Apareció el primer cruce real entre Vaca Muerta y Malvinas: un proveedor de VMOS también trabaja para Sea Lion
La neerlandesa Bluewater fabricó las boyas del oleoducto rionegrino y alquila el buque que usará Sea Lion, mientras SLB ya dijo que no licitará en las islas.
Hasta esta semana, la disputa por Malvinas y el boom exportador de Vaca Muerta parecían dos historias que corrían en paralelo sin tocarse. Eso cambió el viernes, cuando se conoció el primer caso concreto de superposición entre ambos mundos: Bluewater Energy Services, la empresa neerlandesa que fabricó las dos monoboyas del Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), es la misma compañía que le alquila a Navitas Petroleum el buque que dará inicio a la producción de crudo en Sea Lion, el yacimiento en disputa frente a las islas. El mismo viernes, SLB —la ex Schlumberger, uno de los mayores proveedores de servicios petroleros del mundo y actor central en Vaca Muerta—salió a comunicar públicamente que no participará en ningún proceso de licitación vinculado a proyectos hidrocarburíferos en el archipiélago. Entre un caso y otro, quedó planteado con nombre y apellido el dilema que el Gobierno viene instalando desde el jueves: elegir entre Malvinas y Vaca Muerta.
El hallazgo sobre Bluewater surgió como derivación de un dato que había pasado inadvertido hasta ahora. Según pudo reconstruirse, uno de los cuatro contratos comerciales que Navitas firmó para poner en marcha la primera fase de Sea Lion corresponde a la empresa neerlandesa, dueña del buque Aoka Mizu, la plataforma flotante de producción, almacenamiento y descarga (FPSO) que operará el yacimiento. Bluewater, fundada en 1978, se especializa justamente en ese tipo de infraestructura offshore —FPSO y sistemas de amarre tipo CALM— y es, a la vez, la misma firma que fabricó las dos monoboyas Turret CALM que en las próximas semanas llegarán a Punta Colorada, Río Negro, para completar el sistema de exportación de crudo del VMOS, el proyecto que impulsa YPF junto a Vista Energy, Pampa Energía, Pan American Energy, Chevron, Shell y Pluspetrol.
Un contrato firmado antes, una superposición después
El contrato entre VMOS y Bluewater para la fabricación de las monoboyas se firmó el 12 de junio de 2025, antes de que existiera cualquier vínculo entre la empresa neerlandesa y el proyecto Sea Lion. Desde el consorcio local remarcaron que, al momento de esa firma, "Bluewater Energy Services (BES) no mantenía relación alguna con empresas vinculadas al proyecto Sea Lion", y que la contratación cumplió con todos los procedimientos de compliance internos y con la normativa vigente. El acuerdo entre Bluewater y Navitas por el uso del Aoka Mizu, en cambio, se conoció recién dos meses después de la decisión final de inversión de Sea Lion, a través de un comunicado a la Bolsa de Oslo fechado el 3 de febrero de 2026: un contrato de alquiler por 12 años, con ocho opciones de extensión anual, que la propia Bluewater estimó le generará un respaldo de ingresos operativos de más de US$650 millones durante todo el período.
El resultado es que, durante un tramo del año, el contrato entre VMOS y Bluewater estuvo técnicamente vigente al mismo tiempo que la empresa neerlandesa cerraba su acuerdo con Navitas para Malvinas. Fue, en los hechos, una superposición temporal entre un proveedor de la principal obra exportadora de Vaca Muerta y uno de los socios comerciales de Sea Lion. Bluewater no figuró entre las primeras 45 personas y empresas alcanzadas por el proceso sancionatorio que el Gobierno anunció el jueves por la noche, aunque tampoco quedó descartada como destinataria de futuras notificaciones: según confirmó el canciller Pablo Quirno, ya se remitieron 180 notas diplomáticas a 29 países para advertir a proveedores de Navitas y Rockhopper sobre el riesgo de nuevas sanciones.
SLB, el primer nombre grande que se bajó
Mientras el caso Bluewater exponía la zona gris entre ambos proyectos, SLB —la compañía que hasta 2022 se llamaba Schlumberger— resolvió la ambigüedad por la vía más directa: un comunicado. "SLB, en atención a lo establecido por Decreto 868/26 del Poder Ejecutivo Nacional, informa que no está participando ni tiene previsto participar en procesos de licitación que tengan por objeto la prestación de servicios para proyectos hidrocarburíferos en las Islas Malvinas, así como en los espacios marítimos circundantes", señaló la firma a través de su subsidiaria local, Schlumberger Argentina S.A.
