífico

Ubicado a unos 80 kilómetros al norte de Lima, el terminal portuario multipropósito tiene capacidad para movilizar hasta un millón de contenedores anuales y pertenece en un 60% a la estatal china Cosco Shipping y en un 40% a la minera peruana Volcan Compañía Minera. Desde su puesta en marcha, el puerto se posicionó como una pieza clave dentro de la estrategia comercial china en la región y como un eslabón de la Nueva Ruta de la Seda, orientada a fortalecer los flujos de materias primas sudamericanas hacia Asia.

La escala del proyecto refleja el interés de Beijing por consolidar rutas comerciales más directas con América Latina, particularmente para agilizar la salida de minerales y productos agroindustriales hacia el mercado asiático. Su desarrollo, además, proyecta futuras ampliaciones hasta 2032, con la intención de convertirlo en uno de los principales centros logísticos del Pacífico sur.

Un fallo judicial que reconfigura la supervisión

La tensión política se profundizó tras un fallo del Poder Judicial peruano que redefinió el esquema regulatorio del proyecto. La sentencia limitó las facultades del organismo supervisor Ositrán al considerar que el puerto fue financiado íntegramente con capital privado y no bajo un esquema de concesión estatal.

En consecuencia, la supervisión técnica y operativa quedó en manos de la Autoridad Portuaria Nacional, mientras que Indecopi asumirá el control sobre aspectos de competencia económica. Ositrán, en tanto, solo podrá intervenir en casos excepcionales vinculados a tarifas y bajo condiciones específicas establecidas por la resolución judicial.

Este cambio jurídico no solo impacta en el funcionamiento del terminal, sino que marca un precedente para futuros megaproyectos privados en infraestructura estratégica en la región, al delimitar el alcance del control estatal sobre obras financiadas por capital extranjero.

La reacción de Washington y la respuesta de Beijing

El avance del proyecto encendió alarmas en Washington, que cuestiona el creciente peso chino sobre infraestructuras consideradas estratégicas en el hemisferio occidental. Funcionarios estadounidenses advirtieron que decisiones recientes podrían limitar la capacidad del Estado peruano para supervisar el terminal, señalando que la expansión de capitales chinos en la región puede implicar riesgos para la soberanía económica y logística.

China respondió con firmeza, rechazando las críticas y acusando a Estados Unidos de promover una narrativa “difamatoria” en torno al desarrollo del puerto. El cruce de declaraciones consolidó a Chancay como un nuevo escenario de disputa entre ambas potencias, en un contexto regional marcado por la competencia por recursos naturales y corredores comerciales.

Más allá de la disputa política, el puerto se consolidó rápidamente como una pieza clave en la arquitectura comercial del Pacífico. Durante su primer año de operaciones, habría contribuido entre el 5% y el 10% del crecimiento total de las exportaciones peruanas, reflejando el peso logístico que puede alcanzar dentro de las cadenas de suministro vinculadas a minería, agroindustria y comercio exterior.

Paralelamente, China avanza en negociaciones para conectar el terminal con un corredor ferroviario que atravesaría Brasil hasta el Atlántico, reduciendo en miles de kilómetros la distancia comercial entre Sudamérica y Asia. Este tipo de proyectos refuerza la visión estratégica de Chancay como puerta de salida para commodities sudamericanos, especialmente minerales críticos demandados por el mercado asiático.

Cuestionamientos ambientales y presión regulatoria

El crecimiento del puerto también estuvo acompañado de controversias técnicas. Cosco Shipping Ports Chancay Perú recibió multas por más de US$218.000 por infracciones ambientales relacionadas con la implementación incompleta de sistemas destinados a evitar la erosión costera. Las sanciones se suman a antecedentes laborales previos y reflejan los desafíos que enfrenta el proyecto en materia de cumplimiento ambiental y social.

En este contexto, el puerto de Chancay dejó de ser únicamente una infraestructura logística para convertirse en un símbolo del reordenamiento geopolítico en América Latina. Para China, representa una puerta directa al Pacífico sudamericano y un nodo clave dentro de su expansión comercial global; para Estados Unidos, un recordatorio del avance asiático sobre activos estratégicos en su tradicional zona de influencia.

Mientras avanzan las etapas futuras del proyecto y el debate político continúa abierto en Perú, el terminal se consolida como un punto donde convergen comercio, minería y geopolítica, reflejando las tensiones que atraviesan el nuevo mapa de poder en la región.

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