Capital privado busca reactivar la planta de uranio de Dioxitek y redefinir su modelo de negocio

La iniciativa podría encuadrarse en el RIGI y redefine el esquema de negocio del proyecto de la la planta de uranio de Dioxitek.

dioxitek

Una iniciativa presentada ante el gobierno nacional propone destinar más de US$ 200 millones para completar y poner en funcionamiento la planta de uranio de Dioxitek en Formosa, un proyecto que permanece inconcluso desde hace más de una década. El planteo, impulsado por la firma estadounidense Nano Energy, incluye además la posibilidad de incorporar al país en el mercado internacional de insumos nucleares y podría encuadrarse dentro del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) .

La propuesta contempla la finalización de la Nueva Planta de Uranio (NPU), junto con la adecuación de sus instalaciones para alcanzar condiciones de operación industrial. Esto implica completar equipamiento pendiente, implementar sistemas técnicos y de seguridad, y avanzar en la producción de dióxido de uranio (UO), insumo utilizado por las centrales nucleares argentinas .

De la demanda interna a la inserción internacional

El proyecto no se limita al abastecimiento local. En una segunda etapa, la iniciativa incorpora la construcción de una unidad para transformar dióxido de uranio en hexafluoruro de uranio (UF), componente requerido en el proceso de enriquecimiento. Este paso permitiría orientar parte de la producción hacia mercados externos, en un segmento donde la demanda se mantiene sostenida.

Actualmente, las centrales nucleares del país -Atucha I, Atucha II y Embalse- requieren unas 230 toneladas anuales de dióxido de uranio. La capacidad proyectada de la planta supera ese nivel, lo que abre margen para destinar excedentes a exportación en caso de concretarse la nueva fase del proyecto .

Un cambio de enfoque para un proyecto demorado

El esquema de inversión prevé una asociación entre Dioxitek y Nano Energy. La empresa estatal mantendría la titularidad de la planta y del predio, mientras que el inversor asumiría la financiación, puesta en marcha y operación bajo un esquema de usufructo .

La planta comenzó a construirse en 2014, pero su desarrollo quedó condicionado por demoras y por un diseño inicial que excedía la demanda del mercado local. Con una capacidad estimada en torno a las 500 toneladas anuales de dióxido de uranio, el proyecto enfrentaba un desbalance respecto del consumo interno.

La incorporación de capital privado introduce un nuevo enfoque orientado a resolver esa brecha mediante la apertura de mercados externos. En paralelo, la iniciativa se inscribe dentro de una estrategia oficial que busca dotar al sector nuclear de esquemas de negocio con mayor viabilidad económica y proyección comercial.

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