La definición tiene peso específico porque SLB no es un jugador menor en Vaca Muerta: en marzo de este año firmó un acuerdo con YPF para incorporarse al Instituto Vaca Muerta, orientado a la capacitación de trabajadores en operaciones no convencionales, y mantiene desde 2024 un contrato de completación integrada con Vista Energy, además de otros trabajos de estimulación, perforación e infraestructura de transporte de gas en la cuenca neuquina. Cabe aclarar que, según pudo reconstruirse, SLB —al igual que Halliburton y Weatherford, las otras dos grandes compañías que dominan el mercado de servicios de fractura en Vaca Muerta— ya se había mantenido al margen de Sea Lion antes de este anuncio, por lo que su comunicado funciona más como una ratificación pública de esa distancia que como un cambio de estrategia.
El decreto firmado por Milei la noche de la cadena nacional no crea sanciones nuevas: reglamenta la aplicación de la Ley 26.659, sancionada en 2011, bajo la cual ya habían sido inhabilitadas tanto Rockhopper (Resolución 133/2012 y 456/2013) como Navitas (Resolución 240/2022). Lo que sí incorpora es una ampliación del universo alcanzado —ahora incluye explícitamente a accionistas, directores y proveedores de las empresas sancionadas, con penas de entre 5 y 20 años de inhabilitación— y una declaración jurada obligatoria para acceder al RIGI, en la que las empresas deberán certificar que no incurren en actividades vinculadas a explotaciones no autorizadas en la plataforma continental. El Gobierno también anticipó el envío al Congreso de un proyecto de ley para extender ese esquema sancionatorio a los proveedores, aunque el texto todavía no fue difundido.
La pregunta de fondo: si el proyecto es rentable
Detrás de la disputa diplomática y del entramado de proveedores hay una variable que empieza a ganar peso en el análisis del sector: la ecuación de costos de Sea Lion es, de por sí, mucho más ajustada que la de cualquier desarrollo en Vaca Muerta. Perforar un pozo en la cuenca neuquina cuesta entre US$10 millones y US$20 millones; un pozo offshore como los que exige el proyecto en Malvinas ronda entre US$70 millones y US$140 millones, hasta 14 veces más. El economista Daniel Montamat, ex secretario de Energía y ex presidente de YPF, resumió el problema: "Como vienen dados los precios internacionales, que ya son muy fluctuantes, si bajan y suben los costos, por lejanía, zona de conflicto, no hay renta para apropiar y repartir. La explotación se vuelve no rentable".
El dato no es menor en el contexto actual: el barril de Brent cerró el viernes en torno a los US$95, después de haber estado cerca de los US$70 a mediados de año, cuando el acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz habían calmado al mercado. Antes de esa tregua, los contratos a futuro llegaron a proyectar un escenario de apenas US$55 el barril, un nivel que —según análisis del propio mercado difundidos en junio— ya ponía en duda la rentabilidad de varios desarrollos en curso en la propia Vaca Muerta. Para Montamat, esa volatilidad ayuda a explicar "la dura posición negociadora de largada que se ha establecido" desde el Gobierno argentino.
Restan, de todos modos, varios interrogantes abiertos. El primero es si Bluewater terminará recibiendo una notificación formal de la Cancillería, algo que hasta el cierre de esta nota no había ocurrido según los registros oficiales revisados. El segundo es si VMOS deberá revisar sus propios procesos de compliance para futuros contratos, a la luz de esta primera superposición conocida. Y el tercero, quizás el más relevante para el resto de las operadoras de Vaca Muerta, es si otras empresas con negocios simultáneos en ambos frentes seguirán el camino de SLB —una definición pública y unilateral— o esperarán una notificación oficial antes de pronunciarse. Los otros tres contratos que Navitas firmó para poner en marcha Sea Lion —perforación, servicios de terminación e infraestructura submarina— todavía no tienen contraparte pública confirmada, así que la lista de nombres cruzados entre Malvinas y Vaca Muerta podría no haberse cerrado con el caso Bluewater.
